JUEGOS OLÍMPICOS

El desgaste emocional de la pandemia: cambios de chip y una pretemporada permanente

Acostumbrados a competir cada 3 semanas, los deportistas de élite trabajan ahora sin la motivación de un objetivo cercano y para algunos es un “suplicio”; el psicólogo les transmite que sólo se preocupen de lo que está en sus manos

Damián Quintero, la semana pasada en un entrenamiento en el CAR de Madrid.
Damián Quintero, la semana pasada en un entrenamiento en el CAR de Madrid.INMA FLORES

“Controlar situaciones adversas durante mucho tiempo a veces nos puede pasar factura, tanto mental como física. A los deportistas les he trasladado que aceptar la incertidumbre como compañera de viaje disminuye el nivel de angustia. Los imprevistos tienen que formar parte del plan de entrenamiento”, proclama Pablo del Río, psicólogo del CAR (Centro de Alto Rendimiento) de Madrid que trabaja con unos 60 deportistas de entre 15 y 20 modalidades diferentes. Si normalmente en el año olímpico no suele dar abasto, ahora vive pegado al teléfono y al ordenador. A las sesiones habituales –gestión de las emociones, evaluación del trabajo semanal, presión por la clasificación, etc.- se han añadido las incertidumbres e inquietudes que ha generado la covid-19. Las ha sufrido toda la población, los deportistas de élite no son la excepción.

Él los divide en dos. “Ha habido dos extremos: los que se lo han tomado con mucha calma porque acababan de clasificarse para los Juegos y los que no estaban todavía clasificados y estaban preparándose para selectivos o pre-olímpicos. Su situación era: ¿hostia, llevo seis, siete meses trabajando como una bestia y ahora qué hago?”, explica Del Río que les tranquilizaba diciéndoles que intentaran disfrutar del entrenamiento, haciendo lo que podían hacer. “Les decía que no se agobiaran, que las federaciones internacionales iban a programar competiciones que no estuvieran avisadas por lo menos con dos meses de antelación y que era una epidemia mundial que no afectaba sólo a España”, cuenta.

El psicólogo del CAR también divide el proceso que arrancó con la declaración del estado de alarma a mediados de marzo del año pasado en varias etapas. Primero las preocupaciones de los atletas se centraban en cómo no perder la forma física para Tokio sin poder salir de casa durante las 7-8 semanas de confinamiento. Luego, una vez aplazados los Juegos, cómo retomar la preparación (varios deportistas sufrieron lesiones por sobre-entrenamiento) y cómo enfocarla hacia un calendario incierto. “Lo que les planteé es: vamos a llegar en septiembre con los objetivos de octubre, noviembre y diciembre. En enero comienza la cuenta atrás para el día 23 de julio [apertura de los Juegos]. A partir de ahora tenemos que trabajar muy finos pendientes de cómo evoluciona esto; las competiciones que haya, bienvenidas sean”, explica Del Río.

Los deportistas han hecho varios cambios de chip y están acostumbrados a ello, pero el proceso se ha alargado tanto que no ha sido fácil para todos resetear. Son animales de competición, acostumbrados a medirse en la escena internacional y contra los mejores del mundo cada 2-3-4 semanas. Debido a la pandemia se han encontrado en una casilla de salida permanente. Han pasado de tener 10-12 torneos al año (con sus respectivos viajes) a uno o dos como mucho y en el mejor de los casos; con los Juegos lejos en el horizonte y el miedo de que se vuelvan a aplazar según evolucione la pandemia. La capital de Japón y sede de la cita olímpica, sin ir más lejos, ha declarado la emergencia sanitaria. ¿Cómo afecta mentalmente no competir? ¿Cómo se entrena un deportista de élite sabiendo que no va a competir hasta dentro de meses y sin el objetivo de una competición? ¿Cuánto agota la sensación de estar permanentemente de pretemporada?

“Que acabe este suplicio”

“Por un lado te da pereza y lo digo sinceramente: que acabe este suplicio ya, porque encima yo soy de un deporte [karate] que en París2024 no estará. Llevamos cuatro años preparando los Juegos, se me está haciendo pesado y largo. Sólo quiero que haya Juegos, con o sin público ya me da igual mientras los haya. En vez de estar disfrutando del camino a Tokio, que es lo que hay que disfrutar porque los Juegos en realidad luego es un día y nada más, se me está poniendo cuesta arriba. Lo único que quiero es que llegue la cita olímpica, competir y ya está. Y que se acabe este suplicio”, contesta Damián Quintero, subcampeón del mundo de karate seis veces campeón europeo, candidato a medalla en los Juegos. Tiene 36 años y los últimos 19 los ha pasado en el equipo nacional.

“La inquietud que más me trasladan los deportistas ahora es: ¿Cuándo volveremos a competir en condiciones normales? Las de ahora no lo son”, explica Del Río poniendo como ejemplo el máster de judo de Dubai que se disputó la semana pasada. Los deportistas no pueden salir del hotel burbuja, no tiene la opción de la sauna para bajar los dos-tres kilos demás para entrar en el pesaje de su categoría. Eso para Marta Calvo, taekwondista que busca plaza para Tokio en un preolímpico que ya ha cambiado tres veces de fecha, es lo de menos. “En el Europeo de Bosnia en diciembre la seguridad nos vigilaba incluso en el ascensor para que no saliésemos del hotel y para que siguiéramos el camino especial que nos habían habilitado para ir a entrenar, comer y competir. Y para que no nos cruzáramos con los demás huéspedes del hotel”, cuenta.

Ella es de las afortunadas que ha vuelto a competir: dos torneos en dos semanas entre noviembre y diciembre. Llevaba sin pisar el tapiz un año, primero por una fractura de nariz, y luego porque el tsunami covid arrasó con todas las competiciones. Y necesita competir porque todavía no tiene el pase olímpico que se jugará, si no vuelve a cambiar el calendario, en mayo. “Para mí el momento más complicado fue cuando en marzo aplazaron el pre-olímpico pero no dijeron para cuándo. Me estaba preparando para algo que no sabía cuando se iba a celebrar. Había que aguantar para mantener la forma, pero no tener ni idea de las fechas ni de nada fue complicado de gestionar emocionalmente”, relata.

Además, la Federación (que ya tiene a tres españoles clasificados) es la que decide en qué categoría de peso hay más opciones de conseguir un pase, por lo que el paso del tiempo también podía cambiar las cosas en ese sentido. “Cuando ya te dan una fecha la cabeza hace clic, porque los deportistas somos un poco así, te dicen esto es lo que hay y te adaptas. Luego claro estaba la otra parte: ¿ostras y si ahora lo hago peor? ¿Y si he perdido mucho nivel”, añade.

“Las dudas peligrosas llegan ahora”

Todos reconocen que la ayuda del psicólogo es fundamental para dejar atrás los pensamientos negativos y no perder el tiempo dándole vueltas a cosas que no pueden controlar. Les dice que lo importante es tener el trabajo hecho y preocuparse únicamente de lo que está en su mano. “Días malos había también sin pandemia. No siempre puedes entrenarte al cien por cien. Lo importante es quedarte con lo bueno, con el gusanillo que te da la competición y la ilusión y el sueño de estar en unos Juegos”, añade Quintero. Es lo que también les hace ver Pablo del Río. “Aquí hay gente con familia y con ayudas de 500-600 euros. Así que a todos le digo: penséis en lo positivo: os han renovado las becas”, apostilla al mismo tiempo que añade que el momento de la verdad llega ahora.

“Las dudas peligrosas [sobre si habrá o no habrá Juegos] pueden llegar a partir de ahora. Hay que tener respuestas adaptadas ante la frustración. Y manejar la frustración que puede generar volver a competir y no sacar buenos resultados, que sería hasta lo lógico no tenerlos pero que generaría dudas de cara a los Juegos”, añade Del Río.

Alejandro Blanco, presidente del COE (Comité Olímpico Español) animó a los deportistas el pasado jueves. “Nadie puede decir lo que va a ocurrir de aquí en adelante porque nadie lo sabe. No conocemos cuál será el efecto de las vacunas ni qué pasará con la enfermedad, pero sí podemos decir que el COI quiere celebrar los Juegos. Otra cosa es que la evolución de la pandemia no lo permita y por eso hay que estudiar todas las posibilidades. Lo único que podemos decirles a los atletas, que son los protagonistas de todo esto, es que sigan entrenándose y que sigan pensando en los Juegos. Que estén listos para el 23 de julio”, aseguró.

“Yo decidí visualizarme en Tokio desde el primer momento. Lo marqué en el calendario y no he hecho caso a mucho más. En mi cabeza tengo claro que los Juegos se van a celebrar cien por cien y no quiero pensar en otra cosa porque podría mermar mi rendimiento o hacerme que me centre en otras cosas que no debería”, cuenta Paco Cubelos, capitán de la selección de piragüismo y clasificado ya para los Juegos sin tener que jugarse una plaza en el selectivo interno como sus seis compañeros del K4-500. “Lo he llevado bastante bien. La cuarentena sí al principio me generó un poco más de inquietud e incertidumbre porque los Juegos por aquel entonces seguían vigentes y corría el tiempo… Una vez que los aplazaron, intenté volver a la normalidad lo antes posible. Yo no me esperaba tan poco que esto fuera un proceso tan tan largo, pero ha sucedido así y nos hemos ido adaptando a cada situación lo mejor posible. En mi caso no he perdido nunca la motivación: me lo he planteado como un año más para mejorar ciertas cosas de cara a los Juegos”, concluye.


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