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Tribuna:

Comunicación y religión

La prensa española, salvo contados periódicos que o bien se declaran abiertamente confesionales (cadena Editorial Católica) o permanecen todavía sumidos en la defensa de una fuerte tradición católica (Abc, Vanguardia), no informa sobre el hecho religioso con la profusión con que solía hacerlo en tiempos del franquismo. Esto quiere decir, aun con peligro de simplificar demasiado, que al pueblo español ya no le interesan tanto las noticias religiosas, que los lectores ya no demandan tales noticias, que la sociedad española se ha secularizado progresivamente y que, en definitiva, la religión se ha desplazado de la esfera de la vida pública al coto de la vida privada, su verdadero terreno.En las nuevas circunstancias, los medios de comunicación, fundamentalmente los que se conciben como independientes y agnósticos, prestan al hecho religioso y no sólo al derivado de la práctica de la religión católica, sino también al de otros grupos religiosos minoritarios- únicamente la atención que pueda merecer como fenómeno sociológico, antropológico o cultural.

Bajo esta última perspectiva, lade las acciones emanadas de la organización-institución, que obra según tinos intereses bien concretos, ya no sólo de naturaleza intelectual y humanitaria, sino también movida por fines materiales, cabe preguntarse por el sentido que pueden tener las más de setecientas revistas de carácter religioso que pertenecen a la jerarquía o entran directamente en el área de su influencia, y de los periódicos españoles que se dicen entroncados en la confesionalidad.

Está claro que la Iglesia española, con este potencial de medios que le permiten actuar como una empresa de concentración de comunicación organizada, si no como industria, al menos como ideología o postura fundamental ante los hechos sociales, puede influir de una manera decisiva en la presentación del hecho religioso al público y sobre todo en la interpretación de otra serie de temas básicos hoy en el proyecto de convivencia nacional, como la aconfesionalidad, divorcio, anticonceptivos, aborto, enseñanza laica, temas todos ellos que colisionan, a veces frontalmente con la religión.

¿Puede decirse después de todo que el marco de influencia de la Iglesia es escaso?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 18 de junio de 1978