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‘Machín’, el primer hincha de River Plate

Los fanáticos 'millonarios' que este sábado presenciarán en Lima la final de la Copa Libertadores contra Flamengo deben mucho a este futbolista frustrado que hace 100 años saltó del campo a las gradas

La formación de River Plate en 1916, antes de un triunfo por 2-1 ante Boca. Machín está de pie a la derecha, con traje negro.
La formación de River Plate en 1916, antes de un triunfo por 2-1 ante Boca. Machín está de pie a la derecha, con traje negro. Museo River Plate

River Plate enfrentará a Flamengo de Brasil este sábado en Lima en búsqueda de su quinta Copa Libertadores, la primera final a partido único en la historia de la Conmebol. El dato que seguramente desconocen los seguidores del equipo argentino -los aventureros que viajaron a la capital peruana, algunos de ellos durante 72 horas en bus desde Buenos Aires, y los que se quedaron en su país- es que si los pretorianos de Marcelo Gallardo vuelven a ganar la Libertadores será un magnífico premio simbólico para quien se puede denominar el primer hincha de River, Aureliano Gomeza, alias Machín, un discretísimo futbolista amateur que hace 100 años, el 15 de agosto de 1919, jugó su único partido en la Primera del club, un amistoso contra Estudiantil Porteño.

River no habría construido su infinito sin hinchas que hicieran del equipo su hábito. Antes de que su gente se contara de a millones, el precursor que siguió a River a mediados de la década de 1910, cuando en Argentina vivían 8 millones de personas -un tercio de los cuales había nacido en el exterior- y en Buenos Aires circulaban 20.000 autos, 11 líneas de tranvías eléctricos y todavía no se habían inventado los colectivos, fue Gomeza, alias Machín, el profeta olvidado que conocía a varios fundadores del club cuando River todavía era un grupo de amigos de La Boca.

Machín llegó al club en 1912 y comenzó a jugar en las inferiores. Era de esas personas queribles y enseguida fue adoptado por los futbolistas de Primera, algunos años mayores que él. Gomeza se convirtió en una compañía para el equipo y comenzó a seguir a River por todas las canchas: viajaba en los trenes junto a los jugadores en una época en que no se vendían camisetas ni se cantaban temas de tribuna. Una foto de 1916 lo muestra formado junto a los jugadores que le ganaron 2-1 a Boca: son 11 futbolistas y Machín de pie, con cuello alto, saco, flor en el ojal y mirada solemne hacia la posteridad, como el doceavo jugador o el primer hincha. La palabra hincha ya había reemplazado a espectador y hacía más de una década que se cobraba entrada, desde que Estudiantes de Buenos Aires lo decidió en 1905.

Gomeza Machín solo jugó un partido en Primera hace 100 años, pero no se deprimió: si no podría formar parte del equipo desde adentro, seguiría desde afuera. El padre de las tribunas no se iría nunca del club y, cuando el fútbol se profesionalizó en 1931, pasó a ser el masajista del primer equipo. Empezó como un “lavapatas” y aprendió a reacondicionar músculos de futbolistas agotados, pero sobre todo se ganó su confianza. Fue el confidente y consejero de las primeras estrellas.

Machín aparece así en varias fotos de las décadas siguientes: es fácil reconocerlo por su buzo con la letra M, de masajista. Uno de los momentos más lisérgicos de la historia de River, la primera de las tres vueltas olímpicas que el club dio en la Bombonera, en 1942, lo tiene como protagonista: el equipo acababa de salir campeón después de empatar 2-2 un partido que perdía 2-0 y los jugadores, en vez de elegir a Pedernera –el autor de los dos goles- como el centro de los festejos, levantaron en andas a Machín.

"Cuando me hablaron de psicólogos para jugadores, yo recordé al mejor psicólogo que tuvimos en mis mejores años de jugador, aquel inolvidable Machín, a cuyo alrededor teníamos espíritu y mística", lo definió Carlos Peucelle, el delantero por el que River recibió el apodo de Millonarios en la década del 30. El actual campeón de América, que este sábado intentará repetir el título, también está formado por las semillas de Machín.

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