El Barça, en fuera de juego

La ambición del club no se corresponde con las opciones que ofrece un equipo más aspirante a clasificarse en la Champions que a disputar los títulos

Xavi reclama una acción mientras, en primer término, Abde y De Jong intentan poner el balón en juego.
Xavi reclama una acción mientras, en primer término, Abde y De Jong intentan poner el balón en juego.NACHO DOCE (Reuters)

El Barça va de la mano del Madrid en su desafío a la Liga y a la UEFA. Ambos aspiran a demostrar que son mejores intermediarios que Javier Tebas para mejorar los ingresos del fútbol español y que la Superliga es un bien necesario después de que la Champions haya quedado obsoleta: “Igual hay que recordar a la UEFA quién es el Madrid”, proclamó Florentino Pérez en la última asamblea de socios del Madrid. Y el silencio se impuso en el Camp Nou.

El club azulgrana está quebrado y, sin embargo, presume de poderío por su palmarés y por el impacto de la marca Barça. No es un mal compañero de viaje si se atiende a la última gala del Balón de Oro en la que se premió a Alexia Putellas y Leo Messi. Goldman Sachs se muestra dispuesto a financiar los 1.500 millones necesarios para el Espai Barça que se votará el 19-D. Necesita el barcelonismo un nuevo Camp Nou.

También se sabe que los altos ejecutivos azulgrana viajaron a Mánchester para negociar el fichaje de Ferran Torres. La lista de posibles incorporaciones alcanza incluso a Erling Haaland. La inercia actúa todavía a favor del club después de que la rutina acabara con el equipo el día en que se renunció a Messi. No hay dinero y el juego limpio financiero impide reforzar como es debido a la plantilla de Xavi.

El Barça no renuncia sin embargo a la apariencia, convencido de que saldrá de la tierra quemada que ha dejado la directiva de Josep Maria Bartomeu, todavía pendiente de ser juzgada por el Barçagate. La rueda del negocio solo se activa de todas maneras con la pelota y hoy el Barcelona es un equipo en fuera de juego en la Liga, a seis puntos de la zona Champions y a 16 del Madrid, y que el miércoles se juega en Múnich seguir en la Champions.

El reto resulta mayúsculo porque el problema es estructural y supera a cualquier entrenador por más consenso que genere como es el caso de Xavi. Las limitaciones son extremas desde el punto de vista económico y deportivo porque apenas hay posibilidades de mejorar a un colectivo cuya aspiración máxima es quedar entre los cuatro primeros de la clasificación, abatido por el Betis, superado por el Rayo y alejado de la Real, Atlético, Sevilla y Madrid.

No remiten las concesiones defensivas, manifiestas en el gol de Juanmi contra el Betis, y tampoco mejora la ofensiva después de perder 58 goles con las salidas de Messi y Griezmann. Hasta siete partidos sobre 20 han acabado con el marcador a cero y solo se han contado 25 dianas en total, dos en cinco citas de Champions.

Las lesiones de Braithwaite y Ansu Fati han puesto el foco en Memphis. El neerlandés ha funcionado como solista, autor de ocho goles, y en cambio no responde al perfil de delantero centro asignado por Xavi. Memphis no es un ariete sino un segundo punta al que gusta partir desde la izquierda y no desde el puesto de 9. No dominó la relación emisor-receptor ante el Betis.

Juego lento

Memphis ralentizó el juego, tocó demasiado el balón, descargó tarde la pelota, no combinó ni profundizó con rapidez, de manera que su juego fue más complicado que natural, seguramente porque el entrenador decidió que condicionara la ofensiva para potenciar la llegada de volantes como Nico, Gavi o Coutinho. Memphis no es un fuera de serie sino un excelente futbolista de complemento en un equipo desfigurado.

A los jóvenes les falta oficio y a los veteranos les sobran partidos por más que no se advierta un mediocentro mejor que Busquets. El fútbol es racheado y discontinuo, el control del partido no está asegurado, la presión acostumbra a ser desincronizada, no se dominan las áreas y ya no alcanza ampliar el campo a partir de extremos como Dembélé. Al equipo le pueden las urgencias, la necesidad de ganar y la obsesión por figurar en la Champions.

La ansiedad por correr, ni que sea para demostrar que por fin se entrena, no ha mejorado los resultados. También se extraña a un jugador que marque la diferencia después de acostumbrarse a Messi. No le queda más remedio al Barça que renunciar a la virtualidad y asumir una realidad que le aleja de los títulos y los trofeos para competir por las clasificaciones en la Liga y la Champions.

Abrazar delirios de grandeza por contra supondría un riesgo para un técnico novel como Xavi, que llegó iniciada la temporada y se encontró con una plantilla hecha y condicionada por la austeridad. Al igual que Gavi, Nico o Pedri, Xavi aspira a conquistar el mundo con una legítima ambición y también ingenuidad, detalle que no debe pasar inadvertido para Joan Laporta. Una cosa es lo que necesita el club y otra lo que puede dar el equipo.

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Sobre la firma

Ramon Besa

Redactor jefe de deportes en Barcelona. Licenciado en periodismo, doctor honoris causa por la Universitat de Vic y profesor de Blanquerna. Colaborador de la Cadena Ser y de Catalunya Ràdio. Anteriormente trabajó en El 9 Nou y el diari Avui. Medalla de bronce al mérito deportivo junto con José Sámano en 2013. Premio Vázquez Montalbán.

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