JUEGOS OLÍMPICOS

Carlos Llavador y el calvario económico para devolver la esgrima española a unos Juegos

El español, clasificado para Tokio, tuvo que costearse viajes, competiciones y estancias en Italia adonde se mudó a entrenarse, tirando de ahorros, ayudas de amigos y vendiendo camisetas hasta 2016

Carlos Llavador, en el Mundial de 2018 donde consiguió el bronce en florete. Bizzi.
Carlos Llavador, en el Mundial de 2018 donde consiguió el bronce en florete. Bizzi.

La única medalla olímpica de la esgrima española se consiguió en Pekín 2008. Fue el bronce de José Luis Abajo, Pirri, en espada. Fue también la última participación de un tirador español en los Juegos. ¿Falta de talento? ¿De tradición? ¿O de algo más? “La gente desconoce todo lo que hay detrás, la cantidad de sacrificios. De lo que más orgulloso me siento es de haber llegado donde estoy con los medios que he tenido; de haber seguido luchando por mi sueño. Ha sido todo por amor al arte y por pasión…”, cuenta Carlos Llavador por teléfono desde el club de Frascati (a 30 kilómetros de Roma), la cuna de la esgrima italiana.

Es también la fábrica de campeones olímpicos, adónde se mudó en 2015 para entrenarse con los mejores y poder así progresar. “El presupuesto total de España para todas las armas [florete, espada y sable] es el que Italia tiene para un arma y un género… Tienen seis veces más de presupuesto del que tenemos nosotros y claro, eso al final se ve”, añade.

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Llavador tiene 29 años y se ha clasificado para los Juegos de Tokio en la modalidad de florete. Es bronce mundial (2018) y europeo (2015). Hasta 2016 tuvo que costearse viajes, competiciones y la estancia en Frascati. Lo hizo vendiendo camisetas, tirando de ahorros y con el dinero de amigos. Como si fuera un hobby más que uno de los deportes con más tradición olímpica. “Cuando me vine a Italia tenía algo ahorrado y dije: a ver cuánto puedo durar con los ahorros, buscaré algún currito en el club trabajando de ayudante y algo saldrá”, rememora. El profesor de inglés de la academia donde estudiaba, acudió al rescate. “Veo como algo inconcebible que alguien no pueda conseguir su sueño por un tema económico… lo que necesites, te ayudo”, cuenta Llevador que le dijo. “Me empezó a patrocinar, fue el impulso que necesitaba para venir a Frascati, estar más tranquilo y centrarme únicamente en la esgrima”, detalla.

Cuando Pirri (que desde el pasado mes de febrero es presidente de la Federación) ganó el bronce olímpico, Llavador todavía era junior y llevaba un año en el equipo nacional. “La etapa en España fue la más dura. En 2008 empezó la crisis económica y acabó con todo el mundo, del grupo que había me quedé yo solo con el maestro Jesús Esperanza. Jesús me decía que había que siguiera, que lo iba a conseguir, que en cuanto empezara a tener buenos resultados entraría en la beca ADO. Estuve tres años entrenando solo y compaginándolo con las clases de INEF. Cuando pasé a la categoría absoluta, la Federación no podía invertir en mí porque no había equipo nacional estructurado, estaba yo solo y lo veían como un poco descabellado”, relata.

Eso derivó en una serie de peripecias. “Me tenía que pagar yo las copas del mundo (el circuito de competición de la esgrima)… si hay diez al año, yo competía en tres porque era lo máximo que podía aspirar con mi dinero”, añade. Unos 600 euros por cada salida: en Europa y yendo a los hoteles más baratos y volviéndose nada más terminar de competir. Las copas del mundo son necesarias, entre otras cosas, para la clasificación olímpica.

Viajes solo y sin entrenador

Ganó el bronce en categoría sub 23 en 2015. También se pagó el viaje de su bolsillo. “Decidí ir porque veía que podía hacer un buen resultado. Un amigo mío me hizo un logotipo [ponía C LL, florete] y me lo estampé en la camiseta y subí al podio con ella. Ruló por las redes y me encargaron como 250. Con ese dinero me financié más competiciones y al mes saqué el bronce europeo en categoría absoluta”, dice. “Sólo pensaba: el trabajo, el sacrificio, han merecido la pena”, añade.

“Fue el cambio que hacía falta para que la Federación dijera: ‘vale, tenemos que invertir en él”, explica recordando multitud de viajes que hizo solo, sin entrenador. “Me juntaba en las concentraciones con los argentinos, chilenos, brasileños para echar el rato con alguien”.

¿No debería ser al revés, invertir para que haya resultados y no cuando se hayan conseguido? “La esgrima por desgracia está ahora en una situación así. Te tienes que estar haciendo un nombre. En vez de que te creen una estructura para llegar, tienes que llegar tú por tus medios”, contesta al mismo tiempo que confía que con Pirri las cosas vayan a cambiar. A él le cambió la vida el bronce mundial de 2018 que le permitió recibir la beca ADO.


Carlos Llavador celebra una victoria. Pavia.
Carlos Llavador celebra una victoria. Pavia.

Ahora saborea la clasificación para Tokio. Sin olvidar lo cerca que estuvo de Río. “Hay una cosa muy fea que pasó en su día con la Federación que me marcó; fue cuando empezó la clasificación olímpica [abril 2015] para Rio. Yo les dije que estaba planteándome costearme un viaje a Shanghái porque era la Copa del Mundo que más puntuaba, era caro, pero quería intentarlo. Como no podía ir a todas, elegí la que más puntuaba. Ellos fijaron el Campeonato de España de florete en las mismas fechas. Les pedí que lo cambiaran y me contestaron: ‘primero plantéate el nivel que tienes, no vayas a tirar el dinero…”, rememora. No cambiaron las fechas, no fue a Shanghái. “El campeonato de España puntuaba mucho para una beca de la Comunidad de Madrid a deportistas y era la única financiación que tenía para pagarme las competiciones siguientes”, desvela.

“Fui el primer europeo que no clasificó para Río, me faltaron dos competiciones para hacerlo. A lo mejor podría haber clasificado con esas dos [Shanghái y San Petersburgo]… Nunca se sabe pero en vez de competir en 10 pruebas, me la jugué en 8”. Cuenta Llavador que el desgaste de tener que buscarse la vida para poder competir dejó huella porque derivó en mucha presión. “Yo creía que tenía nivel, por eso pedía que invirtieran en mí. Era una presión añadida porque a la vez que pedía eso si luego sacaba mal resultado me veía más vulnerable. Me veía con esa responsabilidad”, se sincera.

Maestros italianos en la federación española

“Carlos ha hecho muchos sacrificios para estar donde está No es fácil ni barato dejar tu país, irte a otro, pagarte el alquiler, la manutención…”, cuenta su entrenador, Fabio Gallí, maestro, entre otro, de Daniele Garozzo, el campeón olímpico italiano de florete en los Juegos de Rio y compañero de entrenamiento de Llavador en el centro de esgrima de Frascati. Un lugar envidiado por los demás países. Italia es el país con más medallas olímpicas en esgrima (125, 49 oros, 43 platas, 33 bronces). En Frascati hay unos 250 tiradores, desde los más pequeños hasta el grupo de deportistas de élite y de la selección italiana.

Ahora mismo hay siete extranjeros más aparte de Carlos (un brasileño, un chipriota, un polaco, un luxemburgués, un eslovaco y un argentino y otro español). Cuenta Galli que el año pasado empezó una colaboración con la Federación española a petición de esta. “Una vez al mes mandamos un maestro a impartir cursos a España. El objetivo es crear una cultura con una base común para que se vaya inculcando y sirva de inspiración. El problema que había en España era un poco eso, que cada uno hacía lo que consideraba, un poco por libre”, explica Galli.

La cultura italiana de la esgrima es la que cautivó a Llavador cuando decidió mudarse allí. “La diferencia es el nivel. La velocidad, la perfección que tienes que hacer en todos los movimientos para conseguir el punto es mucho mayor. Estás todo el rato al límite. Fallas un milímetro y no tocas [el blanco]. En España con el nivel que teníamos puedes fallar centímetros y aun así consigues llevarte el punto”, analiza. Galli, su técnico, define la esgrima con las palabras que le dijo un día su maestro “es una partida de ajedrez jugada a 200 km por hora” y resume en qué ha mejorado Carlos desde que se entrena en Italia.

“Lo que le faltaba era gente de nivel con la que tirar y algo de táctica y estrategia italiana. Es un atacante, es muy rápido, tiene una ‘bella mano’ [mano bonita] como se dice en la jerga de la esgrima. La mueve de una forma que le permite encontrar los puntos de tocado con extrema facilidad. Ha mejorado muchísimo desde el punto de vista táctico”, describe. ¿Qué le falta para llegar a ser top-top? “Desde el punto de vista mental tiene que trabajar un poquito más todavía. Tiene que creerse aún más lo bueno que es”, responde Galli.

Llavador ya disfruta del camino a Tokio sin la presión de tener que financiarse, ni perder energía mental en conseguir ayudas.

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