Lo que la estadística no ve

La tecnología, por muy avanzada que sea, no mide las emociones ni la fortaleza mental. Imagino que Medvedev se habrá percatado de la poca capacidad de aguante que exhibió

Medvedev recoge su raqueta tras estrellarla contra la pista de la Rod Laver Arena de Melbourne.
Medvedev recoge su raqueta tras estrellarla contra la pista de la Rod Laver Arena de Melbourne.ASANKA BRENDON RATNAYAKE / Reuters

Lo que a priori se vislumbraba como una entretenida, dura y competida final de Grand Slam entre Novak Djokovic y Daniil Medvedev resultó, en realidad, un enfrentamiento poco disputado y de escasa brillantez en el que el serbio fue claramente superior.

El partido quedó prácticamente sentenciado con el break del duodécimo juego de la primera manga. Hasta ese momento, habíamos visto un marcador que repartía equitativamente los méritos, así como distintos cambios de estrategia por parte de los dos tenistas. Habían ido combinando intercambios pacientes para preparar bien el punto con momentos de mayor agresividad, buscando la resolución inmediata del tanto. De hecho, el ruso y el serbio tienen características similares. Son casi inexpugnables desde el fondo de la pista, poseen una capacidad de defensa admirable y un contrataque que, la mayoría de las veces, resulta definitivo.

En las horas previas a un gran partido, los jugadores y sus respectivos equipos suelen revisar y ultimar el análisis del juego de su rival. Aunque se conozcan sobradamente, se suelen visionar vídeos y estudiar sobre todo los partidos precedentes. Se intenta descubrir algún detalle revelador, destripar un dato que acote un poco más el planteamiento a seguir cuando se salte a la pista.

Hoy día, cualquiera que esté interesado puede acceder a un impresionante abanico de datos que distintas empresas especializadas ponen al servicio de nuestros jugadores. Podemos saber el tanto por ciento de servicios que nos dirigirán al drive, al cuerpo o al revés; qué clase de intercambios nos favorecen; incluso qué velocidad nos conviene imprimir a la bola. Datos, datos y más datos.

Yo veo la realidad de nuestro deporte bastante más simple o bastante más complicada. No sé cómo debería expresarlo. Es casi imposible saber cuándo nuestro contrincante se decidirá por una u otra opción en el saque, si nos dejará jugar a la velocidad que nos conviene y, sobre todo, no podemos saber si seremos capaces de ejecutar todo lo que habíamos planeado.

Pero la tecnología, por muy avanzada que sea, no es capaz de medir la gestión de nuestras emociones y nuestra fortaleza mental.

Estoy seguro de que Daniil salió a la Rod Laver Arena con toda la información sobre Novak bien analizada, pero no fue capaz de retener el aplomo, de sobreponerse a la frustración de entregar el primer set, ni de mantener la lucha en esos momentos complicados. A mí me sorprende que, a veces, deportistas de este nivel tengan esa poca capacidad de enfrentarse a la dificultad. Imagino que una vez acabado el encuentro, el ruso se percató de la oportunidad perdida y de la poca capacidad de aguante que exhibió.

Un día antes de la final manifestó que la presión era superior para Djokovic, quien no puede perder la oportunidad de sumar títulos si quiere igualar a Roger y a Rafael. Pero el desenlace del partido demostró que la presión fue mucho mayor para él. La diferencia entre anotarse un primer Grand Slam o dejar pasar una nueva oportunidad tiene un peso abrumador, por muy joven que uno sea. Y esto es lo que acusó él. No fue capaz de luchar cada bola como si fuera la última del partido, entregarse en cada intercambio como si le fuera la vida en ello.

Un dato primordial que, curiosamente, no he visto jamás en la más puntera y detallada estadística.

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