RUMBO A TOKIO

El skate español, el ‘desconocido’ y solitario debutante olímpico con 450 licencias

A diferencia de otros deportes de alta competición, no tiene cultura de club, tampoco una estricta disciplina de entrenamiento; no hay instalaciones homologadas y la captación se hace a través de las redes sociales

Danny León, el pasado martes en el skatepark de Boadilla. En vídeo, Danny León y la esencia del skate.FOTO: CARLOS ROSILLO VÍDEO: LUIS ALMODÓVAR Y ÁLVARO DE LA RÚA

"El hecho de que muchos niños ahora mismo estén empezando a patinar es porque les atrae el skate, no porque sea olímpico. Es más, la gente en la calle no sabe que el skateboard es olímpico… Esto es así, hasta que no se estrene en Tokio y no lo vean en la tele, el mundo de a pie no sabrá que es olímpico”, explica Alain Goikoetxea, seleccionador de skateboard, deporte que debutará en Tokio el próximo verano.

España tiene unas 450 licencias y cuatro patinadores virtualmente clasificados (Danny León, Andrea Benítez, Julia Benedetti y Jaime Mateu) a falta de las pruebas que quedan por disputarse y que se suspendieron en primavera debido a la pandemia. No hay fechas para recuperarlas; sólo se sabe que la clasificación se cerrará el 31 de mayo.

No ha habido efecto llamada todavía, no se ha notado un incremento de licencias, como suele ocurrir cuando un deporte entra en el olimpo de los Juegos. Y es que el skateboard es un deporte peculiar que no se rige por los mismos esquemas que el resto. Es un deporte individual, que se aprende o se suele aprender en la calle, sin instalaciones homologadas todavía y que empezó a reglarse no hace mucho tiempo. No hubo, por ejemplo, en España un circuito nacional hasta 2017; ni competición de categoría femenina hasta hace cuatro años. La captación de talentos suele hacerse por redes sociales.

“Hay un gran número de gente que hace skate y que queremos que compita a nivel autonómico y federado. Pero no es fácil arrastrarlos porque no hay cultura a nivel federativo todavía, ni de clubes. No es como otros deportes que tienen sus instalaciones y lugares de entrenamiento. Aquí no hay clubes a los que apuntarse para competir: esto se hace al aire libre, de manera individual. Llegar a esos deportistas es muy difícil, es nuestro objetivo”, explica Francesc Gil, director técnico de la Federación. El skate está adscrito a la federación de patinaje porque así lo ha establecido la internacional.

Los propios patinadores consideran el skateboard un modo de vivir y de expresarse más que un deporte de alta competición con su estricta disciplina de entrenamiento. De los cuatro españoles que aspiran a estar en Tokio, por ejemplo, sólo una, Andrea, tiene plan de preparación física (lo sigue en el CAR de Madrid entre dos y tres veces por semana). “Aparte de deportistas, ellos son artistas. Van desarrollando su estilo personal y su creatividad”, responde el seleccionador cuando se le pregunta por los planes de entrenamiento. Danny, Jaime, Andrea y Julia confirman que no tienen una rutina estricta; las sesiones dependen de lo inspirados, motivados y creativos que estén; un día pueden patinar media hora, y el siguiente de sol a sol.

Julia, la benjamina del grupo y la mejor posicionada en la clasificación olímpica (hay 20 plazas para mujeres y 20 para hombres en cada modalidad, street y park, y no puede haber más de tres patinadores por país) es, además, la número 13 del mundo y tiene fijos sólo dos días de entrenamiento a la semana. El resto, cuando le sobran horas de estudio o cuando necesita “desfogarse”, come dice ella. “No tiene una disciplina superestricta como las gimnastas o las nadadoras. Lo valora bastante y nosotros también”, asegura María, su madre.

Julia, gallega, es también la única de los cuatro españoles con opciones a competir en Tokio que forma parte de esa nueva generación que ha aprendido en una escuela (hay 13 ahora mismo en España; la suya es la de Maroña, cerca de A Coruña). “Tengo 16 años, empecé con 10. Al principio éramos seis e íbamos todos juntos a los campeonatos en la furgoneta del entrenador. De esos seis, soy la única que sigue patinando”, cuenta por teléfono. Ella compite en park [parque], igual que Danny y Jaime. Es un circuito con rampas, mientras que el street [calle], en cambio, tiene bordillos, barandillas y escaleras.

Andrea Benítez, 25 años, de Algeciras, es la única de los cuatro que compite en la modalidad street, estudia el último año de ingeniería eléctrica (le queda una asignatura) y se costeó los viajes para competir hasta hace cuatro años. “Mi primer campeonato internacional fue en Copenhague, un Europeo en el que quedé tercera. Tenía 16 años: llegué allí y dormí en la rampa del skatepark la primera noche; la segunda en el sofá de la oficina”, rememora. A los padres de Jaime Mateu, mallorquín de 25 años que se entrena en Santander, no les hizo gracia que se dedicara a eso. “No le gustaba mucho el rollo de que estuviese todo el día con golpes; lo consideraban un deporte de vándalos… La cosa cambió cuando empecé a llevar dinero a casa”, dice.

Reivindicación de igualdad

Él y Danny León sí consiguen vivir de esto gracias a los patrocinadores y han competido por medio mundo. Salían de España, en tiempos precovid, también para entrenar. “Aquí no hay nada bueno de momento, nada bueno como para estar al nivel de unos Juegos. La mayoría son rampas demasiado básicas”, cuenta Danny, mostoleño de 26 años, con incontables seguidores en Instagram y una marca de ropa propia. Su teléfono nunca para de sonar.

A Andrea, que compitió con los chicos hasta 2016 porque no había competiciones femeninas, le costó mucho más ganarse la vida con el skate por el simple hecho de ser mujer. “La inclusión en los Juegos ha mejorado todo y nos ha abierto la puerta. Antes era complicado tener las mismas oportunidades en cuanto a marcas y ayudas económicas porque no había competiciones femeninas. Las había privadas y funcionaban con invitaciones”, explica. Asegura que ya se ven muchas más niñas patinando en los skatepark.Y Julia, con una progresión tremenda según los expertos, es una buena prueba de ello.

La captación de nuevos talentos, en un deporte tan peculiar y sin cultura de clubes, depende en buena medida de las redes sociales. Los técnicos las usan para hacer scouting. “Alain [el seleccionador] trabaja en un equipo de rookies, las jóvenes promesas que intentan tener controladas en cada comunidad autónoma. Ahora bien, si tenemos, por ejemplo, a 20 rookies controlados, seguramente haya otros 20 que no participen en ninguna competición, pero patinan igual o mejor. Si no van a campeonatos, es difícil verlos. Como juegan mucho con las redes sociales, nos aprovechamos”, explica el director técnico.

A Julia, sin ir más lejos, la vio el seleccionador por primera vez en un vídeo de WhatsApp que le grabó su técnico. Pensaba que era muy buena y se lo envió. El siguiente paso fue ir a comprobar en una competición si tenía nivel para unirse al equipo nacional.

Ninguno de ellos se ve en los Juegos todavía. Tampoco sueñan con una medalla olímpica como cualquier deportista. Danny dice que si se clasifica, bien, pero que va a seguir patinando igual porque no le va a cambiar la vida el hecho de que el skate sea olímpico. Andrea opina lo mismo, pero sí lo ve como una reivindicación de igualdad: “Hace 15 años era impensable que una mujer se dedicase al skate en España. Ahora vamos a estar allí”.


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