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¿Casualidades?

La clave del oro de Mireia en Budapest fue su superioridad en el nado subacuático, un terreno que la emparenta con Martín López-Zubero, el primer oro olímpico español

Mireia Belmonte nada bajo el agua durante la final de 200 mariposa.
Mireia Belmonte nada bajo el agua durante la final de 200 mariposa. MARTIN BUREAU / AFP

Toda una vida dedicada a la natación y nunca pensé que una española fuera capaz de conseguir todo lo alcanzado por Mireia. Recuerdo la final de 200m espalda en Barcelona 92, en las gradas, nervioso al ver a un español con posibilidad de medalla. La victoria de López Zubero fue un éxito extraordinario, pero nada comparable a lo conseguido por Mireia. Mireia está aquí, vive con nosotros, la vemos entrenar en Sierra Nevada y nos recuerda que con esfuerzo los objetivos pueden llegar a conseguirse, aunque parezcan inalcanzables.

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Hoy todo era diferente, una final de 200 mariposa, tras una medalla en 1500, ¡qué locura!, cuando hace bien poco las mujeres no podían ni nadar esta prueba. Ganar a Hosszu, en su país, con todo a su favor, ¿quién lo podía creer tras los éxitos recientes de la húngara? Esto ha tenido como resultado que su victoria sea un hecho único.

Las cuatro primeras nadadoras estaban absolutamente concentradas, lo que se demuestra por su corto tiempo de separación de los pies del poyete de salida (erróneamente llamado tiempo de reacción en los resultados oficiales). Todas con un tiempo de 66 centésimas, algo realmente corto para esta prueba. Mireia lo hizo en solo 64 centésimas. A sabiendas de sus limitaciones en la salida, en esta fase trata de restar lo posible y aunque parezca mentira esas dos centésimas al final cuentan mucho.

En mi previsión de lo que podía suceder en esta final, esperaba algo parecido a lo sucedido en Río, solo que en este caso el papel de la australiana Groves —medalla de plata— lo debía tomar Hosszu, con un primer parcial similar al que realizó en la final de los 200m estilos, es decir, 27,07s. Esto no ocurrió así, realizó 28,25s, que no la distanciaron lo suficiente. Mireia perdió solo 36 centésimas de segundo, algo que modificaba sobremanera lo esperado en la prueba. Mireia inició la remontada en el segundo largo, siendo la única nadadora de la final nadando por debajo de 32s, lo que le permitió llegar al primer 100 en segunda posición y solo a 0,14s de Hosszu. Su tercer parcial, de 32,22s, fue otra vez el más rápido de todas las participantes, lo que le permitió llegar con suficiente ventaja al pase de 150m. Algo que no sabíamos, como declaró al acabar la final, pudo fastidiarnos la fiesta: un resfriado mañanero, le impedía respirar correctamente y eso hizo que nos levantáramos de nuestro asiento, al ver como se le acercaba la alemana Hentze en los últimos metros, la más rápida en el último 50 con 22 centésimas menos que Mireia. Pero ¿cómo respondió Mireia? Con experiencia y aplomo. Realizó una llegada subacuática mientras la alemana se comió la pared dando brazada y media en el último metro. Saber ganar es parte de esta historia y Mireia nos lo ha demostrado. Incluso estando extenuada es capaz de sacar su acerbo motor y resolver problemas de forma instintiva y rápida, y en particular en la llegada, el momento más importante. ¿Tendrá que ver esto con todo a lo que su entrenador, Fred Vergnoux, la expone en los entrenamientos? Seguro que sí.

Por lo demás, la observación detallada de la prueba, nos muestra como alcanza 9m bajo el agua en el primer viraje (similar a cinco nadadoras más), otros 9m en el segundo (ya solo una nadadora la iguala) y a prácticamente 10m en el tercero, que le permite mantener la diferencia alcanzada de 35 centésimas tras el tercer viraje. Aquí volvemos al inicio de la historia: Lopez-Zubero en el 92, ganó porque fue el nadador de la final de 200m espalda que más distancia recorrió bajo el agua tras los virajes. ¿Casualidades?

Raúl Arellano es catedrático de la Universidad de Granada y biomecánico de natación.

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