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BLOGS Por EDUARDO SALETE VELA

Esquiar hasta los dominios del gran oso blanco

La magia del 'backcountry' en el invierno de Noruega

El esquí es el deporte nacional de Noruega, no en vano la primera fijación estable con la que nació el esquí moderno fue inventada por el noruego Sondre Nordheim. Oslo es la única ciudad europea en la que se puede ir a esquiar en metro. Está ciudad dispone de más de 2.500 kilómetros de pistas de esquí de fondo y 90 kilómetros de pistas iluminadas ¿A alguien le extraña que los noruegos arrasen con el medallero en los mundiales y las olimpiadas? Y es que la oferta de nieve en Noruega es inmensa, pero lo que la distingue del resto de destinos de esquí en Europa, lo que la hacen ser un must para todo fanático de la nieve, es que solo en sus cumbres se puede disfrutar de descensos interminables, bajo la aurora boreal y en mitad de la naturaleza más prístina y salvaje del continente.

Esquí en los bosques de Oslo. ampliar foto
Esquí en los bosques de Oslo. Nordnoge.com

Las montañas, valles y fiordos noruegos conforman un paisaje casi irreal. A uno le parece estar en el escenario de una película épica. Pero si a su fantástica orografía le añadimos el manto níveo del invierno y las luces boreales, los amantes del esquí fuera de pista alucinan en colores… los de la aurora del norte, evidentemente. Y no solo por la belleza, si no por los kilómetros y kilómetros de laderas de nieve en polvo completamente vírgenes, sin rastro de pisada, que se extienden a la disposición del esquiador. Este es uno de los viajes que todo amante outdoor debe tener en su lista de cosas que hacer en la vida. En invierno el sol apenas se alza y tiñe de naranja y amarillo el horizonte durante unas pocas horas hasta que anochece, y entonces las montañas enmarcan la danza de los rayos solares sobre la magnetosfera. Hay varios destinos para disfrutar esta experiencia como los Alpes de Lyngen o la isla de Senja, pero yo he elegido el archipiélago de Lofoten y la exótica isla de Svalbard, el reino del oso polar.

3 rutas en Lofoten

Lofoten es un archipiélago ártico constituido por montañas de granito irregular que ofrecen infinitas laderas de nieve en polvo desde la cima de sus picos hasta el mar, abiertas algunas, "adrenalíticas" otras o entre hermosos bosques de abedules. Allí la temporada es eterna, tanto que uno podría estar esquiando bajo las luces del norte en invierno hasta el sol de medianoche en verano, ininterrumpidamente. De todas las opciones, que no son pocas, he elegido tres, cada una con una característica: facilidad, socorrida y espectacular.

Vista desde el monte Rundtinden, Lofoten. ampliar foto
Vista desde el monte Rundtinden, Lofoten. Lofoten

Monte Rundtinden. El más redondeado y fácil de escalar desde casi cualquier dirección, se encuentra en la isla de Austvågøy, y se alza 830 metros sobre el nivel del mar. Ofrece condiciones de esquí muy variadas, pero todas excelentes. Una opción perfecta para empezar.

Los picos de Småtindan. Si vas a Roma haz lo que hacen los romanos, y los Småtindan son los más populares en Lofoten entre los esquiadores autóctonos, por algo será. Se extienden cerca de la ciudad de Kabelvag, por lo que no precisa transporte para llegar, son fáciles de recorrer y se puede esquiar casi por cualquier sitio. Pero a los lugareños les gusta la ruta que va desde Svolvær, a través de los tres lagos Nøkkvannene, hasta Utsikten, que continúa a lo largo de la gama de picos de Småtindan hasta llegar a Solhålla, antes de regresar a Svolvær de la misma manera, es lo que los noruegos llaman "hacer el Småtindan".

El Monte Geitgaljartinden. Esto es el auténtico bistec con patatas del esquí fuera de pista, sin duda el más sobrecogedor de Lofoten. Es la opción para el mejor día del viaje, cierto que toda la jornada se empleará en escalar y descender el Geitgaljartinden, pero también es el descenso más largo de todo Lofoten, 1.085 metros sobre el nivel del mar. El ascenso comienza detrás de la tienda en Liland por una pista de esquí iluminada, cuando se alcanzan los 600 metros se puede elegir entre tres ascensos. El de la derecha es el más suave, el del centro es empinado y de descenso rápido y el de la izquierda lleva al descenso más largo. Esta ruta es para los más expertos, hacer cumbre implica utilizar crampones y piolets y siempre hay que estar alerta de las avalanchas que pueden ser frecuentes en días de sol.

Aventura en Svalbard

Svalbard, situada a 1.300 kilómetros al sur del Polo Norte es el dominio del gran oso blanco, uno de los destinos más extravagantes de Noruega. Gigantescas lenguas de glaciar orladas por cumbres amenazantes, donde no se puede ver un árbol y todo en el horizonte es un extenso desierto de nieve.

Campamento Ski Touring en Svalbard. ampliar foto
Campamento Ski Touring en Svalbard. nordnorge.com

En Svalbard no se va a encontrar la nieve perfecta ni los descensos más empinados, se trata más de sumergirse en una naturaleza salvaje calzando esquíes. En las expediciones de Svalbard se aprende a esquiar en todo tipo de nieves, a cómo moverse en el entorno ártico, cómo comportarse al aire libre y cómo montar un campamento para pasar la noche. Por supuesto se puede disfrutar de jornadas de esquí de un solo día, dirigirse desde Longyearbyen al monte Trollsteine, alcanzar su cima a 850 metros y, después de un almuerzo caliente, descender otra vez esquiando hacia la ciudad.

Osos polares en Svalbard. ampliar foto
Osos polares en Svalbard. wildphoto.no

Pero ya que uno se ha plantado en mitad del círculo polar ártico, lo mejor es vivir una aventura de varios días, pernoctando en tiendas, esquiando durante el día y experimentando la naturaleza polar en toda su extensión. Un viaje de Svalbard Wildlife Expedition propone explorar y acampar en Bolterskaret, un área sin tráfico de motos de nieve entre los picos Soleitoppen, Gilsonriggen y Foxtoppen. Un fantástico entorno completamente salvaje y dominio de los osos polares. De hecho, cada expedicionario debe realizar una guardia durante la noche para alertar si se acerca un oso polar al campamento demasiado. Pero tranquilo, en estas expediciones se tiene suerte si se puede ver un oso de lejos o incluso hallar una huella del plantígrado en la nieve, los encuentros no son frecuentes.

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