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Trump y Carlos de Inglaterra recurren a la pompa para reencauzar la relación bilateral

La alianza entre Europa y Estados Unidos es “más importante hoy que nunca”, ha asegurado el rey británico en el Congreso estadounidense, al defender el papel de la OTAN y la ayuda a Ucrania

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Así ha sido la llegada de Carlos III a la Casa Blanca
El rey Carlos de Inglaterra y su esposa, la reina consorte Camilla, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y la primera dama, Melania, este martes en la Casa Blanca.Foto: Kevin Lamarque (REUTERS) | Vídeo: EPV

Nada como un poco de pompa y circunstancia para sanar las heridas en una relación bilateral, la de Londres y Washington, muy tocada en los últimos meses. La fórmula, desde luego, parece infalible cuando se trata de congraciarse con el presidente estadounidense, Donald Trump, y al otro lado se encuentra la monarquía británica. Después de meses de imprecaciones contra el primer ministro Keir Starmer y su Gobierno, y de amenazar la semana pasada incluso con reconocer la soberanía de Argentina sobre las Islas Malvinas, este martes el republicano ha tenido palabras muy cálidas hacia los lazos bilaterales al dar la bienvenida formal a la Casa Blanca al rey Carlos de Inglaterra y a su esposa, Camila, en el segundo día de la visita de Estado del matrimonio real. Pero junto a los fastos, el soberano británico ha portado un claro mensaje a un Trump desdeñoso hacia los socios europeos: la alianza transatlántica entre Estados Unidos y Europa “es hoy más importante que nunca”.

Hubo, ciertamente, derroche de pompa y oropeles este martes en la capital estadounidense. El broche de oro lo representó el discurso de Carlos III de Inglaterra ante las dos cámaras del Parlamento estadounidense en el Capitolio, la primera vez en que un monarca británico se dirigía a los legisladores de las antiguas colonias desde 1991, cuando lo hizo su madre, Isabel de Inglaterra.

Ante una Cámara de Representantes atiborrada de congresistas y senadores, en una sesión encabezada por el vicepresidente, J. D. Vance, y el presidente de la Cámara baja, Mike Johnson, el rey reivindicó el carácter “irremplazable e irrompible” de la relación: “Sus raíces son profundas, y siguen siendo fundamentales”.

“La esencia de nuestras dos naciones es la generosidad de espíritu y el deber de fomentar la compasión, promover la paz, profundizar el entendimiento mutuo y valorar a todas las personas, de todo tipo de creencias, o de ninguna”, subrayó el monarca.

Carlos III no rehuyó las diferencias que enfrentan a la Administración de Trump con el Reino Unido, desde la lucha contra el cambio climático a la necesidad de defender los derechos humanos en el mundo, pasando por el apoyo a Ucrania frente a la invasión rusa y las acusaciones de Trump de falta de solidaridad del resto de los países miembros de la OTAN con Estados Unidos. El rey recordó que, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el Reino Unido y el resto de aliados respondieron a la única vez en la historia de la Alianza en que se ha invocado el artículo 5 de defensa mutua: “Como hemos hecho durante más de un siglo, hombro con hombro, en dos guerras mundiales, en Afganistán, en Irak”, incidió.

Los agasajos y los oropeles ya había comenzado en la ceremonia oficial de recepción en los jardines de la Casa Blanca, bajo un cielo gris y una ligera llovizna de clásico “tiempo británico”, como bromeó Trump. Las banderas de los dos países ondeaban en las calles en torno a la residencia presidencial. Una banda militar interpretó los himnos nacionales respectivos. Una salva de 21 cañonazos saludó al soberano y su esposa, la reina Camila. Carlos de Inglaterra y Trump pasaron revista a las tropas, vestidas en uniforme de gala.

Tras semanas de invectivas contra el Gobierno de Starmer, un Trump visiblemente complacido tendía una rama de olivo, al menos en público, en un discurso notable por su contención, sus guiños a la historia y cultura compartidas entre los dos países y su relativa brevedad: 12 minutos sin apenas improvisaciones, una rareza para un político al que le gusta verbalizar su flujo de conciencia y suele sobrepasar los tiempos previstos para sus declaraciones públicas.

“Antes de que los estadounidenses tuvieran una nación o una Constitución, tuvimos primero una cultura, un carácter y un credo. Antes siquiera de proclamar nuestra independencia, los estadounidenses portábamos con nosotros el regalo más precioso, la valentía moral. Y provenía de un pequeño pero poderoso reino allende el mar”, apuntó el presidente en su discurso de bienvenida.

El mandatario, que siempre ha reconocido su debilidad por la familia real británica, recordó también la devoción de su madre, escocesa de las islas Hébridas —“la Escocia dura”—, por los royals, especialmente por la reina Isabel II, madre del actual monarca, y por el propio Carlos III. “Le parecía monísimo… tenía una especie de flechazo hacia él”, recordó con afecto.

Más tarde llegaría el intercambio de regalos entre los dos jefes de Estado y sus parejas. Un canje que acentuaba el mensaje común que ambas partes querían subrayar: el de la unidad y la historia compartida, cuando Estados Unidos conmemora el 250 aniversario de su independencia.

Esa “relación especial” de la que los sucesivos gobiernos respectivos les gusta hacer gala pero que se ha visto puesta a prueba una y otra vez en los últimos meses. Hasta el punto de que unas declaraciones filtradas del actual embajador británico en Washington, Chris Turner, durante un acto privado, mencionan que hoy por hoy la única “relación especial” de Estados Unidos es “con Israel”.

Carlos III obsequió a Trump un facsímil de los planos para la fabricación en 1879 del pupitre Resolute, el que han utilizado generaciones de presidentes estadounidenses en el Despacho Oval, fabricado con la madera del buque explorador británico del mismo nombre y que la reina Victoria regaló al entonces presidente estadounidense Rutherford Hayes en 1880. A su vez, el inquilino de la Casa Blanca entregó al rey británico una carta en la que uno de los padres fundadores de Estados Unidos, John Adams, describe su experiencia y sus emociones como primer embajador del nuevo país ante la corte de San Jaime en 1785.

El soberano británico y la reina consorte habían aterrizado el lunes en Washington con una misión: reencauzar los deteriorados lazos bilaterales, fundamentales para un Londres que recuerda que ambos países comparten vínculos comerciales por valor de 430.000 millones de dólares (367.000 millones de euros) y más de un millón de ciudadanos de los países respectivos trabajan para empresas del otro. Bajo el mandato de Trump, y tras un primer momento de aparente gran sintonía entre el presidente y Starmer, las tensiones habían ido en aumento, hasta dispararse a raíz de la guerra en Irán.

La resistencia británica a colaborar en una coalición para reabrir el estrecho de Ormuz, y el acuerdo de Londres para devolver a la isla Mauricio la soberanía del archipiélago de las Chagos —donde la base militar de Diego García es fundamental en la estructura de defensa global estadounidense— convirtieron al primer ministro laborista en el gran blanco de la ira generalizada del presidente republicano contra los aliados europeos; solo el Gobierno español ha sido objeto de mayores amenazas y comentarios despectivos. “No es precisamente Churchill”, declaró Trump sobre Starmer.

El ataque más reciente llegó la semana pasada, cuando en un mensaje en redes sociales amenazó con cambiar la política estadounidense sobre las Islas Malvinas (para el Reino Unido, que las controla, son las islas Falkland) y reconocer la soberanía argentina, 44 años después de la guerra que enfrentó a Londres y Buenos Aires por el archipiélago austral.

Medidas de seguridad

La visita de Carlos III y su esposa se desarrolla en medio de un fuerte escrutinio de las medidas de seguridad, tras el aparente intento de atentado contra Trump y miembros de su Administración el sábado por la noche durante la cena anual de corresponsales de la Casa Blanca en el hotel Hilton en Washington.

La visita de Estado de Carlos y Camila continuará el miércoles con un desplazamiento a Nueva York para rendir homenaje a las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001 y una reunión con el alcalde de la ciudad, Zohran Mamdani. Concluirá el jueves, tras una visita del soberano británico, un activo defensor de la naturaleza a lo largo de su vida, a uno de los parques naturales del Estado de Virginia.

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