Courtois y Valverde propician otro clásico en la Supercopa de Arabia Saudí
El meta belga, con otra gran actuación, y el uruguayo con un zambombazo y una asistencia a Rodrygo meten al Real Madrid en la final tras derrotar a un Atlético superior condenado por su falta de puntería


Primero Valverde y después Courtois engendraron que la final de esta Supercopa se decida el domingo con un clásico. Fue mejor el Atlético, que murió en el área de un Real Madrid menor, sin Mbappé, y con poco juego que ofrecer. Ganó a la italiana el equipo de Alonso y perdió un Atlético que sometió a ese Madrid más pragmático que bonito. Esa es la mejor lectura que se llevan Simeone y sus futbolistas. El resultado les negó la final, por falta de puntería, pero el juego fue suyo. La pegada fue del Madrid, escenificada en el zurriagazo de Valverde y en que Rodrygo de dos ocasiones metió una. El tiroteo al que sometió el Atlético al Madrid solo tuvo premio con un cabezazo de Sorloth.
El duelo había transitado en la previa por las decisiones a tomar por ambos entrenadores ante las ausencias que les condicionaban. En el caso de Alonso no había dudas de que el instinto y la brega de Gonzalo ocuparían el centro del ataque por la ausencia de Mbappé. Su encrucijada estaba en elegir al compañero de Asencio en el eje de la zaga. Con Huijsen recién recuperado de sus problemas musculares y con los antecedentes del calvario aéreo que padeció en el derbi liguero del Metropolitano, el puesto fue para Rüdiger, más cacique y más fiable a priori pese a los crónicos problemas de rodilla que le atormentan.
Las disyuntivas de Simeone eran elegir al sustituto de Barrios y el lateral izquierdo. Se impuso a Cardoso el físico de Gallagher y su mayores galones en el orden cuartelario para estos casos por el que se guía Simeone. En el carril izquierdo se decidió por Ruggeri, lo que supuso un examen de alta exigencia. La mejor virtud del italiano no es la defensa y enfrente estaba el burlador Rodrygo. Todo a priori porque el fútbol se encargó como casi siempre de hacer saltar por los aires cualquier plan. La pelota viajó en sus primeros toques por el aire. Una señal del respeto inicial que se destila en un derbi. Gonzalo la bajó, se la dio a Bellingham y el colegiado señaló una falta de Koke discutida por el Atlético. A 30 metros, Valverde se aproximó al lugar del lanzamiento como si la cosa no fuera con él. Cuando tomó carrerilla vio que Oblak había abierto la ventana colocando solo tres jugadores en la barrera. De su duro empeine salió un zambombazo que se tragó el meta esloveno. El violento golpeo dobló la manopla del meta, que por su lenguaje corporal dio la sensación de no estar tensionado.
El tanto midió la capacidad de reacción del Atlético, al que el Madrid concedió sin rubor el gobierno del juego. No está el equipo de Alonso para avasallar y se entregó a la tarea de defender el tanto y esperar otra concesión de su rival. En esos primeros minutos de dominio rojiblanco se apreció que Baena está falto del tacto que dan los partidos y que Julián Alvarez está sin esa chispa que le hace diferencial. Tenía el Atlético transiciones claras que se perdían por falta de finura. Cuando empezó a tenerla el Madrid sí sufrió. Fue el momento de Courtois, salvador con un paradón a cabezazo de Sorloth en un saque de esquina y en un tiro de puntera de Baena, ya más entonado. Poco antes, el almeriense había perdido una pelota que lanzó a Rodrygo frente a Oblak tras saltarse a Pubill en la cal y poner a Koke mirando a las vallas publicitarias con un recorte. Oblak se redimió de su error inicial ganando el mano a mano. Esta fue otra señal de que el Madrid estaba más en ganar el partido por la vía clásica italiana de defender y liquidar al Atlético a la espera de otro error. Sorloth, por no entender que los centros pasados y fuertes hay que domarlos con el cuello duro, dirigió alto uno que le puso Gallagher.
La pelota era del Atlético y el Madrid resistió hasta el final del primer acto encastillado, sostenido por Courtois y los cruces de Rüdiger. No mutó el panorama en la reanudación. Se quedó Gallagher para que entrara Le Normand y mandó a Llorente como pareja de Koke. El central llegó tarde al fino pase que le metió Valverde a Rodrygo. El brasileño no perdonó. Otro examen para la capacidad del Atlético de reponerse a un segundo mazazo. Y lo hizo. Sorloth cazó un remate templado de Giuliano. Esas roscas blandas sí las martillea bien.
Tras el tanto los cambios delataron dónde estaba cada equipo. Alonso se dedicó a recomponer primero su defensa cuando la rodilla de Rüdiger dijo basta y Asencio jadeaba. Dio entrada a Fran García y a Mendy y recolocó a Tchouameni como central. Simeone metió más carga con Almada y Griezmann y trató de sostenerla con las entradas de Cardoso y Molina. Llorente, en dos ocasiones, y Griezmann con una tijera que volvió a encumbrar a Courtois tuvieron el empate. Entre el meta belga y Valverde engendraron el clásico.
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