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Objetivo terrorista

En ‘Terrorismo y deporte’ (Catarata), Carlos Igualada ofrece un repaso a la historia más reciente de los ataques contra pruebas deportivas

Portada de 'Terrorismo y deporte', de Carlos Igualada.
Portada de 'Terrorismo y deporte', de Carlos Igualada.

Hay fechas que ejercen de hitos en la memoria común. El 11 de septiembre, por ejemplo, dirige los recuerdos hacia las Torres Gemelas de Nueva York. Mucha gente recuerda dónde y con quién estaba en el momento del atentado. Lo mismo sucede con los grandes éxitos deportivos. Es probable que un altísimo porcentaje de la sociedad española recuerde cómo vivió el gol de Iniesta en la final del Mundial de 2010.

Hay varios aspectos del deporte que lo hacen un blanco interesante para el terrorismo. Más allá del daño concreto que pueda generar el ataque -los entornos de los estadios son localizaciones abiertas a las que acuden miles de personas-, está su repercusión global, directamente relacionada con la audiencia que atrae. También las consecuencias psicológicas para la sociedad: el lugar del atentado pasa de convertirse en un espacio de disfrute a uno de recuerdo del dolor.

En Terrorismo y deporte (Catarata), Carlos Igualada, director del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo, ofrece un repaso a la historia más reciente de los ataques contra pruebas deportivas y desgrana las razones que las han convertido en un objetivo para los criminales. Desde el secuestro y asesinato de 11 deportistas israelíes y un policía en los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 hasta los ataques en torneos de críquet en Afganistán y Pakistán en 2020, pasando por el atentado contra la maratón de Boston o el terrorismo de Estado. También de los avances de la lucha contra el terror. Y de la resiliencia del deporte y sus valores frente al odio y la sinrazón.

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