Froome, obligado a correr el Giro aun poniendo en peligro su quinto Tour

La carrera italiana, que se presenta mañana, saldrá de Israel y ha hecho un gran esfuerzo económico para atraer al mejor ciclista del mundo

“No, no lo creo. Hasta que no le vea en la salida no me creeré que Chris Froome vaya a correr el Giro. Su obligación es ganar el quinto Tour. No puede distraerse con el Giro…”, dice Brian Cookson, el padre del milagro inglés en el ciclismo y comadrona del equipo Sky en sus tiempos de presidente de la federación británica de ciclismo, que está en Eindhoven en la conferencia Play the Game y parece estar tan perdido, tan alejado de la realidad, como en sus últimos meses al frente de la Unión Ciclista Internacional (UCI), cuando perdió por goleada en septiembre la votación para la reelección y se declaró sorprendido, pues pensaba tener seguros los votos de la victoria. “De todas formas”, continúa, y se justifica, “hace tiempo que no hablo con David Brailsford, el jefe del Sky”.

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No mucha gente fuera de su círculo, seguramente, habrá hablado con Brailsford últimamente, pero nadie del mundillo del ciclismo es tan ingenuo como para afirmar que Froome no correrá el Giro. Las voces en sentido contrario son cada vez más altas. Se puede decir, según fuentes cercanas a RCS, la empresa organizadora, que solo falta el anuncio oficial: cinco años después de que otro británico, Bradley Wiggins, lo hiciera para su desgracia (abandonó tras múltiples caídas y lluvias), un ganador vigente del Tour correrá el Giro.

El responsable de la decisión es un agente tan poco ciclista como Israel, el país que ha pagado 10 millones de euros a RCS por organizar las primeras etapas del próximo Giro, que partirá de la ciudad santa de Jerusalén el viernes 4 de mayo de 2018. La carrera italiana, cuyo recorrido completo se anunciará el miércoles 29 en Milán, es la única gran prueba deportiva que puede organizar Israel, un país que por sus circunstancias geopolíticas, la ocupación de territorios palestinos y la imposibilidad de un acuerdo de paz con el mundo árabe, tiene vetado cualquier otro gran evento, sea un Mundial de fútbol o de cualquier deporte. El Giro es su gran oportunidad de integrarse, de vender al mundo su imagen moderna y aparentemente abierta. Para ello necesita que la carrera italiana deje de ser la prueba de segundo nivel respecto al Tour que ha sido los últimos años y se convierta en un acontecimiento global. Para eso, necesita a Froome el Gobierno de Benjamin Netayanhu, que en su aventura legitimadora incluso se ha lanzado a invitar a visitar Jerusalén durante la salida del Giro al Papa Francisco, recordándole que la carrera termina tres semanas más tarde, el 27 de mayo, en Roma, junto a los muros del Vaticano. El Papa no ha dicho que sí a Israel.

Tampoco lo ha dicho Froome, que no quería ni loco. Los últimos intentos de un doblete Giro-Tour, los de Alberto Contador, en 2015, y Nairo Quintana en 2017, terminaron en tal fracaso que la idea universal actual es que es imposible ganar ambas carreras un mismo año. La decisión de que corra en Israel e Italia la ha tomado directamente Brailsford, que no pudo decir que no a la gran oferta económica que recibió su equipo. El diario holandés De Telegraaf informaba el lunes de que el Sky recibirá dos millones de euros, aunque no precisó si el dinero es una oferta directa de Israel o con la intermediación del propio Giro.

Landa también irá

La participación de Froome, junto a la del último ganador, el holandés Tom Dumoulin, quien, según La Gazzetta dello Sport, el periódico propiedad de RCS, anunciará su elección en enero, junto a la segura de Fabio Aru y la posible de Vincenzo Nibali, harán del Giro una carrera con tanta importancia que se asegurará la atención de todos los medios mundiales. Este factor influirá seguramente en la decisión que tome Mikel Landa, el ciclista español con más capacidad para las grandes vueltas. Su equipo, el Movistar, estaba dispuesto a correr el Giro con una alineación sin líderes, como hizo en la pasada Vuelta, y concentrar a su tridente Landa-Nairo-Valverde en el Tour y en la Vuelta. Un Giro con más categoría obligará a Eusebio Unzue, su director, a llevar al viaje entre Israel e Italia a una de sus figuras para lograr su porción de atención mediática.

Sobre la firma

Carlos Arribas

Periodista de EL PAÍS desde 1990. Cubre regularmente los Juegos Olímpicos, las principales competiciones de ciclismo y atletismo y las noticias de dopaje.

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