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Kariakin resucita de nuevo

El aspirante aguanta otras seis horas y media al borde del abismo ante Carlsen

Si el ajedrez fuera sólo defensa, el campeón del mundo sería Serguéi Kariakin, y no Magnus Carlsen. Al igual que el lunes, el noruego se sintió a medio paso de la victoria en la 4ª partida de las 12 previstas; pero, como el lunes, el ruso salió del ataúd indemne tras una asombrosa exhibición de sabiduría técnica. El escandinavo intentará romper el muro otra vez el jueves, con las piezas blancas, con el marcador igualado (2-2).

Carlsen intenta recordar sus análisis durante la apertura Ampliar foto
Carlsen intenta recordar sus análisis durante la apertura

 

Cuando, a las 13.50, Kariakin llegó a la entrada especial para los jugadores del Fulton Market Building, acompañado de su principal analista, Vladímir Potkin, daba una imagen de lozanía, a pesar de las siete horas de tortura que soportó el lunes para arrancar un empate de gran mérito. Pero las dudas no estaban en su resistencia física –él cuida mucho la preparación también en ese aspecto-, sino en su equilibrio psicológico tras haber estado al borde de la derrota durante tanto tiempo. Ya en esa partida, la 3ª, el ruso dio señales de inestabilidad al hacer varias jugadas con innecesaria rapidez, y una de ellas, la 42, fue la que le llevó al potro de torturas.

Poco antes había llegado Carlsen, junto a su guardaespaldas noruego, Björn Gunnar Nesse. No es aventurado suponer que el campeón, aunque jugase con negras, venía dispuesto a seguir apretando el torniquete de la presión sobre el cerebro del aspirante, a quien sabía tocado en su confianza, que tan abundante parecía durante las dos primeras partidas.

Y el guión se desarrolló exactamente como el escandinavo había planeado. Kariakin no sacó ventaja alguna de la apertura con blancas; sin embargo, ya fuera por orgullo o por la necesidad de mostrar que no teme al campeón, tomó dos decisiones seguidas muy discutibles, más acordes con lo que a él le gustaría que hubiese en el tablero que con lo que había en realidad; en lugar de jugar con la prudencia preceptiva en una posición de equilibrio, lo hizo como si tuviera ventaja, cayendo así en la sibilina trampa del noruego. Lógicamente, quedó peor, y el tiburón de Oslo olió la sangre de nuevo, como en la víspera.

Carlsen, el lunes, tras seis horas de juego ampliar foto
Carlsen, el lunes, tras seis horas de juego

Kariakin tomó entonces otra decisión crítica (37 h4), pero es probable que esta fuera acertada: en lugar de quedarse pasivo, esperando que Carlsen encontrase o no la manera de convertir su ventaja en victoria, el ruso regaló una ventaja permanente (mayoría dinámica de peones negros en el flanco de rey contra mayoría inútil de peones blancos en el lado opuesto) a cambio de activar sus piezas en busca de contrajuego.

Poco después, Kariakin tomó otra decisión de gran profundidad (43 g4), que sumió a Carlsen –esta vez con la chaqueta puesta, y no desmadejado como en la víspera- en una reflexión de 24 minutos, mientras Kariakin (en mangas de camisa) esperaba aletargado en un sillón entre bambalinas. Esa actitud, poco menos que relajada, indica que Kariakin ya estaba convencido en ese momento de que sus probabilidades de tablas eran muy altas.

Por el contrario, Carlsen admitió después que se equivocó al evaluar la posición, y lo hizo en una conferencia de prensa mucho más interesante de lo habitual, a pesar del enorme cansancio acumulado por ambos en dos días: “Al jugar 45 f4 he subestimado los recursos defensivos, y de hecho no he visto que Serguéi podía construir una fortaleza. En realidad, siempre he sido muy escéptico sobre ese concepto de fortaleza que a Anand le gusta tanto. Pero está claro que hoy había una y yo no la he visto”. Además, el campeón se tomó la situación con filosofía, en lugar de los ataques de ira de otras ocasiones: “Es mejor empatar atacando que defendiendo. Que el marcador esté igualado después de cuatro partidas no es ningún desastre”.

Puestos a sincerarse, Kariakin también estuvo a la altura de las circunstancias y la deportividad al admitir que, en la jugada 18, había caído en una rebuscada trampa posicional de Carlsen: “En ese momento, yo estaba feliz, hasta que vi la respuesta de Magnus”.

Disputado el primer tercio del duelo, el papel de favorito de Carlsen queda confirmado, incluyendo su ventaja psicológica tras el desenlace de las partidas 3ª y 4ª: Kariakin, consciente de que ha rozado la derrota durante gran parte de esas 13,5 horas, también lo es de que si el cántaro va muchas veces a la fuente, acaba rompiéndose. Ahora bien, las tornas podrían volverse en contra del campeón si las cuatro próximas partidas acaban en tablas, porque entonces será él quien empiece a perder su gran confianza en sí mismo. De momento, los millones de espectadores de este circo romano en todo el mundo premian a los gladiadores con largos aplausos por su tenacidad, a pesar de que aún no se ha vertido la primera sangre.

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