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“Yo firmo lo que me dice mi papá”

Neymar, procesado por los jueces, se apunta a la teoría de Messi

El padre de Neymar y su hijo, a su llegada al juzgado el pasado 2 de febrero
El padre de Neymar y su hijo, a su llegada al juzgado el pasado 2 de febrero EL PAÍS

Fue preguntado Luis Enrique el viernes si las cuitas judiciales en las que se halla inmerso Neymar podrían afectar a su rendimiento. Y así contestó el entrenador del Barça, sin comerse a ningún periodista: “Si hay un club y un jugador acostumbrados a este tipo de casos alejados del fútbol somos el Barcelona y Neymar”. Toda la razón tiene Luis Enrique. No hay institución con más movidas judiciales que el Barça. Bueno, sí la hay. El PP. Pero esa es otra historia.

La Audiencia Nacional acaba de ordenar al juez De la Mata que reabra el caso contra el futbolista por estafa y corrupción entre particulares. Consideran los magistrados que Neymar y el Barça alteraron “el libre mercado de fichajes de futbolistas” y perjudicaron al fondo DIS, propietario del 40% de los derechos del jugador, cuando en 2011 el club pagó 40 millones, y otros 10 en concepto de préstamo, para asegurar la llegada del futbolista tres años después. Ordena la Audiencia, pues, que sean procesados Neymar, sus padres, el Santos (su club de precedencia) y Sandro Rosell, presidente por entonces del Barça. Pero ojo que este es el segundo caso Neymar. El primero es aquel en el que el club y sus dos últimos presidentes, Rosell y el actual, Josep Maria Bartomeu, eran acusados de sendos delitos fiscales. Ya se sabe cómo acabó, con un pacto con la fiscalía por el que los dos directivos quedaban exonerados y toda la culpa la asumía el Barça, convertido así en el único delincuente de la terna y condenado a pagar 5,5 millones. No se sabe qué opina al respecto el conjunto de la afición (perdón por el pleonasmo pero venía al pelo), pero sí que en el asiento central del palco sigue sentado Bartomeu, ese señor que no para de sonreír pese a haber convertido al Barça, un club que tiene millones de seguidores en todo el mundo, en reo de la justicia. Reo y condenado.

El pasado mes de febrero, Neymar y su padre acudieron a la Audiencia para declarar ante el juez por el caso de estafa y corrupción. Allí, el futbolista aseguró que él rubricaba cuanto documento le ponía ante los ojos su progenitor. Vamos, que bien pudo decir algo así como “yo firmaba porque me lo decía mi papá”... Perdón, perdón, que esta frase no es de Neymar. Es de Messi. Tener padres como los que tienen estos chicos no es malo, por supuesto, pero sí arriesgado. Los señores cogen un papel, te lo ponen delante para que firmes con todo el amor del mundo y ya puedes rezar lo que sepas. No sería extraño que en ese fugaz instante en el que uno coge el bolígrafo se le aparezca la figura de un juez togado, un banquillo, una celda, incluso.

Tenía razón Luis Enrique, sí. A Neymar no le afectaron sus líos judiciales y en Gijón, ante el Sporting, se disfrazó de Messi y realizó una exhibición, con dos goles incluidos. La semana había comenzado con aquella polémica sobre si su manera de comportarse en el césped podía resultar, en ocasiones, humillante para su rival. En su defensa salieron desde Simeone a Zidane, pasando por sus compañeros. Pero es este un debate tan insustancial que no vale la pena ni plantearlo. El fútbol, cuando lo que hay por medio son 22 futbolistas y no todo el estiércol que les rodea, es un espectáculo. Y por ello, cuanto se haga y esté en los límites del reglamento es legítimo y de agradecer. Neymar es un privilegiado porque el balón es una prolongación de su cuerpo y hace con él lo que le viene en gana. Con su voz, por lo visto, también lo hace, ahora que le ha dado por cantar (es un decir). Otra cosa es que no sepa lo que firma. Pero teniendo un papá a mano, ¿a quién le importa? A los jueces sí, por lo visto.

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