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El atentado de la calle Atocha

La capilla ardiente se instalará hoy en el Colegio de Abogados

Los cadáveres de los abogados asesinados en el despacho laboralista de Atocha, 55, en Madrid, serán trasladados hoy a las trece horas a la sede del Colegio de Abogados de Madrid, en donde se instalará la capilla ardiente. El entierro de las víctimas se celebrará a las cuatro de la tarde desde el Palacio de Justicia, donde se encuentran las dependencias del Colegio. Este acuerdo ha sido adoptado tras una intensa negociación, que se ha prolongado a lo largo de la tarde de ayer, en la que han intervenido Antonio Pedrol, decano del Colegio madrileño de Abogados, y los señores Ruiz-Giménez y Tierno Galván, dirigentes de la Oposición democrática y miembros del Colegio.El señor Pedrol intentó ponerse en contacto con el presidente del Gobierno, señor Suárez, sin que se haya confirmado dicho contacto y, si tuvo lugar, en qué términos se produjo. Sin embargo, sí se ha confirmado la entrevista manten¡da ayer por los señores Ruiz-Giménez y Tierno Galván con e presidente del Gobierno.

Este asunto parecía resuelto a mediodía de ayer. A esa hora, el señor Pedrol anunció a unos seiscientos abogados reunidos en el salón de actos del Colegio de Abogados que la capilla ardiente sería instalada en una de las salas del Colegio y que el entierro partiría a las cuatro de la tarde del día siguiente, es decir de hoy, desde la sede de la Corporación, En dicha reunión, el señor Pedrol, tras manifestar que el atentado contra los nueve abogados constituía un «asesinato vergonzoso», declaro que el mismo no había sido dirigido contra un grupo, sino contra la entera colectividad de los abogados. Manifestó igualmente que había exigido una autopsia realizada con las máximas garantías, para poder aportar el mayor número de pruebas en la investigación judicial de los hechos. Anunció que el Colegio de Abogados en cuanto Corporación había decidido personarse en las diligencias judiciales abiertas para esclarecer los hechos y que pondría todos los medios a su alcance para que los culpables fueran hallados.

Poco después, la junta de gobierno del Colegio de Abogados, después de una reunión previa, hizo pública una nota en la que, tras recordar una declaración del Consejo General de la Abogacía hecha a principios de diciembre pasado sobre los continuos ataques a abogados, inspirados por el propósito de coartar su función de defensa o de ejercer represalias por haberla cumplido, se precisa que «desgraciadamente, y a pesar de nuestra advertencia, tres abogados han sido vilmente asesinados en su despacho profesional y tenemos angustiosamente por la suerte de otros cuatro». La nota seguía afirmando: «El Colegio de Abogados recibirá los restos de estos compañeros, muertos en acto de servicio, en capilla ardiente y el entierro será presidido por los familiares y por la junta de gobierno». La nota finalizaba con estas palabras: «En estas horas de dolor para nosotros nos creemos obligados a hacer constar que solamente una demostración decidida de la voluntad de las autoridades encargadas de la persecución del crimen puede permitir dar el ejemplo a la sociedad española de que la legalidad y el respeto a los derechos de los ciudadanos no pueden violarse impunemente.»

A primeras horas de la tarde, el señor Pedrol se reunió nuevamente en el salón de actos de la Corporación con los abogados, cada vez más numerosos, que iban acudiendo a la sede del Colegio. El decano anunció que el ministro de la Gobernación había decidido prohibir la instalación de la capilla ardiente en una de las salas de la Corporación, «porque tenía noticias fidedignas de que se iban a producir violencias de imprevisibles consecuencias».

El señor Pedrol declaró que había manifestado al ministro su total desacuerdo con la medida y que, de mantenerse ésta, se vería obligado a acusar públicamente de que quienes «han sido incapaces de impedir la muerte de nuestros compañeros, han sido capaces, sin embargo, de prohibir el que sus compañeros les rindan homenaje».

Numerosas coronas

A la vez que se producían estas reuniones, los abogados seguían acudiendo a la sede del Colegio. También se ha observado la presencia de algunos dirigentes de la Oposición. A media tarde comenzaron a llegar numerosas coronas mortuorias de asociaciones de vecinos y de amas de casa, de despachos de abogados y de partidos políticos. Una decía: No te lo merecías; otra: Tus alumnos, y una tercera: A nuestros compañeros asesinados. Por su parte, la Sala de Gobierno del Tribunal Supremo decidió declarar inhábiles a efectos judiciales los días de ayer y de hoy, y poner a media asta la bandera que ondea en la fachada principal del Palacio de Justicia, edificio en el que se encuentran las dependencias del Colegio de Abogados.

A media tarde comenzaron a llegar hasta el edificio del Palacio de Justicia, situado en la plaza de la Villa de París, numerosas personas, en su mayor parte trabajadores, que poco tiempo después alcanzaron la cifra de varios centenares. Para impedir su entrada, la policía que hacía guardia en la puerta comenzó a pedir a las personas que querían entrar el carnet de colegiado o el de periodista. Poco más tarde se produjo entre los concentrados un momento de pánico al aparecer fuertes efectivos de la policía antidisturbios, pertenecientes a una compañía traída expresamente de Córdoba, sin que los mismos llegasen, no obstante, a intervenir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de enero de 1977