Ante una sociedad democrática
En la sociedad moderna habría mucha más seguridad si la policía se dedicase sólo a vigilar a los ladrones y asesinos y a perseguir el robo y el crimen; si se emplease en vigilar y capturar a los elementos antisociales que negocian con drogas; si se defendiese a la población contra las agresiones de bandas, que se hacen cada vez más frecuentes; si vigilasen carreteras para cortar infracciones al Código de la Circulación, evitando más eficazmente los innumerables accidentes que cada fin de semana causan centenares de muertos y heridos; si las fuerzas de policía estuvieran en un contacto más próximo con la población y sus problemas.Pero, ¿qué necesidad tiene la sociedad de vestir de marcianos a miles de policías para lanzarlos con modernos medios represivos contra huelguistas o manifestaciones populares? ¡Que los gobernantes se habitúen a ver manifestaciones reivindicativas y a recibir en sus despachos a las comisiones que éstas designen para discutir con ellos! ¡Que se habitúen a dialogar con el pueblo, a escucharle y a rectificar incluso sus decisiones! ¡Que el Poder no se sienta por encima de la sociedad!
¡Que los patronos negocien con los obreros directamente; que dejen a un lado la arrogancia que les proporciona saber que puedan imponer sus dictados con el apoyo de la fuerza pública!


























































