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Ruido de tripas en la Segunda División

La selvática división de plata tiene a mitad de camino a ocho equipos en apenas siete puntos al frente y a diez enfrascados en salir del fondo de la tabla

Futbolistas del Albacete celebran un gol en el Carlos Belmonte.
Futbolistas del Albacete celebran un gol en el Carlos Belmonte.

Nunca, desde que existen registros, tuvo tantos seguidores la Segunda División, que entre sus 22 integrantes alberga a 18 con pasado en la categoría superior. Una media de 10.260 espectadores han poblado sus estadios durante la primera vuelta, ocho de ellos (los de Zaragoza, Sporting, Málaga, Deportivo, Las Palmas, Oviedo, Osasuna y Cádiz) la elevan hasta más allá de los 13.000. Seis equipos de Primera están por detrás, sólo en ocho campos de España va más gente al fútbol que, por ejemplo, en La Romareda. “Es una liga pasional, intensa, de mucha emoción y con equipos sólidos y de mucho arraigo”, define Luis Miguel Ramis, entrenador de la revelación, el Albacete.

El cuadro manchego es segundo en la tabla a un punto del líder Granada, es el que menos ha perdido (apenas dos veces) porque además lleva doce semanas sin caer y es el perfecto ejemplo de que lo que el fútbol da, más allá de los presupuestos, si hay capacidad para exprimirse. En la clasificación de los topes salariales el Albacete es duodécimo con un límite de 6,6 millones de euros. “Esas diferencias se pueden ver en el cómputo global de la temporada, pero las igualamos con ilusión y el trabajo del día a día. Creo que formamos un equipo equilibrado en todas las facetas, solventes con balón y también contundentes”, explica Ramis, que este domingo visita Riazor, el feudo de uno de los ilustres. El Deportivo, como el Málaga o el Las Palmas tienen la ventaja de disponer del pago paracaídas del seguro de descenso. Muchos de sus competidores le llaman “seguro de ascenso”, pero nada está definido en Segunda: el Málaga, que dispone de más de 25 millones para confeccionar su plantel acaba de caer goleado en su casa (0-3) contra el Reus, que apenas dispone de 3 y arrastra una crisis que amenaza con dejar la competición coja. “Hay que olvidarse del partido. Es solo una etapa de 42”, explicó el entrenador Juan Ramón López Muñiz tras la derrota.

La segunda división exige tolerancia al error y gestionar las urgencias con frialdad y sosiego. En el Deportivo llueven las críticas porque el equipo encadena tres jornadas sin marcar. Es el máximo goleador de la categoría, con una media que no llega a 1,5 tantos por partido. En la última jornada apenas uno de los seis primeros clasificados logró ganar su partido. En la anterior tropezaron todos. “Indudablemente hay un beneficio por el seguro de descenso porque te permite mantener a tres o cuatro futbolistas diferenciales que jugaban en Primera, pero también una presión añadida porque está en juego mantener un estatus económico y las diferencias no son tan grandes”, cree Dani Giménez, portero y uno de los capitanes del Deportivo, un veterano con dos ascensos en el currículum, pero que viene de cuatro años sin pisar la categoría. Y se anima a establecer diferencias respecto a la superior: “El juego es más lento. Hay más disputas, menos goles y se iguala todo en lo físico. A veces parece que los equipos de Segunda presionan más, pero es una cuestión de que hay menos precisión. Los errores no se penalizan tanto”.

La búsqueda de la regularidad es como la del santo grial. El Alcorcón firmó una trayectoria ascendente hasta que en la jornada catorce se puso líder, ganó el partido siguente y desde entonces lleva dos puntos de 18 posibles. Sigue en puesto de promoción. El Sporting, un candidato al ascenso, estuvo siete semanas sin ganar, racha que culminó con una derrota contra el Oviedo que le costó el puesto al técnico Rubén Baraja. Enfrente estaba envuelto en rumores de destitución Juan Antonio Anquela, que sigue en su puesto. En 21 jornadas nueve entrenadores han perdido su trabajo, así que puede considerarse afortunado. Su equipo ha ganado los dos últimos partidos y tiene claro como sucedió: “Pico y pala”. El Oviedo lleva más de 18 años sin jugar en Primera, pero la exigencia es máxima y entre el primero y el octavo apenas hay siete puntos de diferencia. El cuadro carbayón está en una cuadratura, noveno, nueve puntos sobre el descenso y a nueve del ascenso. “En esta categoría todos miramos hacia arriba, pero alguno tiene que irse abajo y salir es muy complicado”, valora Anquela.

Puede dar fe el Zaragoza, que en su sexta campaña consecutiva en Segunda partió con la vitamina de haber llegado el año pasado al filo del ascenso, con más de 25.000 socios detrás y una ilusión que se despeñó revés tras revés. “Tenemos miedo porque estamos ahí atrás y cada vez será más difícil salir. La solución tiene que pasar por la mentalización”, explica Diego Aguirre, futbolista del equipo maño. Al Elche, décimotercero, y al Reus y Extremadura, ambos en puesto de descenso, les separan tres puntos. Entre medias están cinco equipos más, entre ellos el Zaragoza.

Selvática e indomable, competitiva y plagada de emboscadas, la categoría de plata se tiñe de dorado porque está en el radar de los grandes. Los diez máximos goleadores de la campaña pasada juegan ahora en Primera y el que lidera esa tabla en la actual, Enric Gallego acaba de dar el salto. Y no es fácil ver puerta en Segunda. El Granada manda con 28 goles en 21 partidos, al Málaga le bastan 24 para estar a un punto. “Hace unos años se fichaba más por nombre o trayectoria, ahora se ficha por hambre. Los directores deportivos buscan tipos competitivos”, reflexiona Dani Giménez. Y la Segunda División, con cuatro ciudades de las diez más pobladas de España en liza, suena a ruido de tripas.

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