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Bale, estrella a la fuerza

La salida de Cristiano y la negativa de Neymar a abandonar el PSG obligan al galés, intrascendente en el estreno del Madrid, a asumir el rol de líder después de cinco años de irregularidad y lesiones

Bale, en un entrenamiento en Miami.
Bale, en un entrenamiento en Miami. AP

La noche del 26 de mayo fue una mezcla de júbilo, incredulidad y crispación en el Real Madrid. Lo que se esperaba como un día para la historia del club con la conquista de la Decimotercera Copa de Europa —la tercera consecutiva— terminó convirtiéndose además en una sucesión de hechos imprevistos. Primero, Gareth Bale fue suplente; segundo, metió el mejor gol de su vida; tercero, interrumpió su celebración para insinuar que valoraba su salida del club; y cuarto, provocó una drástica alteración en los planes diseñados por el presidente Florentino Pérez, resignado desde enero a venderle este mismo verano. La noche del 26 de mayo Bale pasó de ser un jugador declinante a convertirse en la figura de referencia del Real Madrid.

La declaración de Cristiano dejando entrever su salida del Madrid fue el más inoportuno e inesperado de los gestos que sucedieron a la final. El genuino gol de chilena de Bale, su doblete e incidencia en la final, debieron alarmar a su compañero, sabedor de la influencia que tendrían en la directiva. La noche del galés terminó con el desenlace más rocambolesco posible a otro año de lesiones y actuaciones irregulares. El primer año, desde su fichaje en 2013, en el que el técnico le desposeía de la condición de titular. Un estatuto que volvió a alterarse en Kiev. Su decisiva participación descartó primero su traspaso. La venta de Cristiano conllevó después la reubicación de Bale como estrella del equipo. Por último, la reciente negativa de Neymar Júnior a abandonar París para convertirse en el nuevo emblema del club y la ausencia de alternativas de ese calibre en el mercado, le han convertido en el referente forzoso del nuevo Madrid de Julen Lopetegui.

El cambio es drástico y el resultado impredecible. Bale debe interpretar el papel de líder del equipo sin apenas práctica y el club le presenta como su estandarte después de haberle considerado su mejor fuente de financiación. “Bale ya conoce su importancia”, aseguran desde Chamartín. “Es consciente de que si ganamos la Champions fue directamente por él. Ahora no es que empiece de cero, sino más bien el año en que puede coger velocidad de crucero”, explican. Ayer, en el debut del Madrid ante el United en Miami se mostró ausente. Su participación, resumida a un disparo desviado en 45 minutos, fue intrascendente.

El discurso en torno a Bale en el club es radicalmente diferente al que exponían meses atrás. Cuando Zinedine Zidane tomó la decisión de prescindir del galés para las citas decisivas, nadie en Chamartín negaba la evidencia de que el atacante, lejos de ser la estrella que se contrató en 2013, tampoco era ya uno de los titulares. El golpe fue duro para el futbolista. Contaban desde el vestuario madridista que se sentía como un juguete roto y que se preguntaba continuamente cómo un jugador de su nivel se había convertido en suplente.

La situación era delicada y su rol cada vez más secundario. Disputó tan solo 99 minutos en las rondas eliminatorias de Champions hasta la final. La relación con Zidane se deterioró en exceso en los últimos meses de la temporada, hasta el punto de que fue el único jugador de toda la plantilla que no se despidió públicamente del técnico tras su dimisión. A nadie liberó tanto la marcha del francés como a Bale, abrazado ahora por Lopetegui. “Tiene una oportunidad de mostrar el magnífico futbolista que tiene dentro”, le estimuló el vasco la pasada madrugada. “Estoy feliz con él. Está encantado de quedarse en el Madrid y nosotros de lo que está haciendo”.

Los números del galés desde 2013

Temporada 2017-18.  El curso pasado jugó 26 partidos, marcó 21 goles y dio seis asistencias en 2.361 minutos en total.

Temporada 2016-17. Sumó 27 partidos, en los que anotó nueve goles y asistió tres veces a sus compañeros en un total de 1.934 minutos en el césped.

Temporada 2015-16. Bale jugó 31 partidos, con 19 goles y 11 asistencias en 2.381 minutos.

Temporada 2014-2015. El galés participó en 48 partidos (récord en sus cinco cursos), en los que marcó 17 goles y dio 10 asistencias en 4.200 minutos.

Temporada 2013-2014. Su primera campaña se saldó con 44 partidos, 22 goles y 12 asistencias en 3.469 minutos.

Mejora sin el portugués

Lopetegui es consciente de que parte de la reinvención que proclamó ayer pasa por Bale. La respuesta del galés a su nuevo rol y a la ausencia de Cristiano serán decisivas para su éxito en el banquillo. “A él no le lastró el brillo de Cristiano”, dicen desde club. La realidad es que sus números mejoraron cuando no compartía protagonismo con el portugués. Según el diario As, en 27 partidos sin CR a lo largo de estas cinco temporadas, Bale pasó de promediar 0,5 goles a 0,9.

Pero su rendimiento general hace que la estrategia del club se considere, como mínimo, arriesgada. Principalmente porque la trayectoria del atacante en Chamartín se ha visto continuamente interrumpida por una interminable sucesión de lesiones musculares. “El aspecto físico es clave; a él le lastró”, apuntan desde el Madrid. “De momento ha venido como una mula y con la máxima esperanza en poder ser regular. Sin frenazos”, advierten. Su última lesión se produjo en septiembre de 2017. Fue la 19ª dolencia de Bale desde su fichaje en 2013, la 16ª de carácter fibrilar. En total, se ha perdido 77 partidos por lesión.

Este año, la ausencia de galés, por mínima que sea, supondrá por primera vez un desbarajuste mayúsculo en Chamartín. El Madrid se ha visto forzado a nombrarle su estandarte y Bale está obligado a ejercer su nuevo rol.