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Oro para América Latina

Nunca se habían conseguido tantas medallas de oro en la región como en los juegos de Río

Oro para América Latina

Si el éxito en el medallero olímpico se mide en preseas doradas, América Latina merece un aplauso. Nunca en este siglo los países americanos de habla castellana y portuguesa –y cualquiera de los dialectos que amparan el náhuatl, el maya, el miskito, el tukano, el quechua, el aimara, el mapuche, etcétera– habían conseguido, en conjunto, tantas medallas de oro como en Brasil. Y la cuenta habría sido mayor si Cuba hubiera repetido gestas pasadas, si México hubiera cumplido con la mitad de los objetivos planteados, igual que Brasil.

América Latina ha ganado 19 medallas de oro. Brasil, el país anfitrión, se alzó con siete en el decimotercer puesto del medallero. Luego Cuba, con cinco, Colombia, con tres, Argentina, con tres también y Puerto Rico, con una. En total, contando platas y bronces, son 51 medallas, menos que en Londres (56), Pekín (56) o Atenas (55), pero no demasiado lejos.

Llama la atención la depauperación de la delegación cubana, que con apenas once metales se queda a tres de los que consiguió en Londres y muy lejos de los 24 de Pekín o los 27 de Atenas. Aún así, es una marca extraordinaria para un país de doce millones de habitantes.

Colombia se erige en la nueva potencia hispanohablante del continente. Con ocho medallas repite la marca de Londres, pero aumenta los oros de uno a tres. Argentina igual avanza. Repite las cuatro medallas de Londres, pero pasa de uno a tres oros.

Pese a las dudas iniciales y el torrente de críticas a las autoridades deportivas, México se va a casa con cinco medallas, tres de plata y dos de bronce. En Londres fueron siete, con la sorpresa del oro en fútbol masculino.

Brasil ha conseguido 19 medallas, lejos de las 30 que marcaron como objetivo las autoridades del gigante sudamericano. Un éxito en todo caso, después de las 17 de Londres.

Como nota curiosa, doce de los 19 medallistas brasileños son integrantes de las fuerzas armadas. Tres son de oro. En México, cuatro de los cincos medallistas pertenecen al Ejército o la Armada.

ARGENTINA

Los Juegos Olímpicos arrancaron con muy malos augurios para Argentina. La selección de fútbol, que siempre dio grandes alegrías olímpicas a este país, llegó en plena crisis: el entrenador dimitió, ningún jugador importante quería acudir. Y efectivamente al fútbol olímpico argentino le fue muy mal. Pero Argentina ha borrado ese mal sabor de boca con unos juegos por encima de las expectativas.

Argentina logró tres medallas de oro suponen un gran éxito. En Londres sólo lograron una y en Pekín dos. Hay que irse a 1948 para encontrar una Argentina con tres otros. La judoka Paula Pareto, el hockey masculino y la pareja de vela Santiago Lange y Cecilia Carranza animaron a un país que no suele arrasar en los juegos. Lange emocionó a todos con su victoria a sus 54 años y después de superar el año pasado un cáncer de pulmón.

Pero la medalla que más ha conmovido a los argentinos en estos juegos no fue de oro. Es la plata que logró en tenis Juan Martín Del Potro. A los argentinos, acostumbrados a tener buenos tenistas, les fascinan las historias de superación. Por eso Del Potro, que estuvo a punto de dejar el tenis por una grave lesión, ha sido el gran héroe con su victoria agónica sobre el español Rafael Nadal, que le metió en la final donde, agotado por el esfuerzo, no pudo ganar a Andy Murray pero estuvo muy cerca.

Del Potro ha acaparado todas las portadas de los diarios y las televisiones se pelean por tenerlo en sus pantallas. Los argentinos están totalmente enganchados a su tono humilde y su batalla contra los límites de su propio cuerpo. Estos juegos han supuesto además la despedida de la Generación Dorada, el mejor grupo de jugadores de baloncesto de la historia argentina. España cortó el camino hacia las medallas del grupo de Manu Ginobili, que a pesar de eso se despidió a lo grande como la única generación, con la española, que pudo luchar de igual a igual con EEUU y ganarles en varias ocasiones en los últimos 10 años.

Argentina se va así de los juegos con un buen sabor de boca aunque con la necesidad de buscar nuevos referentes en sus dos grandes deportes olímpicos: fútbol y baloncesto. Por Carlos E. Cúe.

COLOMBIA

Colombia celebra. Las dos medallas de oro con las que hasta ahora contaba en su historia olímpica, ya fueron superadas en los juegos de Río. Los deportistas colombianos alcanzan ocho medallas en total y tres son oro. Óscar Figueroa fue el primero en lograr una presea dorada en estos olímpicos, tras resultar ganador en levantamiento de pesas (menos de 62kg). El joven, que durante su adolescencia tuvo que vivir el conflicto de Colombia, al ser desplazado por la violencia, abrió el camino en Río que hoy tiene festejando al país. Caterine Ibargüen en salto triple y Mariana Pajón en BMX también se coronaron con la medalla de oro. Pajón se convirtió en la única deportista colombiana que acumula dos preseas doradas.

El boxeador Yuberjén Martínez le dio por primera vez una medalla de plata a Colombia en este deporte. Hasta ahora, el boxeo de su país había ganado tres de bronce. Yuri Alvear, ganadora de bronce en Londres 2012, volvió a tener un destacado desempeño. En Río logró llevarse una medalla de plata en judo, categoría hasta 70kg. Luis Javier Mosquera en pesas, Carlos Ramírez en BMX y la boxeadora Íngrit Valencia lograron medalla de bronce. Valencia además pasará a la historia por ser la primera boxeadora colombiana que clasifica a unos Olímpicos. Por Sally Palomino.

MÉXICO

Sabor agridulce, una textura de última hora en México, resignado y dedicado a criticar a sus responsables deportivos casi desde que empezaron los juegos. Las tres medallas que se ganaron este sábado, el penúltimo día de competición, atemperan momentáneamente el abucheo general.

México ha conseguido preseas en cinco disciplinas distintas, dos clásicas, taekwondo y clavados, una lógica, en boxeo, una inesperada, en pentatlón, y la última, quizá una de las más meritorias, la plata de Lupita González en 20 kilómetros marcha, una lucha infernal con las atletas chinas.

La gran decepción, el fútbol. México llora aún la tragedia de la Copa América este verano, cuando perdió 7-0 ante Chile. La victoria momentánea de Fiji en la fase de grupo de los juegos, partido que acabó ganando México 5-1, retrató el nerviosismo de la selección, el nerviosismo de un país que teme no cumplir consigo mismo.

Dejando de lado el oro en fútbol en Londres, el desempeño de la delegación mexicana entonces fue muy parecido, ganando apenas un bronce más que en Río. Sin embargo, las sensaciones ahora y entonces parecen muy distintas. Los Juegos Olímpicos de Río han creado un villano en México, el comisionado nacional del deporte, Alfredo Castillo. Por Pablo Ferri.

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