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De Lima a Córdoba: dunas, mal de altura y mucho calor en el Dakar

Los 525 participantes del rally raid más duro salen hoy de la capital peruana. En la primera jornada ya les espera el desierto

Carlos Sainz, dentro de su Peugeot, un día antes de la salida del Dakar de Lima. Ampliar foto
Carlos Sainz, dentro de su Peugeot, un día antes de la salida del Dakar de Lima. EFE
Barcelona / Madrid

De Lima a Pisco, 31 kilómetros de especial, 273 en total. Ese será el recorrido de la primera etapa del Rally Dakar de este año, que empieza este sábado en la capital peruana. Un total de 337 vehículos (525 participantes en total) tomarán la salida y se meterán de lleno, así a las primeras de cambio, en los primeros paisajes desérticos antes de asomarse al Pacífico. Será solo una muestra de lo que puede ser la carrera, esa que le hubiera gustado correr a Marc Coma, ex piloto y ahora director deportivo del rally.

El recorrido que ha diseñado el cinco veces ganador de la prueba tiene de todo —etapas para la pericia, para la resistencia y para tirar de orientación— y está ideado para llevar a los concurrentes al límite casi cada día. Habrá cinco jornadas de dunas en Perú, muchas y duras —especialmente peligrosa, advierte la organización, será la cuarta etapa, con más de 100 kilómetros de terreno arenoso—, para rememorar los tiempos en que se corría en África. La sexta etapa será la de la entrada en Bolivia, donde esperan cinco días más con un factor extra que superar: la altura. Se competirá a más de 3.000 metros, con una etapa a 4.800 metros, todo un reto para el cuerpo humano: el frío se hará notar y habrá que combatir el temido mal de altura.

Después de la etapa de descanso, el único respiro para quienes hayan resistido al arreón inicial, se celebrará en Uyuni una primera etapa maratón (la segunda será solo para motos y quads) en la que no se permitirá la ayuda de las asistencias. La salida de Bolivia, tres días después, dará paso al final más exigente: el calor infernal de las tierras del norte de Argentina, los caminos de tierra, barrancos, y de nuevo alguna duna. Terribles serán como siempre los dos días en torno a Fiambalá, donde la arena se reblandece.

Un cambio de reglamento para la categoría de coches busca este año limitar el dominio de Peugeot, marca ganadora de las últimas dos ediciones, todo un equipo repleto de estrellas (con Peterhansel, Sainz, Loeb y Despres) que aspira a repetir triunfo en 2018, año en el que se despedirá del Dakar. Sus buggys, en cambio, pesarán 80 kg más que en 2017 mientras los 4x4 tendrán 100 kg menos. A estas modificaciones de acogen Toyota (con Al-Attiyah) y Mini (Roma) para cambiar la tendencia.

No existen tendencias en las motos desde que abandonaron la categoría Despres y Coma, de modo que tampoco hay grandes favoritos, más allá de que la marca dominadora de la carrera es KTM (mientras Honda, y de entre sus pilotos el español Joan Barreda, no diga lo contrario). Los focos se posarán en Sunderland y Price, los últimos ganadores, que, sin embargo, no han tenido un buen año, con lesiones y problemas, al igual que Barreda. Por eso no se puede descartar a tipos más experimentados, como Farrés (tercero en 2017 y que ha anunciado que este será su último año) o Quintanilla.

De entre las mujeres, 14 en total, es fácil destacar —pese a las palabras de Etienne Lavigne, director del Rally Dakar, que afirmó hace unas semanas que se trataba de una carrera “más para hombres que para chicas”— a Laia Sanz, que aspira a repetir el noveno puesto del 2016. Se cuentan 78 debutantes y en ese pelotón despunta otro español: Jonathan Barragán, diez veces campeón de España de motocross.

De Lima a Córdoba, previo paso por La Paz, todos, novatos y veteranos, favoritos y aficionados, sueñan con llegar a la gran urbe argentina, meta de la carrera, en este 40 aniversario que pretende recuperar las esencias de la competición. En su primera edición, con 176 participantes, solo 74 llegaron a Senegal, menos de la mitad.

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