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CARTAS AL DIRECTOR

Las preguntas de una madre

El día 1 de mayo (día de la madre, según el comercial slogan), mi hijo mayor, de dieciséis años de edad, no llegó a casa a almorzar a la hora de costumbre. Esperé. Al fin me puse al teléfono: centros asistenciales, comisarías. Al fin, en una de estas últimas me dijeron que mi hijo se hallaba allí detenido. Acudí a ella en compañía de mi marido. El comisario se mostró amable y comprensivo. Nos dejó hablar con mi hijo durante cinco minutos. He de hacer constar que mi hijo no pertenece a ningún grupo político. Había salido aquella mañana a pasear con un amigo y se vio envuelto en la calle, una calle en la que no era de esperar que hubiese manifestaciones ni algaradas. En una carga de la policía buscó refugio en el interior de una casa y allí fue detenido y golpeado. Alguien, en la comisaría, nos dio a entender que nuestro hijo era un elemento peligroso, agresor de la fuerza pública, autor de no sé cuantos desmanes, etcétera (luego comprobamos, se lo aseguro, que todo aquello era pura mentira). No pudimos leer lo que había declarado nuestro hijo, ni se nos tomó declaración, ni pudimos alegar nada. Le vimos salir de la comisaría, esposado, hacia un furgón, hacia la Dirección General de Seguridad.Desde luego, ni hablar de que pudiese intervenir un abogado.

Y luego, la habitual odisea de tantos padres y tantas madres: nadie informa en los centros oficiales de lo que ha sucedido, imposible comunicar con el hijo, nadie se preocupa de informar a los padres de lo que le ha sucedido al hijo (no importa que éste sea menor de edad), frialdad, malos modos y, de vez en vez, un gesto cordial y amable. Tres días de zozobra, de angustía. Amistades que intervienen. Las eternas « recomendaciones » españolas. En fin, detallar todo esto excedería su paciencia y la hospitalidad de su periódico.

Mi hijo ha salido libre, con el cuerpo cubierto de hematomas y, ¿por qué no decirlo?, con el pecho lleno de odio. ¿Por qué?

¿Por qué tanta falta de humanidad? ¿Por qué, si se trata de un menor, no se avisa inmediatamente a los padres, que somos los responsables? ¿Por qué no se nos pide informar? ¿Por qué tanta absurda y cruel, inhumana, ilegalidad? ¿Por qué, por una parte, mi hijo es considerado como un ser humano en vías de formación y que precisa aún de la protección y el apoyo de los mayores y por qué algunos de esos mayores, cegados por la cólera, sin avenirse a razón, le golpean, le acusan de algo que no saben con seguridad si es cierto o no, le encarcelan, le, tratan como al peor de los criminales? ¿Por qué tanta injusticia? ¿Por qué tanto dolor, tanta angustia inútil? ¿Por qué tanta siembra de odio?

Inolvidable primero de mayo de 1977, «día de la madre». Día inolvidable para tantas madres españolas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 11 de mayo de 1977