CHARLAS CON DEL BOSQUE

Quique Setién: “En el Barça no fui yo, no pude o no supe”

El entrenador cántabro, despedido del equipo azulgrana en agosto tras un traumático 2-8 ante el Bayern, reflexiona por primera vez en público, con Vicente del Bosque, sobre su dura pero enriquecedora etapa azulgrana

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Del bosque charla con QUIQUE Setién

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El 17 de agosto, cuando fue destituido como entrenador del Barça, Quique Setién (Santander, 62 años) dio un paso atrás y desapareció de la circulación. Ni una palabra más alta que otra. Ante la negativa del club de pagarle el contrato, puso el caso en manos de sus abogados. Silencio absoluto mientras espera la resolución desde su casa de Liencres (Cantabria), mirando en la lontananza a las vacas que hizo famosas al fichar por los azulgrana.

Su vuelta a la vida pública llega en esta conversación con Vicente del Bosque (Salamanca, 70 años). No se conocían, pero hace tiempo que habían sopesado una charla de entrenador a entrenador. Esta se produce el pasado día 19, antes de la dimisión de Josep Maria Bartomeu, el presidente que fichó y despidió a Setién.

Del Bosque. ¿De qué equipo eras de pequeño…?

Quique Setién. Del que eran todos los niños, del Madrid.

D. B. El Racing, el Atlético, el Logroñés… Marcaste muchos goles para no ser un ariete clásico.

Q. S. Al inicio jugaba de 9, pero nunca fui un goleador. Con los años acabé jugando en el medio. Al perder velocidad y capacidad para llegar fui inteligente para utilizar las armas que me quedaban.

D. B. Estuviste en el Atlético de Jesús Gil...

Q. S. Llegué con Vicente Calderón y tuvimos un año extraordinario, jugamos una final europea contra el Dinamo de Kiev, que nos ganó 3-0. La temporada siguiente, Luis Aragonés tuvo un problema y dejó el club. Murió Calderón, el presidente del que guardo mejor recuerdo por su seriedad, integridad y manera de ser. Con Gil el cambio fue radical, no conocía el mundo del fútbol y fue muy estridente.

D. B. Como jugador tenías fama de rebelde.

Q. S. Siempre me he rebelado contra lo que consideraba injusto. Defender mi verdad me generó problemas, pero también muchas satisfacciones.

D. B. ¿Cuántos entrenadores tendrías en tu carrera…?

Q. S. Unos 14 o 15. El que más me influyó fue Luis Aragonés. Fue un cambio brutal, la primera vez que tuve un preparador físico. Gané una capacidad de trabajo tremenda. No quiero olvidarme de Paquito, en el Racing. El que más me mejoró en todos los sentidos. ¡Y lo tuve con 32 años!

D. B. Dejaste de ser jugador y pasaron unos años antes de que te dedicaras a ser entrenador.

Q. S. Veía muy complicado ser entrenador. Estuve cinco o seis años jugando al fútbol-playa. Cuando me ofrecieron el cargo en el Racing estuve muy reticente. Dije que sí y ascendimos, pero no las tenía todas conmigo.

D. B. En Lugo fue donde dijiste: ‘Ahora sí voy a ser entrenador’.

Q. S. Fue una etapa maravillosa. Estaba tan a gusto que no firmé ningún contrato, salvo el primero. Todo era de palabra. Comencé a sentirme entrenador.

D. B. Lugo, Las Palmas, Betis y ocho meses en el Barcelona. ¿Notaste una gran diferencia en el comportamiento del vestuario de esos primeros clubes al último?

Q. S. Sí, sí. La experiencia en el Barça ha sido extraordinaria. He tenido la oportunidad de vivir algo único. Les dije a los jugadores que nunca había estado en un vestuario como ese, que estaba con los mejores jugadores del mundo.

Setién: “Debí tomar decisiones drásticas, pero pensé en el club”

D. B. Pienso que entre los vestuarios hay pocas diferencias. Lo más importante es tener unas buenas relaciones personales. Si hay respeto… Yo tuve mucha suerte en ese sentido. Es muy puñetero si hay algún jugador no se comporta adecuadamente.

Q. S. Totalmente de acuerdo. En mis 40 años en un vestuario, primero como jugador y después como entrenador, he llegado a la conclusión de que tienes 16-18 chavales absolutamente comprometidos. Hay cuatro o cinco que no tienen ese entusiasmo. Se entrenan, pero se dejan llevar y si las cosas van bien, suman y, si no, se quedan ahí. Luego tienes uno o dos que son complicados y retorcidos. Los he tenido como compañeros y como técnico. Esto sí ha sido permanente en todos los equipos. He tenido la máxima de decir la verdad. Si un jugador no juega y pide explicaciones, tienes que ser sincero con él.

D. B. Tampoco creo que haya que darles muchas justificaciones. Puedes caer en errores de por qué lo haces con unos y no con otros. Y les puedes decir cosas que te pueden rebatir. En el fútbol cualquier idea se puede rebatir. Hay que tener cuidado. Yo creo que la esencia de todos los vestuarios tiene que ser igual. El entrenador debe tratar de ser justo, creíble en lo que dice. Un líder tiene que ser así. Entrar al vestuario y que se note que está.

Q. S. Es algo que te tienes que ganar con el tiempo. Desde el primer día que entras en el vestuario los jugadores están con los oídos abiertos.

D. B. Has entrenado al Barcelona que, además, tiene a Messi. Y vas el primer día y dices que para ti era un orgullo entrenar al mejor jugador del mundo...

Q. S. Es que creo que Messi es el mejor de todos los tiempos. Ha habido otros grandísimos jugadores que han sido buenísimos, pero la continuidad que ha tenido este muchacho a lo largo de los años no la ha tenido nadie. Si acaso, Pelé... Le dije un día que llevaba 15 años esperando que llegara el partido del Barça para verle.

Setién: “Leo es difícil de gestionar. ¡Quién soy yo para cambiarle! Si le han aceptado durante años como es y no le han cambiado…”

D. B. ¿Hablabas mucho con Messi? ¿Las miradas?

Q. S. Hay otra faceta que no es la de jugador y es más complicada de gestionar. Mucho más. Algo inherente a muchos deportistas como se ve en el documental de Michael Jordan [The Last Dance]. Ves cosas que no te esperas.

D. B. Un técnico amigo que dirigió al Atlético me habló de un caso con un jugador: ‘O él o yo’. Le dije que le echarían a él. Normalmente, el jugador está más defendido que el entrenador.

Q. S. Es muy reservado, pero te hace ver las cosas que él quiere. No habla mucho. Sí, mirar, mira… Después de marcharme lo que sí tengo claro es que en determinados momentos tenía que haber tomado otras decisiones, pero hay algo que está por encima de ti: el club. Y está por encima del presidente, del jugador, del entrenador. Es el club y los aficionados. Son a los que debes el mayor respeto y tienes que hacer lo más conveniente para la entidad. Hay millones de personas que piensan que Messi, o cualquier otro jugador, es más importante que el club y que el entrenador. Este jugador, como otros a su alrededor, han vivido durante 14 años ganando títulos, ganándolo todo.

D. B. O sea que la frase que el Tata Martino le dijo a Messi —"ya sé que si llamas al presidente me puedes echar en cualquier momento, pero no me lo demuestres todos los días"—, encaja perfectamente. ¿Te quedaste con ganas de decírselo?

Q. S. Sí, he escuchado esa frase y otras. No me hace falta que nadie me diga lo que dijo Martino u otro. Lo he vivido. He tenido experiencias suficientes para hacer una valoración exacta de cómo son realmente este muchacho y los demás.

Del Bosque: “Lo más importante es la generosidad. Y si llega por parte de los más grandes, tendremos mucho ganado”

D. B. Lo que te honra es que hables como hablas de él, y que digas que es el mejor jugador de todos los tiempos. Lo más importante en los deportes colectivos, en contraste con los deportes individuales, es que debe haber una generosidad. Y si la generosidad viene de los más grandes tendremos mucho ganado. Si por ejemplo un día decides quitar a Messi media hora porque está el partido sentenciado y das cariño a otro jugador esa es la generosidad que debe existir en un equipo. Quien no la tenga...

Q. S. Eso es difícil cuando alguien se ha acostumbrado a ganar. Y cuando dentro de sí mismo se genera una ansiedad que, cuando no lo consigue, le hace daño. Realmente, la exigencia tan bestial que hoy existe en el fútbol le ha imbuido a él y a otros muchos que necesitan vencer permanentemente. Pero, claro, para ganar tú no puedes utilizar todo. Es verdad que hay jugadores que no son fáciles de gestionar. Entre ellos Leo, es verdad. También hay que tener en cuenta que es el mejor futbolista de todos los tiempos. ¡Y quién soy yo para cambiarle! Si allí le han aceptado durante años como es y no le han cambiado…

D. B. Se trata de tener un buen grupo y así el jugador será mucho mejor para el equipo.

Q. S. Seguramente, a su manera, es generoso. El problema es que la perspectiva desde dentro a veces te engaña. La realidad que ellos viven no es la realidad que vivimos los demás. Para ellos, y para mucha gente, lo único que importa es ganar y todo lo demás no vale. Hasta que no dejas el fútbol y no pasan unos años, no ves con claridad la realidad de la vida. Estás metido en lo tuyo, te retroalimentas del mismo grupo siempre y son situaciones difíciles para ellos. Son chavales a los que damos todo.

D. B. Desde fuera ves que todas las pelotas tienen que tener el mismo destino, parece como si alguno dijera: ‘si no se la doy a Messi y…’. Se convierte en un servilismo mal entendido.

Q. S. Hay ocasiones en que no tiene que ser así. No se la tienes que pasar siempre. Tienes que tomar tus propias decisiones y afrontar la responsabilidad.

D. B. No sé si las intervenciones de tu segundo, Eder Sarabia, les alteró un poco y en lugar de poner agua al fuego...

Q. S. Vicente, el primer día expliqué a los futbolistas cómo era Eder. Les dije que el primero que le tenía que aguantar era yo. Es un chaval que tiene energía pura, que vive el fútbol con intensidad, pero que es como es. No le vamos a cambiar ya. Tratamos de cambiarle algunos aspectos porque le quiero muchísimo. También sé que aporta grandísimas cosas y eso hay que valorarlo. Es un chaval extraordinario. El día que le sacaron las cámaras diciendo cosas, le dije que no podía dar esa imagen. Al día siguiente hablé con los capitanes y les pedí disculpas. Ellos me dijeron que no les importaba que chillara y les llamara la atención. No soy de pegar gritos, nunca lo fui. A veces viene bien que alguien lo haga, para meter intensidad. Los entrenamientos tienen que ser como los partidos. Muchos valoraban su figura.

D. B. ¿Crees que en el Barça has sido el Setién puro, ese Quique rebelde que llevas dentro?

Q. S. Noooo. Desde luego que no. No he sido yo mismo. No he podido, o no he sabido, la realidad es esa. Cuando firmas por un club de una dimensión como el Barça ya sabes que las cosas no van a ser fáciles a pesar de tener los mejores jugadores del mundo. La realidad es que yo no he podido ser yo, ni he hecho lo que tenía que hacer. Es verdad que podía haber tomado decisiones drásticas, pero tampoco hubieran arreglado nada en un espacio tan corto como el que he estado y en el que todo se concentró después del confinamiento. Hasta entonces el equipo estuvo bien. Íbamos cambiando muchas cosas. Al parón llegamos dos puntos por delante. Al volver, empezamos bien en Mallorca, pero la situación se complicó y la trayectoria del Madrid fue extraordinaria. Al final, la tensión nos pudo. Pero, realmente, hay situaciones que en otro contexto y en otras circunstancias yo tenía que haber sido diferente. No había tiempo ni para pensar, ni para trabajar. Si tomaba decisiones drásticas podían perjudicarnos. Teníamos la Liga ahí, la Champions ahí. Luego pasa lo que pasa contra el Bayern

“Luego me enteré de que ya estaba fuera antes del 2-8. He pasado el luto”

D. B. ¿Te sientes estigmatizado por ese 2-8?

Q. S. Quedas tremendamente dañado, pasas a la historia del Barça con esa derrota. Asumo mi porcentaje de culpa. Algún día igual escribo sobre esto. Tras echarme me enteré de que la decisión ya estaba tomada antes del 2-8. Me enteré de todo.

D. B. ¿Ganas de entrenar?

Q. S. No muchas... Estoy a gusto en casa, con el mar, con las vacas famosas. Ya pasé el luto.

D. B. Como entrenador sufrir, sufrir, no he sufrido nunca. Seguro que esos ocho duros meses también fueron enriquecedores.

Q. S. Vicente, nunca me oirás quejarme. Llevo 40 años viviendo del fútbol. Era botones en una oficina hasta firmar mi primer contrato. Siempre estaré agradecido al fútbol por todo lo que me ha dado.

“Contra el ‘dream team’ de Cruyff solo corrías”

Ya en sus tiempos como técnico incipiente en Segunda B, Quique Setién no disimuló jamás su militancia a ultranza en el cruyffismo. Por entonces, ni remotamente soñaba con llegar algún día al banquillo del Camp Nou. Setién había padecido como jugador al Barça de Cruyff. Ahí, corre que te corre sin oler la pelota se despertó su eterna admiración por aquel estilo del dream team.

Del Bosque. Al llegar al banquillo del Lugo es cuando dices públicamente que eres cruyffista. Defiendes tu manera de entender el fútbol y eso demuestra que no lo dijiste para la galería cuando fuiste el Barcelona en enero de 2020. Pero el cruyffismo no se ha mantenido puro en el tiempo. Ha habido una involución en algunos conceptos.

Quique Setién. Entrenadores como Guardiola lo mejoraron.

D. B. ¿Tú crees? Guardiola ya cambió el dibujo. Con Cruyff eran tres defensas y Pep lo transformó en dos, o en cuatro, según lo mires.

Q. S. Me abrió los ojos que cuando jugábamos contra el Barça de Cruyff te pasabas el partido corriendo detrás del balón. Ese se la pasaba a ese, y ese al otro, y al otro… No la olías. Pasas 80 minutos así y te preguntas cómo consiguen que el contrario no tenga la pelota durante tanto tiempo. Entonces me di cuenta de que eso era lo que quería. Siempre, desde niño, me había gustado tener el balón en el pie. Comienzas a construir algo dentro de tu cabeza. ¿Por qué pasa esto? Pues porque la gente se coloca bien. A veces no es cuestión de correr de más, sino de pararte. Todavía hay muchos futbolistas que tienen la tendencia de correr y correr. A veces es mejor estar bien perfilado. Al futbolista no le digo si debe jugar rápido o lento, pero cuando hay que conducir, hay que conducir, no puede pasar. Los jugadores deben tomar decisiones, entender el fútbol. El juego está siempre en movimiento y hay que hacer en cada momento lo que pide el partido.

D. B. Antes no se entendería un Barcelona con dos mediocentros como ahora. Siempre fue un solo mediocentro. Ya ha cambiado el proceso. El Barcelona de Cruyff se caracterizaba por dos extremos-extremos, por abrir bien el campo y por tener un mediapunta como Bakero.

Q. S. La cuestión estaba en desgastar al rival y llevar el balón a las zonas de arriba para que los jugadores de calidad que tenían hicieran el uno contra uno. Mientras, no rifar la pelota y si había que jugar para atrás, se hacía, que no se veía mucho. O llevar el balón de un lado a otro. Ha habido entrenadores en el Barcelona que han cambiado mucho y, aunque han querido mantener la filosofía de tener el balón, no han jugado el fútbol posicional que se instauró en ese club. Ahora, todo ha cambiado. No hay jugadores con tanto desborde como había antes, cuando había más espacios. Ahora, un jugador de banda tiene que hacer un uno contra tres porque está todo estudiado. Tácticamente el fútbol de hoy es mucho más complejo.

D. B. Además, en el fútbol no hay una receta única para ganar. Los contraataques van a existir toda la vida, es obligatorio.

Q. S. Está claro que todo es válido y se han ganado campeonatos con distintas formas de jugar. Hay equipos construidos para jugar y otros para destruir. En Lugo, en Segunda B, me decían que no se podía jugar bien. Les dije cuáles eran mis ideas y que no iba a cambiar. Y lo hicimos bien.