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El cañón de Zverev apunta a Roland Garros

El alemán borda el servicio y rinde al chileno Jarry (6-4 y 7-5, en 1h 41m) para atrapar su segundo trofeo en el Foro Itálico, el sexto Masters 1000 de su carrera

Zverev sirve durante la final de este domingo contra Jarry.
Zverev sirve durante la final de este domingo contra Jarry.Guglielmo Mangiapane (REUTERS)
Alejandro Ciriza

¿Cuál hubiera sido el destino de Alexander Zverev en el Roland Garros de hace dos años si no llega a destrozarse el tobillo durante aquella semifinal contra Rafael Nadal? Imposible la respuesta, pero, ahora bien, no son pocos los que, de haber conseguido sortear esa tarde de infortunio, dolor y siete ligamentos a la virulé, le veían colgándose el laurel del grande francés, logrando ese salto que todavía se le resiste. En todo caso, el alemán continúa edificando una carrera deportiva más que considerable, con 22 títulos en el expediente y la nada desdeñable cifra de seis Masters 1000 —los mismos que Daniil Medvedev, uno menos que el estadounidense Michael Chang—, este último firmado en Roma, al igual que en 2017. Se inclina en este episodio el batallador Nicolás Jarry, haciendo la goma el chileno durante 1h 41m, al final resignado: 6-4 y 7-5. ¿Qué más hacer ante un tiroteo así?

Cierra Zverev con un registro estratosférico al servicio, rozando (literalmente) la perfección: 80% de efectividad, dos puntos cedidos con los primeros y tres con los segundos; un 95% de recompensa con sus primeras bolas. Llega así el sorpasso a Medvedev, desplazado el ruso del cuarto al quinto puesto del ranking, y se confirma la alternancia en esta gira de tierra batida absolutamente indescifrable y atractiva: Stefanos Tsitsipas ganó en Montecarlo, Casper Ruud en Barcelona, Andrey Rublev en Madrid y el alemán se hace con el premio en el Foro Itálico, testigo de un careo completamente atípico: de los 121 puntos dilucidados, tan solo 39 superan los cinco tiros en el intercambio. Así está el tenis de hoy, revuelto como el polémico Zverev, que el día 31, en pleno Roland Garros, será juzgado por el tribunal de Berlín por un supuesto caso de maltrato a su expareja.

Allá quedó aquel tenis sobre tierra de toma y daca, de darle al tarro y de pensar; hoy, la realidad se impone de manera aplastante. Año 2024: saque y más saque, y luego todo lo demás. El servicio como punto de partida indispensable; sin él, poco o nada que hacer. Desaparecen los especialistas poco a poco y van ganando terreno a dentelladas los mazos, las palancas, los trallazos. La fantasía de Alcaraz, el oasis moderno. Una deliciosa excepción. Choca la imagen. Son dos tallos sobre sus respectivos torreones, dos gigantones que bien podrían desenvolverse en la bombilla del baloncesto —1,98 el alemán y 2,01 el chileno— y que se retan a tres o cuatro golpes; rarísima vez el debate supera los diez. Y en esas, es Zverev el que va imponiendo poco a poco su dimensión, inflexible en el punto de partida y más cómodo conforme se avecina la tensión, esos instantes en los que no se admite el error.

Jarry y Zverev posan con sus respectivos trofeos.
Jarry y Zverev posan con sus respectivos trofeos.Guglielmo Mangiapane (REUTERS)

El alemán cierra el primer parcial adjudicándose 20 de los 21 puntos dirimidos con él a la iniciativa, más sólido también desde la base y sin ofrecer rendijas a un adversario al que empiezan a pesarle las circunstancias —primerizo en la final de un mil, frente a las diez que ha disputado el de enfrente— y que empieza a titubear, a renquear, a preguntarse demasiadas veces cómo demonios puede hincarle el diente a un bombardero que no cede lo más mínimo y que despacha los turnos de servicio como quien tacha la lista de la compra. Uno, otro, y otro más. Majestuoso recital al saque de Zverev, entusiasmado con el guion, sabedor de que en un momento u otro va a terminar decantando también la segunda manga porque mantiene el tono y el grandullón chileno arriesga, se precipita y, efectivamente, forzado, cae como fruta madura en manos de su contrincante.

No hay respiro para el bueno de Jarry, que se agarra como puede, resistiendo, intentando que no se rompa esa fina cuerda sobre la que transcurre la acción. Carga los carrillos de aire, lo expulsa como un búfalo. Y va salvando el pescuezo. Aguarda sin perder el ánimo durante una hora y dieciocho minutos, instante en el que, por fin, araña el primer punto ante un primer perdigonazo del alemán. Replica también en el velocímetro: pelotazos a más de 220 km/h, promedios que merodean los 210. Lo dicho, dos cañones. Pero ahí dentro sigue apretando el nudo, encogiéndose el estómago, creciendo esos nervios que le cuestan dos dobles faltas y que brindan a Zverev las dos primeras bolas de partido. No atina el de Hamburgo a la primera, tampoco a la segunda, pero sí a la tercera. Abandona la trinchera, ejecuta con decisión y se borda en la solapa su sexto Masters 1000, el segundo en Roma. Semifinalista las tres últimas ediciones en París, vuelve a postularse. Eso sí, juicio de por medio.

GRANOLLERS Y ZEBALLOS, A LO GRANDE

A. C.

El español Marcel Granollers y el argentino Horacio Zeballos se proclamaron este domingo campeones en la modalidad de dobles, al imponerse en la final (doble 6-2, en 1h 06m) al dúo formado por el salvadoreño Marcelo Arévalo y el croata Mate Pavic. De esta forma, culminaron un torneo magnífico, en el que no han entregado un solo set en todo el trazado.

Se trata del noveno título que logran juntos, el sexto de un Masters 1.000. Lo alzan después de haber tenido que renunciar recientemente a la final de Madrid, debido a unos problemas físicos de Zeballos, y de haber cedido este curso en los desenlaces de Auckland, Buenos Aires e Indian Wells.

Precisamente, su progresión les condujo hace dos semanas al número uno de la categoría. Es la segunda vez que el catalán (38 años) y su actual compañero (39) triunfan en el Foro Itálico, donde ya se habían coronado en 2020.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza
Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra. Autor de ‘¡Vamos, Rafa!’.
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