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Los achaques de los gigantes del tenis

A excepción de Federer, el más veterano, las figuras del circuito masculino encaran la temporada entre dolencias y doctores. "Me encuentro bien, de lo contrario no estaría aquí", dice Nadal desde Melbourne

Nadal, durante un entrenamiento en Melbourne, esta semana.
Nadal, durante un entrenamiento en Melbourne, esta semana. Getty

Rodillas, codos, caderas, espaldas... Prácticamente toda la superficie del cuerpo. Hay pocas áreas afortunadas de la anatomía de los tenistas que se libren o se hayan librado en los últimos tiempos de una lesión o alguna dolencia física. Hoy día, las estrellas del circuito masculino conviven a diario en la enfermería, entre vendajes, tratamientos y bisturís. No hay excepción: Rafael Nadal, Novak Djokovic, Andy Murray, Stan Wawrinka... En todo caso, la de Roger Federer, el más veterano, consciente de que la longevidad de su carrera deportiva pasa por cuidar al milímetro su descanso y la prevención de todo mal, aunque ello le suponga transformar su calendario en un dosificador.

Se aviene el primer grande de la temporada, en Australia, y en los prolegómenos se habla en términos de lotería. Se desconoce en qué punto llegarán Nadal, lastimado de la rodilla derecha en la recta final del curso previo, o el serbio Djokovic, al que el codo le tuvo 200 días fuera de combate; se sabe que no aterrizará excesivamente bien Wawrinka, apeado también desde hace medio año y quien hace poco reconocía que una última intervención quirúrgica, en la rodilla izquierda, le hizo sopesar la retirada; y se tiene la certeza de que no competirá Andy Murray, torturado por la cadera, hasta el punto de pasar por el quirófano cuando quería evitar a toda costa.

Casi todas las figuras han sufrido algún que otro contratiempo más o menos severo y eso convierte la apertura del año en toda una incógnita. Existen dudas y se han abierto muchos interrogantes, desprendiendo la sensación de que cualquier cosa puede pasar en Melbourne. “Me siento bien, de lo contrario seguramente no estaría aquí. Mi idea es continuar entrenando los próximos días para estar listo”, expresaba ayer Nadal, de 31 años, después de jugar su primer partido (no oficial) en dos meses. Reapareció el de Manacor en el ensayo de Kooyong y perdió (6-4 y 7-5) contra el francés Richard Gasquet, quien no había podido con él en 15 precedentes.

“Ha sido un buen test y eso es lo más importante”, concedía el balear, que en las dos últimas temporadas ha padecido de la muñeca (2016) y la rodilla (2017), un percance este último que ha condicionado su puesta a punto y le ha hecho llegar con retraso al pistoletazo de salida, por más que desde su equipo se desligue una cosa de la otra. “El año pasado fue largo, así que comencé mi preparación más tarde de lo habitual”, argumentó el ganador de 16 grandes. Este miércoles volverá a la pista para disputar otra exhibición con el objetivo de seguir engrasándose y aspirar al título que se le resistió hace un año ante Federer, el que paradójicamente, con 36 años, transmite mejores vibraciones en este arranque.

El enigma de Nole y las penurias de Wawrinka

Wawrinika golpea de revés durante un entrenamiento en Melbourne. ampliar foto
Wawrinika golpea de revés durante un entrenamiento en Melbourne. Getty

En contraste, Djokovic es hoy día un enigma. Nole (30) tuvo que parar en julio debido a una lesión persistente en el codo e irrumpe lejos de esa versión atenazante de hace dos años. Saturado de dolor y del propio tenis, optó por hacer un parón y mimar la articulación. Los indicios eran positivos, pero horas antes de reaparecer en Abu Dabi, hace un par de semanas, anunció su baja. “Mi equipo médico me ha recomendado no arriesgar”, explicó. “He disfrutado de los entrenamientos, pero debo aceptar mi situación y continuar con la terapia”, agregó el balcánico, ahora 14 del mundo.

El caso de Wawrinka (32), triple campeón de Grand Slam, también es sintomático de los achaques que sufren cada vez con más frecuencia los integrantes de una generación dorada del tenis. El suizo ha atravesado seis meses de penurias y por el camino se separó del técnico que le guio hacia la gloria, Magnus Norman. “Llegué a pensar en retirarme, pero sigo adelante. Hubo momentos en los que no podía ni caminar. Pensé que quizá no iba a poder salir de esto”, reveló el mes pasado en una entrevista concedida a Le Matin Dimanche.

Pensé en retirarme. Hubo momentos en los que no podía ni caminar

STAN WAWRINKA

Estos días sonríe, porque su realidad era tan cruda que ahora saborea su regreso a las pistas. “Lo primordial, ahora, es jugar un partido y comprobar cómo me siento”, exponía ayer. Seis meses atrás, el suizo se dañó el cartílago de su rodilla izquierda y después de operarse se apoyó en Pierre Paganini, su preparador físico, para ponerse a tono y volver a escena. Una escena en la que no figurará el japonés Kei Nishikori (muñeca), porque la segunda línea de fuego también ha recibido el duro impacto de las lesiones en los últimos tiempos: David Ferrer (codo y tendón de Aquiles), Milos Raonic (muñeca), Jo-Wilfred Tsonga (rodilla), Tomas Berdych (espalda), Nick Kyrgios (cadera)…

Solo Federer, bajo ese sofisticado programa de juego que diseñó la campaña anterior, ha resistido al infortunio. El gentleman de la raqueta apenas ha tenido contratiempos últimamente; tan solo una dolencia en la espalda le obligó a renunciar a Cincinnati, en agosto, y le mermó en Nueva York. El resto del ejercicio, impoluto. “Debo cuidarme, ya soy mayor”, bromea el suizo. “Espero que los lesionados se recuperen pronto”, deseaba en fechas recientes el gigante de los gigantes. El campeón de mayor edad, pero también el más sano.

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