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Los asaltantes estaban aún en la casa cuando se produjo la explosión

Sobre las nueve menos cuarto de la mañana de ayer fueron asesinados en su domicilio de Barcelona el ex alcalde de la Ciudad Condal y ex-miembro del Consejo del Reino Joaquín Viola Sauret y su esposa, Montserrat Tarragona Corbellá, hermana del ex procurador en Cortes Eduardo Tarragona. El asesinato, originado mediante un artefacto explosivo colocado en el cuerpo del señor Viola, guarda una similitud extrema con el que tuvo por víctima al industrial barcelonés José M. Bultó Marqués, acaecido el pasado 9 de mayo.

Un cuarto de hora antes de la comisión del crimen, tres chicos jóvenes y una muchacha, que aparentaban una edad que oscilaría, según fuentes policiales, alrededor de los veinticinco años, llamaron a la puerta del domicilio del ex alcalde de Barcelona. Todos ellos iban provistos de armas cortas, con las que amenazaron a las personas que estaban presentes en la casa: el matrimonio Viola-Tarragona; el hijo de ambos, Joaquín; la prometida de éste, de nombre Yolanda, y la chica de servicio.Bajo la amenaza de las armas, los ocupantes del piso fueron encerrados en una habitación y mantenidos bajo vigilancia, mientras que el señor Viola era conducido a otra sala del mismo piso. Los asaltantes no se preocuparon en aquellos momentos, según fuentes policiales, de ocultar totalmente sus rostros. Algunos llevaban pasamontañas y otros jersey de cuello de cisne, subido -tal sería el caso de la chica-, pero en momentos concretos mostraron su rostro de forma más o menos plena.

Quince minutos después de haber separado al señor Viola de sus familiares y de la chica de servicio, los asaltantes condujeron a la esposa de aquél junto a su marido, a quien en aquellos momentos estaban colocando un explosivo sujeto a su cuerpo mediante tiras adhesivas y un correaje, de forma idéntica a como, en su día, habían procedido losasesinos del señor Bultó.

Huyeron por el paseo de Gracia

Instantes después se oyó una fuerte explosión, y acto seguido los asesinos emprendieron una rápida huida, a pie, por el muy céntrico paseo de Gracia, donde se encuentra el domicilio asaltado.

El artefacto, cuyos restos estaban siendo examinados anoche por peritos judiciales, era de potencia inferior al que mató al señor Bultó, si bien las piezas halladas eran, según la policía, «idénticas». No obstante, siempre según fuentes policiales, la explosión decapitó al ex alcalde de Barcelona e hirió mortalmente en la cabeza a su esposa. Fuentes directas señalaron que el estado en que quedaron los cadáveres era «atroz».

Antes de la explosión, los asesinos dejaron un folio mecanografiado con instrucciones concretas sobre los cuidados que debían tenerse con el artefacto explosivo, al tiempo que reclamaban formalmente una suma de dinero y exponían el procedimiento a seguir para hacer entrega del mismo. El jefe superior de Policía de Barcelona manifestó a EL PAÍS que dicho escrito no contenía criterios de orden político. La misma fuente indicó que la explosión podría haber sido debida a un defecto del ingenio explosivo o a una mala colocación del mismo, precisando que, en cambio, no podía ser debida a un posible intento del señor Viola de arrancarse la bomba, ya que en tal caso la explosión habría destrozado sus manos, cosa que no se produjo.

Es, en efecto, sorprendente -y un hecho diferenciador con el atentado del señor Bultó- que la explosión se produjera estando presentes en el piso los asaltantes. Esta presencia en aquel mismo momento fue perfectamente comprobada por el hecho que los familiares del matrimonio asesinado pudieron ver cómo uno de los criminales tenía sangre en el rostro, con toda probabilidad procedente de los asesinados, si bien existía la posibilidad de que la explosión le hubiese herido.

Hablaban catalán y castellano

Antes de huir, los asaltantes propinaron un golpe en la cabeza a la chica de servicio, originándole heridas leves. EL PAÍS supo que alguno de los asaltantes se expresó en lengua catalana, pero otro lo hizo en lengua castellana. Al parecer, no expresaron en ningún momento criterios de tipo político, si bien había anoche en Barcelona plena coincidencia de criterios respecto a que se trataba de un atentado terrorista con la finalidad de recaudar fondos para el grupúsculo organizador. Las referencias al asesinato del señor Bultó eran, en este y en otros sentidos, sistemáticas.

Poco después del atentado, todas las autoridades catalanes acudieron al domicilio de los esposos asesinados. Hicieron acto de presencia el capitán general de la IV Región Militar, el presidente de la Generalitat, el gobernador civil, el alcalde de Barcelona y restantes autoridades.

EL PAÍS supo que en Lérida, ciudad de donde era originario Joaquín Viola, se produjo una sorprendente detención, sin que la policía local expusiera los motivos de la misma. Afectó a un ex militante del Partido del Trabajo de España, Jaime Ponti Ponts, de veinticuatro años, de quien no existía la más leve sospecha de que pudiera estar implicado en actos de terrorismo. No obstante, el hecho que la policía no facilitara lo! motivos de su detención y que el detenido fuese trasladado a Barcelona originó todo tipo de conjeturas, que hay que acoger con todo género de reservas.

Desmentido del PCE (i)

Por su parte, el Partido Comunista de España (internacional) desmintió toda participación en el crimen, la cual le había sido atribuida por una llamada, presuntamente efectuada por un militante anarquista, a Radio Nacional de España en Barcelona.

Fuentes policiales señalaron que veían la resolución del caso con un cierto optimismo, ya que «ofrecía menos dificultad, en principio, que el asesinato del señor Bultó». En la resolución del atentado no cabe duda que la existencia de testigos presenciales es un hecho de singular utilidad. Fue por este camino como se produjeron, en su día, detenciones relacionadas con el atentado a aquel industrial.

Finalmente, es de indicar que al mediodía de hoy tendrá efecto el entierro de los esposos Viola, en Barcelona. El Gobierno estará representado por el ministro del Interior, Rodolfo Martín Villa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 26 de enero de 1978

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