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Burlada: protestas por la muerte de un presunto delincuente

La muerte de un delincuente habitual ha provocado, por primera vez, que se sepa, una importante reacción popular en una provincia del País Vasco. Este es el caso de Francisco Alonso Castillejos alias Paquito, abatido a mediodía del domingo por varios disparos efectuados por guardias civiles de paisano en la calle General Mola del municipio pamplonés de Burlada.

Serían aproximadamente las 12.45 de la mañana -según afirman testigos presenciales- cuando en la citada calle apareció un joven que corría perseguido por un coche Morris de color blanco ocupado por tres personas. El automóvil se detuvo y los ocupantes salieron del mismo. Después de dar el alto, que no fue atendido, dispararon sobre el que en ese momento trataba de saltar una verja que separaba la calle de la huerta de un chalet. En la pared del mismo se encontraron alrededor de 20 impactos de bala.La noticia de la muerte del joven -que resultó ser Francisco Alonso Castillejos- se extendió rápidamente por la localidad de Burlada -muy cercana a Pamplona.

Donde cayó muerto el joven Francisco Alonso se habían colocado un túmulo con flores, una ikurriña y una inscripción. La mayoría de los bares del barrio de Burlada habían cerrado para entonces sus puertas, suspendiéndose también casi todos los bailes populares y algunas manifestaciones deportivas en aquella zona.

Nadie conocía con exactitud a las ocho de la noche lo que había ocurrido en la calle General Mola, quién era el joven fallecido y las posibles concomitancias políticas del suceso. Se tenía, entonces, la impresión de que, a consecuencia de las diferentes versiones que circulaban por la localidad, se había dado un matiz político a la muerte de un joven en el primer momento.

Estas afirmaciones no coinciden totalmente con la declaración que la Guardia Civil envió el lunes por la noche a los medios informativos. En la misma se señala que hacia las ocho de la mañana del domingo una pareja de la Guardia Civil de Tráfico dio el alto a un coche Seat 124 en el kilómetro 2 de la carretera nacional de Vitoria a Pamplona en este último término. El automóvil que resultó sospechoso, estaba ocupado por Angel María Rodríguez, de dieciocho años de edad, soltero y vecino de Pamplona, que fue detenido, y por Francisco Alonso Castillejos, de veinticuatro años de edad, residente en Burlada y, según ficha policial, con 58 diligencias por robo y, sustracción. «Posteriormente -dice el texto de la nota- fuerzas de la misma agrupación continuaron las gestiones localizando al huido sobre las 13.15 horas en el barrio de Burlada, donde de nuevo se le conminó a entregarse repetidas veces con las voces Alto a la Guardia Civil que no fueron obedecidas, por lo que la citada fuerza hizo algunos disparos en el momento que el fugado saltaba una verja metálica, alcanzándole uno de estos disparos y cayendo herido, siendo transportado en una ambulancia al Hospital Provincial de Navarra, en el que ingresó ya cadáver».

Entre las nueve y diez de la noche se repitieron los incidentes en Pamplona en donde varios cientos de personas se manifestaron entre la zona de la Milagrosa y el edificio de Sindicatos. Tras cruzar varios coches en la avenida de Zaragoza fueron dispersados.

Durante el día de ayer, la zona de Burlada mostraba casi una absoluta tranquilidad. En alguna casa y en la iglesia aparecieron colgaduras con crespones negros. Las fábricas Potasas y Superser pararon por la mañana en señal de duelo y como protesta por la muerte del joven burladés. Pero en líneas generales la normalidad era casi total durante la jornada, quizás al haberse hecho pública la identidad, puramente delictiva del muerto que parece no tener relación con ningún grupo político.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 12 de octubre de 1976

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