Estos patéticos gritos de libertad
Hablemos a calzón quitado es un título insensato en una cartelera madrileña. Insinúa, de insinuar algo, caminos de vodevil o de pequeña y rijosa comedia destapada. Insinúa lo que esto no es. Porque esto es un admirable texto dramático, bien estructurado, bien contado. Es un razonamiento doloroso sobre el duro camino de la libertad de la persona. Los datos de la exposición, conflictuales, son poco relevantes. Lo que importa es la tensión expuesta, perseguida y estudiada en términos teatrales. Nada casualmente este enfoque permite, además, una interpretación deslumbradora. Veo que Joaquín Hinojosa ha sido sustituido por Ramón Font, Feo -y posiblemente inevitable- es este asunto de las sustituciones. Pero ese trío funciona bien. Además, su constancia ha sido ejemplar. La comedia -horrorosamente tergiversada, según me dicen- fracasó, con razón, en Barcelona. Tuvo en Madrid las vacilaciones iniciales, naturales con un reparto desconocido y un título disparatado». Pero se ha afirmado gracias a una actitud general de asombro, admiración y respeto, muy generosamente difundida. Hay que alegrarse. Y hay que ver esta trágica, poética, hermosísima comedia.
Hablemos a calzón quitado, de Guillermo Gentile, Director: Guillermo Gentile
Intérpretes: Guillermo Gentile, Walter Vidarte, Ramón Font y Carmén. Lagar.Teatro Arniches.


























































