El Arsenal en la hoguera de Mikel Arteta
El equipo inglés llega al Metropolitano en plena lucha por la Premier y la Champions, después de tres meses de cambios y miedo al fracaso


Un barril con combustible ardiendo. Es lo que descubrieron los jugadores del Arsenal el día que salieron al campo de entrenamiento a preparar el partido de vuelta de cuartos de final de la Champions contra el Sporting de Lisboa. Junto al fuego purificador los esperó Mikel Arteta. Cual sacerdote del neolítico, el entrenador vasco los invitó a escribir en un papel aquello que no les gustaba que dijeran del equipo, las cosas que leían o escuchaban en los medios de comunicación, las voces que les aturdían en las redes, las invectivas que alguien les dedicó desde una tribuna, señales de un mundo exterior cada vez más grande e inhóspito. Uno a uno, desde Raya a Madueke, los jugadores arrojaron los papelitos a las llamas del ritual sanatorio.
“Sin miedo, puro fuego”, dijo Arteta después, ante una audiencia atónita en la sala de conferencias de London Colney. “¡Puro fuego! Eso es lo que quiero de los jugadores, de los hinchas, de mí mismo…”.
Los psicólogos conductistas ordenan hacer ciertas cosas que la naturaleza humana sabotea. Así como negar el miedo es una forma de invocarlo, al día siguiente de arrojar los terrores a la hoguera los jugadores del Arsenal empataron 0-0 en su campo, en otra jornada de pánico en las gradas del Emirates. Si pasaron la eliminatoria, fue gracias a un gol solitario en Lisboa. La eliminatoria fue otra muestra del empobrecimiento anímico y futbolístico que experimenta el equipo que hasta la Navidad fue el más pujante del fútbol europeo y que este miércoles (21.00, Movistar) visita el Metropolitano para dirimir la ida de las semifinales de la Champions. De no ser por la crisis desatada en el campo ajeno, el Atlético tendría muy pocas probabilidades de alcanzar la otra orilla.
“Para algunos lo mejor es alejarnos del teléfono”, dijo Martin Odegaard este martes, en la sala de conferencias del Metropolitano, en relación a la presión ambiental que envuelve al equipo en el Emirates, donde la gente empieza a impacientarse con un club que a pesar de haber invertido más de 1.000 millones de euros desde 2019 no gana un título desde que levantó la Copa de Inglaterra en 2020. “No podemos controlar lo que la gente dice”, lamentó el capitán. “Así funciona la sociedad hoy en día. Hay mucho ruido en las redes”.
“La Premier se vuelve cada vez más difícil”, dice Piero Hincapié, el defensa ecuatoriano, miembro de la que probablemente sea la línea de zagueros más sólida del mundo junto con la del PSG. Hincapié está perplejo ante la deriva del equipo desde la fallida final de la Copa Carabao perdida ante el City: siete partidos jugados, ocho goles en contra y cuatro a favor. “Se nos hace difícil mantener la portería a cero y es algo que nos encanta”, dice. “Pero sabemos que tenemos que mejorar mucho en ataque para poder darle alegrías a nuestros hinchas. Tenemos que jugar como si recién hubiéramos empezado la Liga para volver a nuestros inicios”.
Hincapié afirma que sus compañeros quieren volver a ser los que fueron. La nostalgia se remonta al otoño, cuando el Arsenal logró ocho victorias de ocho en la liguilla: 23 goles a favor, cuatro en contra. Una exuberancia de ataque dinámico y defensa audaz de presión constante que al llegar enero comenzó a difuminarse. Arteta comenzó a especular. En ciertos partidos, decidió gestionar los resultados. Metió al equipo atrás en bloque medio o en bloque bajo. Buscó la excelencia híbrida. A veces intrépido, a veces conservador. Terminó por desconcertar y deprimir a los futbolistas. Ahora ni Arteta ni sus jugadores se desembarazan de la sensación de inestabilidad que los embarga, según fuentes del club, desde el 18 de febrero. Esa tarde el Wolves les empató: 2-2 en el minuto 94. Gol del jovencito Tom Edozie.
Fue en Wolverhampton cuando Raya y sus defensas descubrieron preocupados que cerrarse atrás ya no les garantizaba dejar la portería a cero. Se dieron cuenta de que con el paso de los meses, a fuerza de replegarse, habían perdido tensión. De repente, dudaron. Empezaron a crearles ocasiones. Cada vez más, en un bucle que dura más de dos meses y que les ha igualado al City después de liderar la clasificación con ocho puntos de ventaja. El partido con el Newcastle de Premier, el sábado pasado, resuelto con un 1-0, exhibió de nuevo a un grupo de jugadores desesperados por recuperar la convicción y el orden perdidos.
“Es un privilegio estar en semifinales por segundo año consecutivo”, dijo Arteta, muy sereno ayer en la sala de conferencias del Metropolitano. “Queremos ser dominantes, jugar con la confianza y la consistencia con la que lo hemos jugado toda esta temporada en Europa. Es el momento de demostrar que podemos estar en la final. La oportunidad está ante nosotros y tenemos que aprovecharla, sin olvidar lo difícil que es estar aquí. Este club estuvo siete temporadas fuera de la Champions”.


























































