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Regresaron los etarras extrañados

Diez etarras extrañados de España el pasado mes de junio reaparecieron ayer en Durango (Vizcaya), para sumarse a la Marcha de la Libertad que estos días recorre el País Vasco. Su aparición en público tuvo lugar a las ocho de la tarde, en el patio del colegio de los jesuitas de la localidad vizcaína, donde se habían concentrado los componentes de cinco columnas de la Marcha En un clima de gran emoción, los etarras cantaron ante los integrantes de la Marcha el Euzko Gudariak y a la hora de cerrar esta edición, las autoridades no habían tomado ninguna decisión sobre su presencia en España. «Creo que imperará la razón manifestó al respecto Juan María Bandrés, abogado defensor de muchos de ellos.

Los extrañados que ayer hicieron acto de presencia en Durango fueron Mario Onaindia, Jokin Gorostidi, Eduardo Uriarte. Xabier Larena y Unai Dorronsoro, últimamente residentes en Bruselas: Xabier laco de la Iglesia y José Ignacio Múgica, Ezquerra, que estaban en Oslo: José Menchacatorre y José Ignacio Egaña llegados desde Viena y José Agustín Acheaga, procedente de Copenhague.

Según sus primeras declaraciones, hicieron su entrada en España el pasado miércoles, y a lo largo de la mañana de ayer unos a través del monte y otros por los puestos fronterizos.

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Regreso de los etarras extrañados-

Juan María Bandrés abogado, senador por Euskadiko Ezkerra, hombre a quien se debe gran parte del éxito de la negociación con el Gobierno para la liberación de los presos vascos, se mostraba emocionado. «Su aparición me ha sorprendido. ¿Qué puede pasar con los vascos en Euskadi? Para ser consecuente hasta el final, la verdad es que a nadie se le puede impedir una vez puesto en libertad que regrese a su tierra, a su casa. Yo pienso que imperará la inteligencia política y no pasará nada raro.» Hasta conocer la decisión del Gobierno sobre su presencia en España, los etarras permanecerán en lugar desconocido. Nada más terminar su intervención —serian las diez menos cuarto de la noche—, los extrañados y Monzón desaparecieron en un abrir y cerrar de ojos entre el tumulto. La fuerza pública no hizo acto de presencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 22 de julio de 1977

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