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EL JUEGO INFINITO COLUMNA i

Piqué se fuma un puro en un bombardeo

El defensa del Barcelona y Van Dijk no necesitan hacer nada especial para atraer las miradas. Les basta con ser especiales

gerard pique
Piqué saluda a los aficionados tras el Barcelona-Liverpool. AP

Luz, cámara, pasión

Messi, como todo clásico, nunca se termina. El miércoles dio tal exhibición de dominio de la situación que todo -el Nou Camp a reventar, el partido tremendo y hasta el fútbol mismo- pareció más pequeño que él. Y eso que fue un partido entre colosos, dramático e imprevisible como la batalla de Juego de Tronos de la que veníamos, solo que el fútbol está mejor iluminado. Esperábamos un Barça dominante y un Liverpool contragolpeador, pero se intercambiaron los papeles en fases muy largas del encuentro. Esperábamos un partido atado por los nervios y muy precavido a la espera de la vuelta, pero los dos jugaron desatados desde el primer al último minuto. Esperábamos un partido entre un equipo supercompetitivo y un hombre empeñado en ganar la Champions, pero nadie podía imaginar que el hombre le ganaría al equipo. Esperábamos un buen partido, pero fue uno grandioso.

Una cuestión central

Barça y Liverpool pusieron frente a frente a dos centrales que defienden como titanes y mueven la pelota con la seriedad que solo los niños ponen cuando juegan. Defensores de figuras imponentes, con la serenidad propia de los que van sobrados y, cada uno a su manera, carismáticos de los que ya no se ven. No es lo mismo personalidad que carisma. Personalidad tiene todo aquel que desafía la presión que propone el fútbol. El carismático dota de fuerza espiritual lo que hace y lo que dice, convoca miradas, provoca o apacigua tensiones, crea debates, atrae y repele. De ese material están hechos Piqué y Van Dijk. No necesitan hacer nada especial para atraer las miradas. Les basta con ser especiales. Esta semana vivieron un partido de una exigencia máxima, en algunos tramos sufrieron y algunos duelos los perdieron, pero conservaron siempre la dignidad propia de los cracks defensivos, esos tipos que se fuman un puro en medio de un bombardeo.

El milagro de los panes y los pases

El Ajax va de conquista en conquista (Madrid, Turín, Londres…) con la naturalidad de quien realiza un trámite. En los primeros partidos empezamos generalizando el análisis: eran el Ajax, un equipo joven, barato y travieso. Pero la admiración empezó a ponerle nombre a cada jugador y ya estamos familiarizados no solo con De Ligt y De Jong, sino que han salido a escena Tadic, Ziyech, Neres o Van de Beek. Todos se hicieron adultos en los últimos tres meses, como si cumplieran años y ganaran brillo en cada eliminatoria. Aunque hayan desafiado a la industria llegando a la cumbre siendo modestos económicamente, el mercado ya empezó a corregir sus previsiones. Ya son el Ajax, un equipo joven, caro y travieso. Todo gracias al fútbol, ese juego que a veces es un tostón y otras, por obra y gracia de talentos complementarios, una maravilla que produce adicción. Y dinero.

El gol decente

El Leeds marcó un gol poco ético, se dejó empatar de inmediato y el episodio fue calificado como una excentricidad de Bielsa. Lo excéntrico, en realidad, es que la picardía tenga más prestigio que la honestidad. Festejé el gol devuelto, porque todo acto de dignidad me emociona. El fútbol es solo una ficción, a veces divertida y a veces dramática, pero su impacto es tan grande que mucha gente lleva a sus estilos de vida hasta los peinados de los futbolistas. Es hora de que también se lleven valores. Primera pregunta: ¿no alabamos el VAR porque nos acerca a la justicia? Segunda: ¿solo somos capaces de asegurar la justicia por imperativo reglamentario? Lo de Bielsa fue meritorio, pero no sorprendente, porque todas las anécdotas que protagonizó en su vida y le convirtieron en un loco oficial se las debe a su obsesión ética. Tercera pregunta: ¿estamos seguros de que los cuerdos somos los demás?

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