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De Marcos, el futbolista solidario

El medio del Athletic participa en acciones humanitarias que no quiere publicitar

Óscar de Marcos, durante un partido el pasado 9 de abril.
Óscar de Marcos, durante un partido el pasado 9 de abril. NurPhoto

Acaba el entrenamiento; los futbolistas se van a la ducha. En la puerta, por donde salen sus vehículos, esperan los aficionados. Uno de ellos se queda hasta muy tarde. Quiere una foto con Óscar De Marcos (Laguardia, 1989). El jugador del Athletic se retrasa, pero al final aparece, como siempre, sonriente y simpático con los seguidores. Intercambian unas palabras. De Marcos se queda firmando algún autógrafo más y el hincha, satisfecho, enfila hacia la salida, con rumbo a la estación de tren de Lezama para volver a casa. Camina por la cuneta. Le adelanta un coche, que unos metros más adelante se para. Cuando llega a su altura baja la ventanilla. Es el futbolista: “¿Vas a coger el tren a Bilbao?”, le pregunta. “Sube, que te llevo”.

El seguidor alucina, pero De Marcos es así. Cercano, sencillo, después de 10 temporadas en Primera, al futbolista alavés no se le ha subido el pavo, ni pasea por Bilbao con gorra y gafas de sol para no ser reconocido. En sus primeros años eligió para vivir un barrio popular, el de Matiko. Cuando llegaba de entrenarse, se encontraba en la plaza con los niños que jugaban al fútbol y le jaleaban. Nunca dejaba de pelotear unos minutos con ellos.

Hace unos días se desveló, a través de las redes sociales, uno de los secretos mejor guardados de Óscar De Marcos: cada viernes, cuando se lo permiten los entrenamientos o los viajes, acude al departamento de oncología infantil del hospital de Cruces (Barakaldo) para visitar a los niños enfermos. Allí pasa las tardes, charlando con los chavales y sus familiares. Alguna vez le han tenido que decirle que se vaya, porque ya había pasado la hora de visitas. El jugador, además, ha protagonizado varios viajes a África y a Sudamérica en labores humanitarias. Nunca ha querido que se difundan. De Marcos es el jugador solidario. En su vida privada y en el campo, donde siempre se ofrece a sus compañeros.

Y siempre quiso jugar en el Athletic. Nacido en Laguardia, un próspero pueblo rodeado de viñedos de la Rioja Alavesa, su padre era presidente de la peña bilbaína de la localidad, así que cuando siendo jugador del Deportivo Alavés recibió la oferta de Ibaigane, no se lo pensó ni un instante. Cumplía su sueño de vestir la camiseta rojiblanca. Debutó en agosto de 2009 en la Liga Europa frente al Young Boys en Berna y desde entonces ha jugado 353 partidos con el Athletic. Después de dos años con más banquillo que césped a las órdenes de Caparrós, se ganó el corazón de Marcelo Bielsa cuando jugó más de medio partido con el escroto rasgado frente al Zaragoza. Ni siquiera se lo dijo a los médicos. En el descanso se vio el estropicio y lo arregló con gasas. Al acabar, le tuvieron que dar 25 puntos de sutura y tuvo que llevar una sonda durante una semana.

No le impidió, sin embargo, encandilar en marzo de 2012 al público de Old Trafford con una actuación memorable, con sus llegadas constantes; sus apariciones por sorpresa desde la media punta. Marcó frente al United en la ida de octavos de la Liga Europa (2-3) y en San Mamés (2-1), y el equipo inglés se interesó por él, pero De Marcos nunca quiso salir del Athletic. “Si tú eres un gran jugador y te viene un equipo a fichar, por mucho que te dé, el Athletic sabe valorar a sus jugadores y también te va a dar mucho. Yo me siento muy bien valorado aquí y me quiero quedar aquí toda la vida. Si yo me tuviera que ir sería cosa del club, no mía”, dice. Su compromiso se reafirmó con la retirada de Gurpegui. De Marcos, que lucía el prestigioso número 10, se lo cedió a Muniain para quedarse con el 18 del capitán.

Después de dos temporadas irregulares por las lesiones, Berizzo le ve “jugando de todo”. “Se adapta muy bien a las necesidades que el equipo puede tener en cada partido”, dice el entrenador argentino, “aunque parta como lateral, tiene una gran lectura del juego, puede ir al medio del campo o perforar defensas con mucha inteligencia al tener ese factor sorpresivo”.

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