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Con Chirac o sin él, Giscard parece decidido a iniciar una nueva era de Gobierno

Como De Gaulle en sus tiempos, a lo largo y a lo ancho del planeta, sin que los resultados respondieran a la estatura del personaje, ayer, el presidente francés, Giscard d'Estaing, terminó su visita oficial a Gabón ante el presidente, Bongo, con el grito que hubiera aplaudido el fundador de la V República: «Africa para los africanos». Hasta el día 22, Giscard no volverá a Francia.

, Estas dos semanas las dedicará a su distracción favorita, la caza. Y, mientras tanto, el «safari» político continuará en París, en donde se han quedado varios ministros, o ministrables, que no quieren perder comba, con vistas a lo que, nadie lo duda, va a ocurrirá finales de agosto o, en último caso, antes del comienzo de la sesión parlamentaria en octubre: un cambio profundo de Gobierno; quizá, sustitución del primer ministro.Esta »crisis fría» que se está viviendo desde hace algunas semanas, todos los observadores coinciden en que desembocará en un «giro» importante del septenato del señor Giscard d'Estaing. El conflicto de fondo gira en torno al binomio presidente-primer ministro. Durante los dos últimos años, el entendimiento entre Giscard y Chirac parecía perfecto.

El papel que jugó Chirac en favor de la elección de Giscard, arremetiendo contra Chaban Delmas, determinó el destino de los dos hombres. Y hace sólo cuatro días, uno de los analistas más agudos de la política gala el profesor/ obert, estudiaba la influencia indudable que, en un primer tiempo, ejerció el primer ministro sobre el presidente, hasta aludir al «chiraquismo», que, según el mismo comentarista, «por su dinamismo y una cierta vitalidad contagiosa, tiende a atraer el poder hacia el primer ministro». Esta «influencia», sufrida posiblemente por Giscard, parece ser el or¡gen de la «guerra sorda» que confronta a los dos hombres. De mayo a esta parte, el presidente no ha hecho más que manifestar su cambio de concepción del Estado hacia un funcionamiento presidencialista. Para ello, en cada ocasión, en todos los dominios, políticos, financieros, fiscales o electorales, Giscard toma decisiones «a lo De Gaulle», sin apenas consultar a su primer ministro.

La historia se repite

Así se ha planteado un problema clásico en la V República a causa de la ambigüedad de la Constitución, que no dice absolutamente nada sobre las normas de entendimiento entre el presidente y su primer ministro. Cuando De Gaulle y Pompidou fueron presidentes ya ocurrió otro tanto: sus relaciones con los primer ministros fueron perfectas mientras estos últimos no manifestaron deseos de «ser»... presidentes de la República. Y tanto el uno como el otro se entendieron con Pompidou (cuando era primer ministro del general) y con Chaban Delmas en la medida en que éstos se conformaron con el papel de «administradores» o ejecutantes. Pero cuando Pompidou, primero, y. en su día, Chaban se creyeron capaces de un «destino nacional», y lo manifestaron, fueron eliminados.

La historia se repite entre Giscard y Chirac. Este último quiere "gobernar" en tanto que primer ministro y, al mismo tiempo, es el jefe del partido mayoritario ' UDR, de los que apoyan al presidente de la República. Giscard parece haber «sentido» el peligro a pesar de la «lealtad» que le ha manifestado siempre Chirac, que, por otra parte, es prisionero de la fracción gaullista que «odia» a Giscard.

El pasado 23 de julio, en privado, se aseguró que Chirac había manifestado sus inquietudes; «Giscard se comporta, cada día más, corno un monarca». ¿Por qué9 El aspecto híbrido de la Constitución francesa no c.s más que el i nstrumento que permite al presidente usarla en beneficio de sus concepciones; es decir, de su política. Y en este punto surge la confrontación del giscardismo y del gaullismo, con los dos hombres que simbolizan las dos corrientes de la mayoría frente a frente, en los puestos claves del Estado.

El giro atlantista de Giscard, su política proamericana, sus concepciones económicas (liberalismo frente al «autoritarismo» gaullista), sus ideas sobre la construcción europea, que lesionan gravemente «la independencia nacional», a juicio de la UDR, son los gérmenes de esta. guerra de familia que, de todas formas, ha puesto en juego la continuación del septenato y de su orientación «hacia una especie de socialdemocracia capitaneada por la carta que prepara Giscard sobre la sociedad liberal avanzada». La izquierda lo ha comprendido, y cada semana, comunistas, socialistas o radicales de izquierdas hacen un nuevo «llamamiento» a los gaullistas,

¿Seguirá siendo «premier» Chirac?

¿Todo lo anterior quiere decir que el «rey» Giscard ha decidido elirninar al primer ministro, Chirac, que «desea gobernar»?

Ningún observador político, en estos momentos, se atreve a afirmarlo. De igual manera que el mundo político francés no duda de que Giscard en Africa, cazando, y Chirac en París van a reflexionar sobre el asunto a lo largo de este mes.

De ninguna manera se excluye que Giscard, a pedir de todo, deseca Chirac como prirner ininistro, N que esto último quiera. también, coritinuar en su puesio, aunquesea a costa de "someterse". Chirac. hoy es el único hombre capaz de contro'ar a la UDR, Y el presidente tierenecesidad de la cohesión de la mayoría frente al verdadero enemigo la unión de la izquierda, cuando se están acercando las eleceíones cantonales y las legislativas. que también podrían camblar la orientación del septenato. pero en otro senlido más divergente y más grave para toda la derecha que gobierna.

La interrogación. no obstante, seguirá vigente hasta que el presidente no reorese de vacaciones. Y este suspense es el que alimenta la posibilidad de cese o "dimisión" de Chirac como primer ministro. La visita, el pasado 29 de julio, al pa lacio del Elíseo, de Alain Peyrefitte fue interpretado, en algunos ineditos, como el primer índice serio de la «desgracia» de Chirac. Giscard. si tales rumores son ciertos, ofreció al antiguo ministro de De Gaulle la cartera de Asuntos Exteriores. Este y otros oaullistas podrían compen sar la desaparición de Chirac. En tal caso, el nuevo primer ministro «ejecutante» se llamará Raymond Barré, actual ministro de Comercio -Exterior, según algunas indiscreciones. Se dio también el nombre de Simone Ve¡l, la ministro de la Salud. Y el hoy ministro del equipo Robert Galley se quiere creer que gozaría de una especial predilección por parte del presidente. El que estos últimos días lo haya acompañado a Gabón sirve de apoyo para quienes especulan con su promoción. En cualquier caso, una partida importante parece que va ajugarse en la política francesa: o Chirac continúa como primer numbitro o se va.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de agosto de 1976