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En el balonmano sí existe la marca España

Ningún país tiene tantos entrenadores en el Mundial, siete. Este miércoles la selección juega contra Macedonia, dirigida por Raúl González

El entrenador de Macedonia, el español Raúl González, en el partido contra Bahréin en el Mundial.
El entrenador de Macedonia, el español Raúl González, en el partido contra Bahréin en el Mundial. AFP

La selección española juega en Múnich la primera fase del Mundial, pero el balonmano español lo hace en todos los sitios. Ningún país tiene tantos entrenadores en el torneo (siete de 28) ni tantos campeones de continente (cuatro), lo que habla de la calidad y el buen nombre de sus técnicos. La Marca España sí existe en el balonmano. “No es una moda”, advierte Joan Cañellas. “Hace cinco años, cuando acababa de llegar a Alemania, me decían que yo jugaba a una cosa a la que no estaban acostumbrados. Pero hoy muchos de ellos están dirigidos por españoles”, afirma el lateral de los Hispanos y del Pick Szeged, equipo húngaro que precisamente tiene en el banquillo a Juan Carlos Pastor, referente de este boom.

El fenómeno no es nuevo. En la edición de hace dos años hubo seis y en esta, uno más. Jordi Ribera es campeón de Europa con la selección; Manolo Cadenas, de América con Argentina; Valero Rivera, de Asia con Qatar; y Toni Gerona, de África con Túnez. La nómina se completa con Raúl González (Macedonia), Mateo Garralda (Chile) y David Davis (Egipto). Solo Islandia se le acerca, con cinco.

Contra uno de ellos se cruza este miércoles la selección (20.30, Teledeporte). O mejor dicho, contra dos, porque a Macedonia la dirigen Raúl González y su ayudante Roberto García Parrondo, responsables también del PSG y el Vardar, respectivamente, dos gallos de la Champions. "Raúl ha dado un cambio muy claro al equipo y en el último Europeo estuvo luchando por meterse en las semifinales. La mano de los entrenadores españoles siempre se nota", comenta Viran Morros, que está a su cargo en París desde el pasado septiembre. "Llevo allí cuatro meses y la mejora ha sido grande. Aplica un sistema rico tácticamente que te da un plus a todos los niveles", valora el exazulgrana.

La táctica y la preparación de los partidos son el hecho diferencial de todos ellos. Hicieron de la necesidad virtud. Dada la inferioridad física de los jugadores españoles ante las grandes potencias europeas, los preparadores tuvieron que ingeniárselas para plantar cara con otras armas. Su respuesta fue la pizarra. "A finales de los ochenta la que destacaba en este aspecto era Rusia, en los noventa fue Suecia y ahora somos nosotros. Eso lo han visto otros países y han ido a la fuente", explica Mateo Garralda, seleccionador de Chile desde 2016, con el que disputa estos días su segundo Mundial.

El dominio en el torneo de Alemania y Dinamarca se extiende a la Liga de Campeones, donde nueve conjuntos de 28 tienen al frente a un español, en parte también por la crisis de la Liga Asobal, que forzó a muchos a emigrar. “Estamos más buscados y respetados en general”, reconoce Toni Gerona, el técnico de Túnez tras dos años en la liga catarí y 16 en el organigrama del Barcelona. “Por ejemplo, sé que Egipto, el Veszprem [húngaro] y el Meshkov [bielorruso] querían a uno”, asegura. Y lo encontraron porque los dos primeros están dirigidos por David Davis y el tercero, por Manolo Cadenas, responsable al mismo tiempo de Argentina. “Llevo seis años en Polonia [en el Kielce] y noto una evolución”, apunta Julen Aginagalde, que, como Cañellas, adjudica el cambio a la influencia de un entrenador español, en este caso el suyo, Talant Dujshebaev.

“Somos muy analíticos, críticos con nosotros mismos, conocemos bien nuestro deporte, hemos heredado conocimientos de nuestros predecesores, nos fijamos en las cosas buenas de otros, adaptamos el juego a las posibilidades del equipo, miramos al futuro...”. La lista de bondades de todos ellos es muy extensa para Jordi Ribera, que antes de triunfar con los Hispanos dejó su semilla en la selección brasileña, cuyo equipo en este Mundial es descendiente directo de su trabajo allí.

No obstante, tampoco se trata de un bloque homogéneo. A partir de la importancia de lo táctico sobre lo físico, aparecen las variantes. “La escuela Pastor, por ejemplo, necesita unos jugadores concretos. Ribera es más global”, comenta Mateo Garralda, que admite que él se acopla a lo que tiene. "Estuve con Valero [Rivera], [Jordi] Ribera y [Manolo] Cadenas. Intenté aprender de todos y lo voy aplicando según el rival y las características de la plantilla", explica el 233 veces internacional, campeón del mundo y doble medallista olímpico. “Somos eclécticos, y eso es un buen síntoma porque demuestra que no estamos cerrados”, señala Toni Gerona. Para Joan Cañellas, el mejor campo de expresión de este “concepto español” es un club: “Hay más tiempo para trabajar y en las selecciones carecemos justamente de eso. Los conceptos son muy diferentes, nos basamos en hacer bien unos detalles y se necesita paciencia, también de los directivos y las federaciones”, avisa. Este miércoles ese “concepto” vive un duelo interno: Macedonia-España. El balonmano español seguro que no se va de vacío.

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