Osaka, un reclamo que busca rivalidad

En el tenis, como en todos los deportes, lo que realmente llena las gradas son los clásicos duelos más que los grandes deportistas. Es lo que yo deseo para el femenino

Naomi Osaka firma autógrafos a los aficionados en Melbourne Park tras proclamarse campeona.
Naomi Osaka firma autógrafos a los aficionados en Melbourne Park tras proclamarse campeona.MICHAEL DODGE / AFP

La pandemia nos ha hecho perder un poco la noción del tiempo, así que no recuerdo exactamente la fecha en que Naomi Osaka estuvo entrenándose en la Rafa Nadal Academy de nuestro pueblo, Manacor, ocasionando el revuelo lógico entre los tenistas que se preparan aquí y entre los usuarios locales que coincidieron con ella en el gimnasio de las instalaciones.

No ha sido ninguna sorpresa que se haya proclamado campeona del Open de Australia. Ya mencioné hace unos días que la japonesa partía como la jugadora más en forma del circuito y su actuación durante todo el torneo así lo ha demostrado. La excepción a sus rotundos resultados fue la de su encuentro en los octavos de final contra Garbiñe Muguruza, la única que ha sido capaz de ponerla en serios aprietos y llevarla hasta el límite.

La jugadora nipona, sin embargo, se ratificó tanto en su partido de semifinales contra Serena Williams como en la final contra Jennifer Brady como la nueva estrella del tenis femenino. Destaca por la potencia de sus golpes de fondo, por la intensidad de su juego y por su gran capacidad para generar tiros ganadores. Tiene un gran drive, un buen revés, un primer servicio demoledor y, sobre todo, cuatro Grand Slams en su vitrina, logrados en cuatro años consecutivos, con tan solo 23 años.

Hay sólidos argumentos, pues, para calificarla como la sucesora o el relevo natural no solo de Serena Williams, sino también de la recientemente retirada Maria Sharapova. Como ellas dos, Naomi se está postulando, además, como un gran reclamo comercial para muchas marcas.

Aparte de un tenis muy atractivo, tiene un físico poderoso, unos rasgos multiétnicos y una personalidad contundente. Y apoyó activamente el movimiento antirracista en Estados Unidos, país en el que se ha criado, uniéndose al boicot que distintas personalidades del deporte llevaron a cabo para condenar los disparos que recibió Jacob Blake por parte de la policía, consolidándose así como una imagen muy deseable.

Pero en el tenis, como en todos los deportes, el reclamo y lo que realmente llena las gradas son los clásicos duelos más que los grandes deportistas. Los aficionados a nuestro deporte hemos deseado siempre ver partidos entre Björn Borg y Jimmy Connors; entre Ivan Lendl y John McEnroe; entre Pete Sampras y Andre Agassi; o en la etapa más moderna, entre Roger Federer, Novak Djokovic y Rafael Nadal; los que seguimos el fútbol, queremos ver un Barça-Madrid; y en las competiciones europeas nos atraen los choques con equipos temibles y prestigiosos como el Manchester City o el Bayern de Múnich.

El espectador deportivo se nutre de sentirse partícipe, de tomar partido por uno u otro jugador, por uno u otro equipo y por la emoción que proporcionan las rivalidades ajustadas, los partidos de resultado imprevisible y cierta estabilidad en los deportistas. El aficionado reclama ciertas garantías.

Y esto es lo que yo desearía que ocurriera en el tenis femenino: la aparición de unas cuantas tenistas que den estabilidad y creciente atractivo a los partidos de la WTA. Deseo que Muguruza se confirme como una de ellas. Y presumo que así será. Recuérdese que estuvo a una bola de deshacerse de la flamante ganadora de este Open de Australia.

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