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Odegaard se queda frío en el imperio del riesgo cero

“Fue similar a lo que queríamos”, dice Arteta del planteamiento conservador del Arsenal en su visita al Metropolitano

Odegaard disputa un balón aéreo con Johnny Cardoso, este miércoles en el Metropolitano.Isabel Infantes (REUTERS)

Olía a azufre el estadio Metropolitano. Una espesa nube de residuos de la pólvora impregnaba el aire de sustancias picantes, señal de la proximidad de bengalas y auspicio de una tarde de inflamaciones que solo tuvieron expresión en aquello que hacía la gente en la grada y en la calle. Pocos estadios en Europa son más emotivos que este cráter del extrarradio madrileño, y la hinchada hizo lo posible por fijar esa impresión para recibir al líder de la Premier. Todo fue muy pasional hasta que el árbitro ordenó que comenzara el partido. Entonces rodó la pelota y una sensación de frío se apoderó de lo que ocurría en la cancha. Ahí, sobre la hierba brillante, el gran Arsenal, el famoso Arsenal, apareció metido en su campo. Por no presionar, no presionaban ni al tembloroso Johnny Cardoso —el estadounidense vivió más tranquilo que en un partido de la Liga—. Cerrándose, a la espera, los jugadores visitantes se desplazaban como autómatas midiendo cada distancia en una sincronización perfecta de pasillos que se estrechaban según Griezmann y Julián intentaban aproximarse al área. Magalhaes, Rice y Saliba, fumigaban todas las malas hierbas del jardín. Más que jardín, la zona de influencia de Raya parecía un laboratorio de análisis clínicos.

Atlético ATL
1
Julián Álvarez 55' (p)
Atlético
Arsenal ARS
1
Viktor Gyokeres 43' (p)
Arsenal
Final

Mil millones de euros de gastos netos en fichajes es el balance del Arsenal desde la temporada 2019-20, en el inicio del ciclo de Mikel Arteta. Descontado el Manchester United, que lo supera ligeramente, no hay otro club en el mundo que haya invertido más en futbolistas en este periodo y, probablemente, en ningún otro periodo de la historia. Después de más de seis años de evolución, una eternidad en términos futbolísticos, estamos ante un caso de filogénesis. Abnegado, minucioso, obsesivo, el entrenador donostiarra ha tenido tiempo para moldear un organismo cuya principal función biológica es evitar cometer errores. En este orden de cálculos constantes, ningún movimiento se libra al azar y ningún individuo se mueve sin antes haber previsto la secuencia de su trayecto. Las decisiones están precocinadas. Los futbolistas dan la impresión de no hacer nada que no hayan practicado previamente.

El Arsenal contrata a los mejores talentos de cada rubro, centrocampistas como Odegaard, Rice o Zubimendi, para insertarlos en un esquema de redes de seguridad superpuestas que condicionan el libre albedrío a la mínima expresión. El modelo resulta tan exigente que hasta los contragolpes parecían atascarse de tanta prudencia con que resolvían actuar los protagonistas. En ese ámbito, el más imaginativo de los jugadores, el noruego Martin Odegaard, se encontró sin socios que respondieran a la velocidad de su ejecución.

Varias veces a lo largo del primer tiempo se vio a Odegaard exasperado, pidiendo movilidad a sus colegas, porque cuando recuperaba la pelota y se disponía a lanzar a los atacantes al espacio, en los espacios no había nadie. Martinelli, Madueke y Gyokeres, se lo tenían que pensar muy bien antes de dar un paso al vacío, no sea que dejaran descubierto a Llorente, al Cholito, o a alguna de las más recónditas amenazas colchoneras recogidas en la lista de peligros del cuaderno del partido del staff de Arteta.

Gabriel Heinze, Albert Stuivenberg, Nico Jover, Miguel Molina e Iñaki Caña lo tienen todo bajo control. El cuerpo de ayudantes de Arteta son, junto con el jefe, los grandes creadores en el equipo de Londres, los demiurgos de un mundo en el que los maestros, Zubimendi y Rice, no dan un paso sin antes persignarse ante la imagen de la sagrada estructura. El equilibrio es la divinidad y traicionarla supone quedarse fuera de la comunidad. La consecuencia fue un partido lento, aséptico, regular. Solo algún remate desde fuera del área rompía la monotonía de la tarde.

No sorprendió a nadie que el acceso al gol fuera únicamente posible mediante la decisión judicial, previo examen del VAR, dependiente de la comisión de arbitraje con sede en la localidad suiza de Nyon. Dos reclamos se elevaron a la autoridad competente, dos manos detectó el videoarbitraje, dos penas máximas decretó su señoría, dos expedientes completaron Gyokeres (0-1) y Julián (1-1). El equilibrio perfecto en el extrarradio madrileño. Después de la orgía de París, aquí tocaba proclamar el imperio del riesgo cero.

“Inadmisible”

“Fue muy similar a lo que queríamos”, dijo Arteta, tras el partido, satisfecho de que todo hubiera salido de acuerdo al plan. “Nos pusimos por delante con el penalti. Lamentablemente en la segunda parte no estuvimos muy precisos y nos empataron. De todos modos, creo que es inadmisible que el árbitro anulara el penalti de Hancko a Eze en la segunda parte. Absolutamente inadmisible”.

La coreografía del Metropolitano impresionó a Arteta. “Es un privilegio jugar en un ambiente así”, dijo. “La pasión con la que todo el mundo viene al campo es impresionante. Nos jugaremos todo en Londres, y antes, el sábado, nos jugamos la vida con el Fulham para ganar la Premier. Estar en cuatro competiciones ha sido el pan nuestro de cada día. Valoro enormemente el esfuerzo de los jugadores, hemos tenido muchas bajas y ahí seguimos”.

Diego Simeone, el entrenador del Atlético, también se mostró emocionado ante el recibimiento del público en los instantes que precedieron al partido. “Pocas veces nos hemos acercado a un ambiente así”, dijo. “Fue tremendo. Fue un regalo de la gente al equipo, que venía de perder la final de Copa. Pero la verdad es que el equipo no baja los brazos. Pelea ante las adversidades. Hoy empezamos perdiendo y los jugadores sacaron fuerza, sacaron energía. Tenemos a Koke y a Griezmann con la edad que tienen, y ellos trabajan, juegan y corren…”.

“En el segundo tiempo”, concluyó Simeone, “se notó el cansancio que vienen acumulando los jugadores del Arsenal, de tanta presión de ganar la Premier y de ganar la Champions después de tantos partidos invictos. Todo eso se nota. Y nosotros nos quedamos cerca de un gol que nos habría dado más ventajas. Ahora por delante tenemos un desafío impresionante. Será duro y difícil. Estamos jugando contra un equipazo. ¿Vieron los cinco cambios que hizo el Arsenal? ¡Eran mejores los que entraban que los que salían [salieron Gyokeres, Madueke, Odegaard, White y Martinelli, entraron Mosquera, Saka, Gabriel Jesús, Eze y Trossard]! Pero me entusiasma. ¿Qué mejor que ir así a Londres?”.

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