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El duelo balcánico de España

Sergio Ramos y Lovren aumentan la temperatura del partido en Zagreb, donde la selección de Luis Enrique busca cerrar su clasificación para la final a cuatro

Luis Enrique, durante el entrenamiento de este miércoles.
Luis Enrique, durante el entrenamiento de este miércoles. EFE

La trepidante Liga de Naciones ha conducido a España a un callejón sin salida en el estadio Maksimir de Zagreb (20.45, La1). Después de dos triunfos y una derrota, el equipo que Luis Enrique está en vías de moldear necesita una victoria ante Croacia para salir de la última jornada en los Balcanes con la garantía de que disputará la final four en junio.

“Es un partido decisivo, clave, vital”, dijo Luis Enrique en la sala de conferencias, con la voz ronca de tanto que ha gritado desde el entrenamiento del lunes, intentando concentrar órdenes y correcciones. El técnico apenas ha contado con cuatro partidos desde que se hizo cargo del equipo y la nueva competición ya ha impregnado la atmósfera de un aroma de drama. Tanto en el cuartel español como en el rival. Croacia debe ganar para evitar el descenso de categoría.

“Dalic”, dijo el seleccionador español, refiriéndose a su homólogo, “ha dicho que van a atacar. Estoy seguro de que van a atacar porque tienen que ganar el partido. No les vale otro resultado”.

Nadie encarna mejor el papel de figura dramática que reclaman los nuevos tiempos que Sergio Ramos. Cada día que pasa, el capitán aparece más reconcentrado, más tatuado y más curtido por fricciones que él mismo provoca en la convicción de que así se reafirma.

Ramos tiene cuentas pendientes hasta en Zagreb. Se lo hizo saber el central croata del Liverpool, Dejan Lovren, que le cogió la matrícula en la última final de la Champions, en la que se fue derrotado y alarmado después de asistir a la lesión de su colega, Mo Salah, tras un enganchón con Ramos.

Hace cosa de un mes, Lovren —famoso desaforado dentro y fuera de la cancha— se subió a la ola de críticas a Ramos que tan bien reciben los medios británicos. “Tiene muchos más fallos que yo...”, dijo, “pero juega en el Real Madrid. Cuando comete un error, gana por 5-1 o 5-2 y a nadie le importa. Cuando yo fallo, es 1-0 y el choque está acabado. Tengo mala suerte con eso. Definitivamente, Varane es mejor que Ramos. Ganó la Champions y el Mundial de Rusia. Debería ser el mejor defensor del mundo y eligieron a Ramos”.

Advertido Ramos sobre las palabras de su contraparte, esta noche en Zagreb, el capitán del Madrid y de España templó la respuesta. “Hay gente que me critica”, dijo, “no sé si por su frustración, o por otros motivos. No seré yo quien le conteste. Solo hay que dejar pasar el tiempo. El tiempo pondrá a todos en su sitio. No seré yo, Sergio Ramos, quien conteste a Lovren ni a los que quieren ganarse tres portadas de periódico o tres telediarios. Yo soy como soy y eso no va a cambiar”.

La rosa tatuada en el puño, el anillo de oro, el corte de pelo recién manufacturado, cada detalle, le presentaba como a un hombre ilustrado por la acción. Ramos se presentó en la sala con aire desafiante, grave, taciturno. Hizo pocas bromas, en contra de su costumbre. Sabe que, más que nunca, representa el mascarón de proa de una selección legendaria que atraviesa una época de dificultad. Lo asume con cierto placer. Le gusta sentirse reclamado y asumir responsabilidades. También le gusta ser el goleador del equipo en el nuevo ciclo. Suma tres goles en los últimos tres partidos, caso único en la historia de un defensa español, y parece feliz cuando le preguntan si le hace ilusión acabar como uno de los máximos artilleros de la selección al culminar la Eurocopa de 2020.

“La labor principal de un defensa es defender y conservar la seguridad atrás”, dijo. “Si encima de todo eso puedes aportar con goles en partidos importantes, mucho mejor. A nivel personal es muy gratificante. Al fin y al cabo, en el fútbol muchas veces solo se recuerdan los goles. Yo he podido hacerlos con mucha frecuencia y es buena señal. Indica que hemos estado trabajando bien la estrategia. Esperemos que siga esta racha y se aprecie el trabajo que hay detrás. Que la gente sepa que no es casualidad”.

Ramos habló para la afición española y para la hinchada del Madrid que le pitó en su última aparición en casa. “Cuando el Bernabéu te da un toque de atención es porque sabe que puedes dar un poco más”, dijo. “A lo largo de mi carrera en el Madrid he visto que han pitado a las grandes leyendas. Siempre es mejor jugar con el ambiente a favor. Pero si he estado 14 temporadas y me han pitado un solo día estaré eternamente agradecido por todos esos 14 años que no me han pitado nunca. Ni los halagos me han hecho sacar pecho ni las críticas me harán tocar fondo”.

Modric, el capitán croata, salió en defensa de su amigo Ramos cuando le preguntaron por los pitos del Bernabéu. "En el fútbol la memoria es muy corta y todo se olvida", dijo el enjuto interior rubio., añadiendo sentimentalismo a un partido cargado de una rara familiaridad.

Contemplando a Ramos en su conferencia de Zagreb resultó imposible no pensar en el peso que tendrá su presencia en el área croata cada vez que el árbitro señale una falta lateral, un tiro libre o un córner. Con Lovren en la empalizada, el espectáculo estará asegurado.

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