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El grito de Silva pidiendo auxilio

El mediapunta de España reivindica el estilo de 2008 y, ante la nueva corriente de fútbol directo, recuerda que los éxitos de la selección se lograron con el toque

Hierro discute con Silva y Piqué durante el entrenamientoi en Moscú. Ampliar foto
Hierro discute con Silva y Piqué durante el entrenamientoi en Moscú. AFP

El 19 de junio de 2008, inmediatamente después de ganarle a Grecia (2-1) en el último partido de la fase de grupos del Europeo de 2008, Luis Aragonés abandonó el estadio de Salzburgo criticando el partido de España porque entendió que había jugado demasiado en largo, demasiado directo, demasiado apresuraada buscando al punta Dani Güiza. “He puesto futbolistas para tener el balón y lo hemos regalado”, se quejó en el camerino; “¡esa no es nuestra forma de jugar!”.

Este viernes se cumplió una década del torneo que alumbró el llamado tiki-taka. David Silva, que por entonces tenía 22 años y era titular indiscutible de la selección, asistió en primera línea a la conformación de un estilo y una cultura que ahora siente amenazada por las mismas tendencias localistas que le opusieron resistencia hace diez años. La víspera de enfrentar a Rusia en los octavos de final, el Chino se presentó en el abrumador estadio Luzhniki de Moscú con el pálido gesto de incredulidad que gasta desde que comenzó la concentración del Mundial. Bajo el mismo gran ojo crítico que —especialmente desde dentro de la federación— juzga con severidad a los futbolistas que dan velocidad al balón, como Iniesta y Thiago, y valora cada vez más a los contundentes como Costa y a los disciplinados como Koke.

“Lo que nos ha llevado a los éxitos ha sido tener el balón”, dijo; “luego cada partido te pide algo diferente y hay que saber leerlo. Pero la filosofía que tenemos es la que nos ha llevado a ganar”.

Silva respondió con su habitual comedimiento cuando este sábado en Moscú le preguntaron si el estilo que instauró Luis debía pasar por el filtro del pragmatismo a propósito de la nueva tendencia de la selección —los famosos “matices” introducidos por Lopetegui y avalados por Hierro— que consiste en reorganizarse para jugar rápido y directo para Diego Costa.

El canario, que sabe que cada palabra que pronuncie en público puede ser su última declaración con la selección, no quiere irse protestando. Igual que el resto de los veteranos que preparan su retirada de La Roja, prefiere que lo recuerden como alguien que, llegado el caso, estuvo dispuesto a morir como un caballero. Su noble intención, sin embargo, no reprimió lo más parecido que pudo emitir a un grito de auxilio. Sus palabras, pronunciadas junto al seleccionador Fernando Hierro en la conferencia de víspera del duelo de octavos, contuvieron un reclamo velado. Algo que internamente llevan sugiriendo hombres como Iniesta o Busquets con menos efecto del esperado.

“Jugar rápido”

Los veteranos de 2008 y 2010 quieren que el balón ruede más rápido para no tener que chocar contra las defensas cerradas que se han encontrado en este torneo. Iago Aspas —autor del gol del empate ante Marruecos— es el maestro que anhelan en lugar del tanque Costa. Esto lo sabe Hierro, que, sin embargo, insiste con Costa, a quien espera coronar en el Luzhniki. El seleccionador entiende que Rusia dejará espacios a la espalda de su zaga, obligada a abrirse al calor del empuje de su afición. Ahí supone que podría correr Costa a la contra, desplegando el potencial que ni Marruecos ni Irán le permitieron lucir.

“La defensa de tres centrales es muy complicada porque te meten mucha gente atrás”, dijo Silva, cuando le preguntaron cómo se atacaban las zagas como la rusa. “Tenemos que jugar muy rápido. Esa es una de las claves. Si los de atrás juegan rápido los de arriba tendremos más espacios para crear más ocasiones”.

Silva cursó su solicitud de forma elíptica. “Jugar rápido”, en la jerga codificada del vestuario español, implica hacerlo con futbolistas que sepan perfilarse con naturalidad, acomodar el cuerpo cuando reciben la pelota sin perder tiempo, controlar en un instante y, a ser posible, pasar con un toque al siguiente compañero. Thiago encaja en este perfil, por más que Hierro haya dudado entre él y Koke, un volante más habituado a jugar en su campo. Igualmente, Iniesta responde a las cualidades necesarias para “jugar rápido” mejor que Isco. En este sentido, a Silva le preocupa la superposición de funciones entre Iniesta e Isco. Contra Portugal, Irán y Marruecos ambos acabaron intercambiándose y frenando el ritmo del ataque. Cada vez que Isco abandonó el último cuarto de campo para bajar a recibir en donde normalmente recibe Iniesta, la selección perdió dos de sus virtudes. Perdió el genio de Isco para maniobrar entre líneas y perdió el genio de Iniesta para distribuir el juego a toda velocidad desde el centro del campo.

La ralentización del juego de España perjudicó especialmente a Silva, el jugador que se mueve donde hay menos zonas liberadas. Máximo goleador de la fase de clasificación con cinco goles, el mediapunta del City se presentó en Rusia como una de las principales armas de la selección. Sin embargo, se ha descubierto medio bloqueado desde que se inició la concentración. Observado desde el cuerpo técnico con cierta suspicacia. “Llevo 12 años aquí y ya estoy acostumbrado a las críticas”, dijo. “No lo podemos controlar. Solo podemos controlar lo que hacemos en el campo”.

Silva se ha encontrado conque Costa le tapaba el horizonte y tampoco ha podido controlar los extraños errores defensivos de Nacho, De Gea o Ramos que descompusieron al equipo contra Portugal y Marruecos. “Debemos corregir los errores”, dijo ayer el canario; “porque los rivales se meten atrás y si concedemos el primer gol luego todo es más difícil. Tenemos que minimizar los errores. Debemos defender todos bien porque sabemos que en estos partidos por la mínima te vas a casa”.

Silva quiere liberarse con el viejo toque. Como todos los veteranos, aspira a dominar a Rusia —un equipo menor— y no simplemente a provocar que falle para contragolpearla con Costa. Quiere sentirse grande a su manera y eso pasa porque la selección se parezca un poco más a la España de 2008.

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