Más de cincuenta grupos o partidos presentan candidatos
Durante una semana, el futuro inmediato francés será una interrogación llamada desistimiento de votos, y cuya clave sólo la conocen los comunistas, de quienes depende, en apariencia al menos, el éxito o el fracaso de la oposición. Además de las cuatro grandes fuerzas políticas que van a dirimir la batalla decisiva en las urnas (socialistas, comunistas, gaullistas y giscardianos) existen un cúmulo de formaciones minoritarias dentro del abanico político galo que, por separado, ninguna ejerce influencia sensible en el electorado, pero que en un escrutinio extremadamente cerrado, los votos de alguno de estos grupos, de extrema izquierda y ecologistas particularmente, pueden decidir la elección de algunos diputados que determinarían finalmente el triunfo definitivo de la derecha o de la izquierda.Diferencia Homosexual; Unión de los Usuarios de los Servicios Públicos y de los Contribuyentes Unión de los Franceses con Sentido Común; Movimiento Débil para la Defensa Energética del Bienestar, de los Individuos, del Ocio; Geniocracia Nueva, partidaria de que sólo voten los seres dotados de una inteligencia superior; La Condición Masculina; Movimiento por la Defensa de la Pereza, etcétera.
Las hay de todos los gustos. Unas son serias y otras van en bromas, pero las clasificaciones oficiales resuelven el problema incluyéndolas todas en la categoría de diversas.
Así, existen algunas tan originales que sólo cuentan con ocho reclutas, uno de ellos fascista y los otros antimilitaristas, como miembros del partido. Pero las más son de signo extremista, a la derecha o a la izquierda, incluso de centro.
En total son más de medio centenar de formaciones o de individuos que se han constituido en grupo, van a pleitear en las urnas el próximo domingo al margen de la banda de los cuatro, que, según vienen anticipando los sondeos, polariza al 91 % aproximadamente del electorado francés. El nueve restante se lo reparten estos partidos, marginales los unos, marginados los otros y, en todo caso, minoritarios, pero que en algunos casos concretos representan ideas, programas o aspiraciones del ciudadano que las grandes fuerzas políticas no han sabido recuperar sino a medias.
En las 491 circunscripciones del territorio francés y de sus posesiones transoceánicas, van a postular un escaño en la nueva asamblea nacional 4.301 candidatos. De ellos, 1.122 corresponden a estos partidos minoritarios.
La extrema izquierda es la más numerosa en el concierto electoral: Lucha Obrera, trotskista, el partido de la que fue candidata a la presidencia de la República en 1974, Arlette Laguillier, ha lanzado 470 candidatos en la campaña, y, entre ellos, a la más joven aspirante de la competición Josete Chauvet, veintitrés años: candidata por Nantes.
El Partido Socialista Unificado (PSU), con otros grupos no violentos y ecologistas ha creado el Frente Autogestionario y presenta 250 candidatos. La Liga Comunista Revolucionaria (LCR), del también ex candidato a la presidencia, Alain Krivine, con varios movimientos revolucionarios, ofrece otros 250 posibles diputados.
Estas dos últimas alianzas defenderán sus programas en la primera vuelta, pero invitarán a votar por los comunistas en la segunda, contrariamente a la formación de la señora Laguillier, y a otros grupos marxistas leninistas, que no confían ni en Marchais, ni en Mitterrand, y pedirán la abstención a sus electores.
La extrema derecha estará representada por el Partido de Fuerzas Nuevas (PFN) y por el Frente Nacional (FN). El feminismo francés ha cristalizado en el movimiento choisir, dirigido por la célebre abogada, próxima al Partido Socialista, Gisele Halimi, que se presenta en París. Cien candidatas predican por toda Francia el «programa común de las mujeres, resaltando que «no somos marginales, excitadas o absurdas, sino el 52% del electorado».
Los ecologistas, divididos desde hace varios meses, han conseguido a última hora una plataforma común, Ecología 78, que presenta 170 candidatos y que preconiza la abstención.
El Movimiento de los Demócratas (MD), del que fue ministro de Asuntos Exteriores del fallecido Georges Pompidou, Michel Jovert, intenta esta vez irrumpir en la escena política partidista y convencer a los franceses de que la bipolarización no es cosa ni buena ni nueva.
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