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Benzema no entiende al Bernabéu: “¿Por qué pitan a su gente?”

En su peor racha goleadora, el francés vuelve hoy al estadio del Madrid sin entender unos silbidos que le provocan ansiedad

real madrid - deportivo
Benzema, en el entrenamiento de este sábado. EFE

Arranca la segunda vuelta para el Real Madrid este domingo en el Bernabéu contra el Deportivo de La Coruña (16.15, beIN LaLiga). Lo hace con los blancos a 19 puntos del Barcelona, aunque con un partido pendiente, el aplazado contra el Leganés por el Mundialito. En agosto, cuando arrancó el campeonato, los blancos visitaban Riazor después de ganarle con autoridad a los azulgrana la Supercopa de España. Parece que ha pasado un siglo. Desde entonces deambula el Madrid por el campeonato. Benzema estaba en ese arranque liguero. Y volverá a estar hoy después de casi tres semanas de baja por una rotura en el bíceps femoral de la pierna derecha.

El punta francés, según explicó Zidane, fue sustituido en el clásico del 23 de diciembre por unas molestias musculares. Se marchó, igual que el resto de sus compañeros, directamente de vacaciones. A la vuelta, el día 30, no participó en el entrenamiento a puertas abiertas. Esa misma tarde, el club emitió un parte médico explicando que el delantero sufría una lesión muscular.
“Tiene muchas ganas de volver a jugar y de estar en el terreno de juego con sus compañeros. Tiene que jugar al fútbol, es lo que yo le digo porque las críticas no las vamos a poder controlar”, dijo ayer el técnico francés cuando le preguntaron si su jugador tiene ganas de venganza.

El televisor del vestuario

Benzema volvió a entrenarse esta semana con el resto del grupo y esta tarde volverá a encontrarse con el exigente público del Bernabéu. Desde hace tiempo, al francés no le perdonan ni media. Mientras que con el equipo la grada se ha mostrado más indulgente, el malestar con el delantero (cinco goles esta temporada en 20 partidos, con un promedio de uno cada 298 minutos) ha sido evidente.

“Amigo, ¿desde cuándo es esto? ¿Por qué esta afición pita a su gente? ¿Qué les pasó? ¿Cuándo?”, son las preguntas, cuentan desde Valdebebas, que Benzema hace a menudo a los trabajadores del club. Nunca entendió por qué parte del público le pita y tiene curiosidad por saber el origen de ese comportamiento. No solo hacia él, sino también a otros jugadores del equipo que han sufrido lo mismo.

En estas tres semanas de recuperación, el francés ha visto algunos partidos del equipo en el televisor que hay en el vestuario del Bernabéu, al lado de los fisioterapeutas y de otros miembros del Madrid y se desesperaba escuchando los silbidos de la afición (Marcelo es uno de los jugadores que no ha sido indultado por la grada en los últimos encuentros). Dicen en el club que no puede con ello. Para él, además, jugar con los silbidos es una presión añadida que le genera una ansiedad especial. Más cuando atraviesa una sequía goleadora como la de esta temporada.

Callado, tranquilo, inalterable y aparentemente ajeno a todo —así le describen en el vestuario—, Benzema ha tenido que aprender a convivir con los pitos desde que llegó a Chamartín en el verano de 2009. Los escuchó incluso cuando anotaba goles, lo que le pide la afición. Benzema (uno de los jugadores de la plantilla con el porcentaje de grasa más bajo) siempre ha defendido que no es un nueve y cree que es su fútbol, más de asociarse, el incomprendido. Por eso, cuentan desde Valdebebas, agradece el buen gusto futbolístico de Zidane o del presidente Florentino Pérez. El técnico francés ha sido, posiblemente, el mayor valedor de Benzema junto a Ancelotti. En los despachos del Bernabéu han escuchado de ambos esta frase en repetidas ocasiones: “No hay un nueve mejor que él. No lo ha hay”.

El empeño del técnico francés por alinear a su compatriota aunque a veces no estuviera en su mejor momento hizo que Álvaro Morata se marchara este verano. El español estaba convencido de que, hiciera lo que hiciera, nunca le quitaría la titularidad a su compañero de reparto. Benzema nunca había marcado tan poco a estas alturas de temporada desde su llegada a Madrid con 22 años. El peor registro había sido en la campaña 2009-10 con seis tantos; la pasada llevaba 12 y la anterior 20.

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