Para el señor Garrigues,
«la Iglesia ha permitido que trascienda a su acción social su propia crisis interna, y él resultado es -sin exagerar demasiado- un caos admirable». No diría yo que la Iglesia «ha permitido», sino más bien que su crisis interna, indiscutible, viene en gran parte motivada por lainteracción Iglesia -sociedad en la que se inserta su ixacción social».Para el señor Garrigues, «la crisis del capitalismo'y la crisis de la Iglesia católica tienen mucho en común, y sería ilógico que en la coyuntura actual se convirtieran en enemigos írreconciliables». ¿Ilógico por qué? No creo que su «Compromiso histórico» con el capitalismo impida a la Iglesia revisar algún día sus opciones institucionales. Al fin y al cabo, un sistema socioeconómico es un medio al servicio de la sociedad, y la Iglesia tiene derecho a cuestionarse si tal medio ha servido de la mejor manera posible para humanizar el mundo en que vivimos.
Piensa además el señor Garrigues que «la economía de mercado es el más eficaz y humano de todos los sistemas económicos y el único que asegura la libertad política». Tal afirmación, que tiene el valor de su pragmatismo y que no deja de ser un buen reclamo político, no creo deba ser asumida por la Iglesia.
Y en todo caso, no se olvide que la Iglesia -oficialmente al menosno se ha proclamado hasta ahora socialista: se ha limitado a criticar la estructura capitalista en que vivimos y a dejar libertad (?) a sus miembros para que busquen una alternativa mejor.
Por último, no deja de ser chocante que el señor Garrigues sólo ofrezca dos alternativas a la Iglesia: o apoyar al capitalismo para que ambos superen conjuntamente la crisis, o -como dirá en el segundo artículo de la seria («La política y la Iglesia católica»)-, «concentrarse en devolver a los cristianos la espiritualidad perdida».
¿No resulta esta postura ya excesivamente interesada?
Teólogo-Economista
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