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La proclamación de Giménez

La estelar actuación del charrúa en el derbi de Chamartín aviva el reclamo de su titularidad junto a Lucas

Giménez se anticipa a Asensio durante el último derbi disputado en el Santiago Bernabéu.
Giménez se anticipa a Asensio durante el último derbi disputado en el Santiago Bernabéu. Getty Images

A sus 23 años, José María Giménez (Uruguay) repasaba el domingo, con el entusiasmo de un juvenil, las páginas deportivas. Ojeaba la prensa a la búsqueda de fotografías que inmortalizaran las acciones de su imperial actuación en el Santiago Bernabéu. Desde esa vertiente del niño-futbolista explican sus allegados una de las imágenes que más impactaron en el pasado Mundial de Rusia. Sus lágrimas en los últimos minutos de la semifinal entre Uruguay y Francia, mientras formaba en la barrera sabiéndose perdedor, fueron la pura expresión de la derrota en la niñez. La misma desazón pueril y conmovedora que también le ha hecho derramar lágrimas ante las lesiones musculares que tantas veces le han apartado de la titularidad cuando parecía consolidarse. En una de las últimas, su llanto en el vestuario fue sobrecogedor.

Por el escenario y por la trascendencia del duelo, el partido que firmó Giménez en el derbi fue toda una proclamación. Lo suyo del sábado fue un golpe en la mesa en un momento en el que en los mentideros futbolísticos bulle con fuerza la idea de que él y Lucas —suplente en Chamartín— deben conformar la pareja titular de centrales del Atlético. Errores como el que tuvo Diego Godín el sábado, una mala entrega que debió ser corregida por Giménez a la carrera para evitar que Asensio se plantara solo ante Oblak, contribuyen a azuzar con más fuerza aún el debate del relevo natural en el eje defensivo de Simeone. El asunto es complejo por la jerarquía de Godín y porque hasta ahora no ha habido bache del que el actual capitán del Atlético no haya salido. Con el paso de los años, se le ha ido cuestionando, pero siempre terminó las temporadas como sostén defensivo imprescindible.

Por rendimiento, la figura de Savic también pesa mucho para estabilizar en la titularidad a Giménez y a Lucas. La ortodoxia dice que conviene formar una pareja de centrales estable. Simeone la tuvo con Godín y Miranda, pero con la marcha de este último al Inter en el verano de 2015 se rompió. Desde entonces, el problema del Cholo no ha sido no poder contar con jugadores de nivel para formarla. La dificultad que el técnico ha tenido para conformar una dupla fija ha sido lo que el mismo proclama como “el mejor cuarteto de centrales del mundo”.

Intocable Godín, su acompañante siempre lo ha escogido Simeone en función de los estados de forma y la acumulación y gravedad de los errores. En ese sentido, Giménez siempre los ha pagado más con el banquillo que cualquiera de sus competidores. Una falta en la frontal del área que supuso un gol en Múnich y un penalti que luego detuvo Oblak le costaron no jugar la final de la Champions de 2016 en Milán.

La acción ante Asensio, no fue la única en la que el alumno corrigió al maestro. De alguna manera, en el Bernabéu, Giménez fue el cacique que siempre fue Godín. Si lograr que el delantero madridista se rilara en velocidad en el tramo final del partido describió a un futbolista en plenitud física, un cruce en el primer tiempo para taponar un remate Benzema en la boca de gol mostró a un central maduro. El tempo de la barrida, bajo la amenaza de cometer penalti, fue de manual.

La madurez de Giménez también afloró el pasado martes ante el Huesca. Pidió el cambio nada más sentir unas molestias en un gemelo. Otras veces, sus ansias por jugar y estabilizarse le animaron a seguir y las consecuencias fueron peores. El sábado, enseñó el potencial que el Real Madrid ha tratado de contratar en dos ocasiones. En ambas se encontró con la negativa de Giménez, muy identificado con las señas de identidad del Atlético. Y él también responde a los estereotipos y a los gustos sobre centrales de la hinchada colchonera: pasional, racial y suramericano.

 

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