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El redimido Djokovic pasa al ataque

Con el triunfo en Nueva York, su segundo grande consecutivo, el serbio reordena la jerarquía del circuito y amenaza el trono de Nadal: “La vida me enseñó que al final las cosas terminan poniéndose en su lugar”

Djokovic posa en el Museo Americano de Historia Natural, ayer en Nueva York.
Djokovic posa en el Museo Americano de Historia Natural, ayer en Nueva York. AFP

De entre la infinidad de aristas que contiene el proceso de redención de Novak Djokovic, campeón del US Open después de batir en la final a Juan Martín del Potro (6-3, 7-6 y 6-3, en 3h 16m), el serbio recuerda especialmente una que remite al postimpresionismo de Paul Cézanne. “Recuerdo cuando mi esposa y yo subimos a esa montaña, la montaña Sainte-Victorie. Ascendimos durante tres horas y cuando llegamos a la cima nos sentamos para observar el mundo desde esa perspectiva, tratando de respirar una nueva inspiración, una nueva motivación. Y pensé en el tenis, en la emoción que me transmite. Sentí una nueva inspiración por mi deporte, una nueva ola de energía, y a partir de entonces todo empezó de nuevo para mí”.

Recordaba Nole ante los periodistas el episodio que, dice él, marcó un punto de inflexión en su camino de retorno hacia las cotas altas del tenis masculino. Era junio, acababa de perder en Roland Garros contra el desconocido Marco Cecchinato, el 72 del mundo, y previamente había ido acumulando una secuencia de derrotas dolorosas que, cuenta él, en realidad respondían a un peaje necesario: el de sufrir para reencontrarse consigo mismo, con un yo renovado y distinto, capaz de afrontar una circunstancia diferente y muy adversa.Pues bien, el proceso culminó en julio, al levantar en Wimbledon su primer grande tras más de dos años sin conseguir uno, y adquirió más brillo hace dos días en Nueva York, con su segundo major en una estrecha franja de 55 días.

“Si en febrero me dicen que este año, después de operarme del codo derecho, iba a ganar Wimbledon, Cincinnati y el US Open, hubiera sido muy difícil de creer”, expuso en la sala de conferencias, adonde llegó con el trofeo de campeón entre los brazos; “sin embargo, siempre hubo una parte de mí que imaginaba y creía que iba a recuperar el nivel deseado para volver a triunfar. A la vez, la vida me enseñó que las cosas requieren de tiempo y que al final terminan poniéndose en su lugar, más tarde o más temprano”. Y, en su caso, el presente le dirige poco a poco hacia la cúspide otra vez.

Con su éxito en Flushing Meadows, el de Belgrado igualó la marca de su ídolo Pete Sampras en los Grand Slams (14) y ascendió automáticamente al número tres del ranking. Un peldaño que no ocupaba desde el 29 de mayo del año pasado. Desde entonces, una caída progresiva que le condujo hasta el escalón 22, muy alejado de su espacio natural. Pero ahora, de nuevo, divisa a Rafael Nadal y Roger Federer. Estos dos se iban a repartir, teóricamente, el gran pastel de este 2018, pero resulta que los acontecimientos han dado un giro, que Djokovic (31 años) se ha despertado fiero y que no solo les ha birlado un par de majors, los dos últimos, sino que además les rebatirá el número uno de aquí a lo que resta de temporada. E independientemente de márgenes y listados, él es hoy por hoy el tenista más fuerte, sabiendo además que se avecina un calendario final muy apetecible.

Asia y Londres en el horizonte

Djokovic, sobre la pista central de Nueva York tras ganar la final.
Djokovic, sobre la pista central de Nueva York tras ganar la final. AP

No obstante, hacía más de tres años (23 de marzo de 2015) que los tres no coincidían en el top-3 del circuito. Nadal gobierna con 8.760 puntos, seguido de Federer, con 6.900, y cerrando se sitúa ahora Djokovic (6.445), que desbanca a Del Potro (5.980).

“Quizá te diría que hace 10 años no estaba muy feliz de coincidir en esta era con Nadal y Federer, pero ahora sí lo estoy”, le contestó a un periodista. “Creo que la rivalidad y los partidos contra ellos me han hecho ser el que soy, me han convertido en lo que soy. Creo que nos hemos llevado al límite los unos a los otros”, valoró Nole, que en su última aparición impartió una clase magistral de restos, movimientos y peloteos perfectamente interpretados. También fino con el saque, evolucionado como consecuencia de la cirugía de febrero, y con la mente limpia gracias a su reencuentro con su técnico de toda la vida, Marian Vajda, y su distanciamiento con el gurú Pepe Imaz.

¿Nadal y Federer? Nos hemos llevado al límite los unos a los otros

“Tuve mis oportunidades en el segundo set, pero siendo sincero: jugué a mi límite todo el rato, arriesgando mucho porque es la única forma de superar a estos grandes jugadores”, admitió Del Potro, miembro del exclusivo club de jugadores –los otros tres son Andy Murray (3), Stan Wawrinka (3) y Marin Cilic (1)– que han logrado interferir en el dominio de Federer, Nadal y Djokovic durante los 15 años que los tres gigantes han dominado en los Grand Slams: de los últimos 62, 51 llevaron su firma. “Él es muy rápido y su defensa es muy buena; de una forma u otra, siempre te devuelve una más. Hice un gran esfuerzo y estoy orgulloso de ello, pero es realmente difícil ganar a alguien como Novak. Lo tiene todo para batir récords”, aseguró el de Tandil.

En solo siete meses, el serbio ha pasado de estar en un quirófano, lesionado y perdido mentalmente, a conquistar dos Grand Slams más; de parecer una causa aparentemente perdida a pasar con decisión al ataque. La hoja de ruta dirige de aquí en adelante hacia Asia y en noviembre la Copa de Maestros pondrá fin a un ejercicio trepidante que comenzó siendo de Federer (Australia), pasó a ser de Nadal (París) y actualmente le pertenece a él. “Desde que subí esa montaña, todo fue diferente para mí, así que supongo que Jelena [su esposa] y yo tendremos que ir pronto de excursión otra vez”, zanjó con una sonrisa.

Se advirtió antes de la cita de Nueva York: con Djokovic en juego, cambia todo. Con su ficha sobre el tapete, el orden salta por los aires.

14 GRANDES, LOS MISMOS QUE SU ÍDOLO

En más de una ocasión, Novak Djokovic ha comentado que si comenzó a aficionarse al tenis fue sobre todo por los partidos de Wimbledon. El serbio siempre soñó con triunfar en el grande británico, deseo satisfecho en cuatro ocasiones (2011, 2014, 205 y 2018), y con emular los éxitos de su ídolo de la infancia, el estadounidense Pete Sampras. Este, de 47 años y retirado hace 15, en 2003, se coronó siete veces en el All England Tennis Club y cinco en Nueva York, además de ganar dos Open de Australia. Se le resistió solo Roland Garros, pero cerró una carrera fabulosa con 14 majors y se ganó la admiración de Djokovic.

Durante el epílogo ceremonioso de esta edición, al de Belgrado se le recordó que ya está a la altura del norteamericano y entonces se refirió a él. “Crecí admirándole. De hecho, los primeros recuerdos que tengo del tenis son los de él ganando su primer o segundo Wimbleon. Lo veía por la televisión, así que el estar ahora ahí, junto a él, es un sueño hecho realidad”, afirmó sobre la Arthur Ashe de Nueva York. “Esperaba que Pete hubiera estado esta noche aquí, así que espero verle pronto en una pista...”, bromeó antes de darse el tradicional bañó de fotografías y celebrarlo en la intimidad con los suyos, ya como número tres.

A la mañana siguiente, Djokovic posó con su trofeo en el Museo Americano de Historia Natural y luego pasó por los estudios de la cadena NBC. El serbio es de nuevo feliz, ha recuperado la estabilidad y en estos momentos es el segundo mejor jugador de 2018, después de Rafael Nadal. Así lo refleja la Race, el listado que determina qué tenistas han sido los más regulares del curso y a la vez decide cuáles disputarán el Masters de Londres. En este sentido, el de Manacor suma 7.480 puntos, por los 6.445 de Nole, ganador de tres títulos. Les siguen Del Potro (4.910) y Federer (4.800).

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