Raquel Carrera y Maite Cazorla: “La competitividad de la jugadora española nace desde que somos niñas”

La pívot gallega, de 19 años, y la base canaria, de 23, lideran el relevo generacional de la selección, que afronta el Eurobasket con el reto de enlazar tres oros continentales y ocho medallas consecutivas

Raquel Carrera y Maite Cazorla, en la sesión oficial de fotos del Eurobasket. feb
Raquel Carrera y Maite Cazorla, en la sesión oficial de fotos del Eurobasket. feb

Maite Cazorla (Las Palmas, 23 años) y Raquel Carrera (Ourense, 19) lideran el relevo generacional que viene gestándose en la selección femenina de baloncesto polimedallista, que entra en juego en el Eurobasket este jueves ante Bielorrusia. Su historia es la de dos talentos precoces que volaron pronto de sus casas, con 14 y 13 años respectivamente, para perseguir sus sueños. Han corrido tanto que, en su eclosión, la canaria ha disputado una Final Four universitaria en EE UU, ha debutado en la WNBA y ha ganado una Liga con el Perfumerías Avenida de Salamanca; y la gallega ha logrado una Eurocup siendo determinante con el Valencia y en abril alcanzó el puesto 15 en el último draft, el más alto de una jugadora española. “Sería divertido coincidir en las Atlanta Dream algún día, nos entendemos muy bien en la pista”, cuentan en la charla con EL PAÍS. Las dos han tenido tiempo de alcanzar a aquellas mujeres que veía en verano por la tele ganando medallas para competir ahora junto a ellas. Tenían cinco y un años cuando Laia Palau debutó en la selección. “Ella muchas veces nos dice, ‘oye, que puedo ser vuestra madre”, sueltan entre bromas y veras.

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Pregunta. ¿Cómo ha vivido el grupo el episodio de los positivos de Alba Torrens y Tamara Abalde?

Raquel Carrera. Nos ha trastocado bastante. Ya teníamos la lista definitiva, estábamos completando la preparación... es duro. Pero también nos ha reforzado y unido como grupo.

Maite Cazorla. A nadie le gusta vivir una situación así. Pero esto va a hacer que todas demos un paso adelante, sin duda. Además, ellas están bien de salud y nos transmiten ánimos también.

P. ¿Cómo afrontan su primer campeonato con la absoluta?

Carrera. Desde las categorías de formación compartes la ilusión por representar a tu país, pero cuando llegas al vestuario de la absoluta se nota un gran salto, por la veteranía de muchas jugadoras. Aquí tenemos a grandes referentes como Laia [Palau]. Nos marcan el camino a seguir, el que han construido ellas durante estos años. Las jóvenes estamos aquí porque lo estamos haciendo bien, pero nos toca aprender mucho.

Cazorla. Estar con gente que ha vivido y ganado tanto es un lujo y una gran oportunidad. Impresiona verte con jugadoras a las que admiras y has visto por la tele ganando medallas. Da respeto, pero pronto descubres también que es un grupo increíble que te ayuda y te empuja. Llegamos con la ilusión de emularlas y crecer con su experiencia y consejos.

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P. Dentro y fuera de la pista muestran una madurez superior a sus años, ¿de dónde nace?

Cazorla. Salir pronto de casa te hace madurar mucho, te endurece. El deporte te hace vivir experiencias que muchas veces, en la vida real, te llegan más tarde. Circunstancias como las lesiones, ganar, perder, la responsabilidad…

Carrera. Sí. Irte de casa y competir en grandes ligas y con gente mayor acelera los procesos. Siempre eres la joven y tienes que adaptarte a todo. Eso te hace espabilar. Tienes que aprender rápido, si no vamos mal (risas).

P. ¿Cómo lo vivieron en casa?

Cazorla. No es fácil. Yo veía a mis padres dos veces al año y a mis amigos apenas en verano. Pero también descubres a muchas compañeras que están pasando por lo mismo y se crea otra pequeña familia. Con el tiempo supe lo mal que lo pasó mi madre, porque ella no me lo contaba claro, aunque ya estaba un poco acostumbrada con mis hermanos mayores. Pero también hemos aprendido a disfrutar más los momentos juntas.

Carrera. A mi madre no le hacía gracia que me marchara tan joven. A veces la llamaba llorando y ella tenía que aguantar y darme el mensaje de “no pasa nada, vamos a seguir”, cuando a lo mejor estaba pasándolo peor. Son muchas renuncias, pero la familia siempre está ahí apoyando. A mi abuela materna le encanta el baloncesto y, cuando voy al pueblo, a veces juego con ella y se la da bien. Yo le digo muchas veces, ‘si hubieras podido, habrías sido jugadora’, pero antes no había tantas oportunidades, vivieron tiempos muy complicados.

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P. ¿Sienten que representan más cosas que un equipo de baloncesto, en esa reivindicación social y feminista que expuso Laia Palau en la presentación del torneo?

Carrera. Tenemos la obligación de consolidar los avances que ellas han ido consiguiendo a fuerza de mucho trabajo. No ha sido nada fácil llegar hasta aquí. Nosotras tenemos muchos medios y espacios que antes no se tenían. Lo valoramos mucho por lo que ha costado y nuestro compromiso es seguir trabajando para conseguir más visibilidad y oportunidades. Aprendemos para cuando nos toque estar al frente. A las niñas hay que decirlas que fomenten sus ilusiones y no renuncien en el camino.

Cazorla. Hablando con Laia y otras jugadoras tomas conciencia de dónde venimos. De la lucha de las mujeres trasladada a nuestro deporte y al revés. Afortunadamente han cambiado mucho las cosas en cuanto a visibilidad y ese es el camino. El deporte tiene que liderar en valores, más allá del trabajo en equipo, la solidaridad, el sacrificio y la humildad, también en lo social.

P. ¿En sus patios escolares de Las Teresianas en Las Palmas y del Colegio de San José en Ourense, los niños dominaban los recreos jugando al fútbol?

Carrera. En el mío no. Yo jugaba en un equipo mixto de baloncesto. Mis amigas de ahora son aquellas niñas con las que jugaba con ocho años.

Cazorla. Yo si recuerdo ser de las pocas chicas jugando en los recreos. Jugaba a todo, eso sí, al fútbol y a todo lo que fuera; y predominaban los chicos, claro. Ya a partir de los 10 años había equipos de chicos y de chicas. Poco a poco se ha ido cambiando esa imagen de los chicos en el medio y las chicas a un lado.

Las 12 jugadoras de la selección posan con las camisetas de Torrens y Abalde. feb
Las 12 jugadoras de la selección posan con las camisetas de Torrens y Abalde. feb

P. ¿Quiénes son sus ídolos?

Carrera. Aquí en el equipo tenemos muchas jugadoras a las que idolatrar, como venimos haciendo desde pequeñas como Alba [Torrens], Laia [Palau], Silvia [Domínguez]… Pero siempre me he fijado mucho en Rafa Nadal y Pau Gasol, que son dos deportistas que representan muy bien el sacrificio como gran valor para conseguir el éxito.

Cazorla. Yo coincido en todo, pero si tengo que elegir me quedo con Laia Palau. Compartir vestuario con ella es un honor. Es un ejemplo indiscutible.

P. ¿Dónde nace el gen competitivo de la jugadora española?

Carrera. Ese “yo también quiero estar ahí” nos hace competitivas desde pequeñas. Esa personalidad de la selección nace desde que somos niñas, se desarrolla desde minibasket y pronto vas viendo la absoluta en el horizonte. Desde niñas empezamos a disfrutar de los partidos ajustados, que son los que mola jugar. Ese es nuestro carácter.

Cazorla. Para disfrutar de la experiencia sabes que tienes que competir desde el principio. Hemos crecido con esa idea y se desarrolla en el tiempo. Hay muchas jugadoras que querrían estar aquí y cuando llegas das siempre el 150%.

P. ¿Cómo fue su formación, una apostando por la vía de EE UU y la otra en España?

Cazorla. La decisión de irme a EE UU fue igual de difícil que la de salir de casa con 14 años, aunque fuera algo mayor. Cambias de entorno, de cultura y de idioma. Fue difícil, pero mis hermanos me hicieron ver que era una gran oportunidad. Ganas una carrera, un idioma y mucha experiencia. Y gracias a ese empujón crecí mucho. Pero esa experiencia se acaba y estoy muy contenta de estar aquí. Como España en ningún sitio. No sé si en el futuro compaginaré temporadas, pero si algo nos ha enseñado la pandemia es vivir día a día.

Carrera. Hubo un momento en el que la liga española vivió dificultades y bajó el nivel. Pero en mi caso, cuando me llegó el momento de decidir, el Valencia me ofreció un proyecto a largo plazo, con cinco años de estabilidad y la posibilidad de jugar y estudiar. Y me tiró quedarme en España. Pero en algún momento me gustaría ir a la WNBA y vivir esa experiencia.

P. Debutan en un verano inédito. Con Eurobasket y Juegos y con el regreso de los aficionados al pabellón

Carrera. En el último amistoso aún no había los 3.000 espectadores que va a haber durante el campeonato pero ya había bastante gente y se me ponía la piel de gallina. Valencia es una ciudad de baloncesto y si pudieran vendrían 8.000. Luego vendrán unos Juegos, pero un Eurobasket en casa es una experiencia increíble.

Cazorla. Tenemos muchas ganas de empezar. Vamos a darlo todo, como siempre. Con el sacrificio y el estilo de siempre. Contamos con la afición y lo vamos a disfrutar juntos.

P. ¿Dónde estaban en 2013 cuando esta selección comenzó a enlazar medallas?

Carrera. Estaba a punto de marcharme a jugar a Vigo. Es un momento muy marcado, ver aquellos partidos con la familia. Ver a Sancho [Lyttle], cómo jugaban, cómo disfrutaban… enseguida empecé a pensar ‘ojalá algún día pueda vivirlo’. Ha sido un camino emocionante hasta verme ahora aquí, a punto de empezar mi primer gran campeonato con la absoluta.

Cazorla. Yo lo seguí también en familia. Las ganas, la ilusión, el sacrificio, la competitividad que empezaron a marcar entonces traspasaba la televisión. Tenemos el honor de estar aquí ahora, pero nos queda muchísimo por aprender y seguir trabajando. El sacrificio y el esfuerzo es lo que más ha trascendido de este grupo. Esta selección no lo ha tenido nunca fácil. Siempre ha habido rivales muy fuertes y circunstancias difíciles, como la que estamos viviendo ahora, pero nada nos frena. Esos son los grandes valores a mantener.

Resistir en la excelencia

La selección femenina de baloncesto comienza su más dificil todavía en busca de su octava medalla consecutiva abrazada como nunca al lema de la capitana, Laia Palau, de 41 años, y de su himno de vestuario (El vals del obrero, de Ska-P), la resistencia. En un verano inédito, España afronta el Europeo de Valencia, que se disputa desde hoy hasta el 27 junio, y los Juegos de Tokio (23 de julio al 8 de agosto) de forma consecutiva, con apenas 25 días de margen.

 

El camino se inicia esta tarde en La Fonteta, con un equipo en pleno proceso de relevo generacional (liderado por Raquel Carrera y Maite Cazorla) y con las bajas de última hora de Alba Torrens (la jugadora franquicia) y Tamara Abalde, tras sus positivos por covid. En su lugar entran Laura Quevedo y Paula Ginzo. “Esto es como en Asterix y Obelix. Ellos resistían a los romanos y nosotras vamos a intentar resistir una vez más”, explicó en la víspera el seleccionador, Lucas Mondelo. “Perder a Alba Torrens es como si Bélgica perdiera a Emma Meesseman, pero ya faltó en el último campeonato y lo ganamos de manera brillante gracias a nuestro trabajo de equipo. Ese es nuestro secreto. Otra jugadora dará un paso adelante. Seguiremos con nuestro estilo e identidad”, completó.

 

España, encuadrada en el grupo A, con Bielorrusia, Suecia y Eslovaquia como rivales en la primera fase, tiene ante sí el reto de enlazar tres oros continentales (que serían cuatro en cinco ediciones, tras los de 2013 en Orchies, 2017 en Praga, y 2019 en Belgrado). Un dominio sin paragón desde los tiempos de la inalcanzable URSS, que logró 21 oros en las 23 ediciones disputadas entre 1938 y 1991. Entre las grandes rivales por las medallas, los arsenales de Francia, con Gruda, Chartereau, Johannes, Williams y Rupert; y Bélgica, con Meesseman, Allemand, Linskens y Mestdagh; y Serbia en la despedida de Sonja Vasic. “Es el campeonato más igualado en los últimos 20 años”, afirma Mondelo. España busca su octava medalla consecutiva en un recorrido memorable.

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Sobre la firma

Es redactor de deportes del diario EL PAÍS, especializado en baloncesto. Además del seguimiento de ACB y Euroliga, ha cubierto in situ Copas, Final Four, Europeos y Mundiales con las selecciones masculina y femenina. Es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid y ha desarrollado toda su carrera en EL PAÍS.

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