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La triple sonrisa de Caterine Ibargüen

La saltadora colombiana, bicampeona del mundo, aspira a lograr el oro después de la plata de Londres

Caterine Ibargüen, tras el salto del sábado.
Caterine Ibargüen, tras el salto del sábado. AP

De Caterine Ibargüen se puede decir que es la atleta más importante en la historia del deporte de Colombia. Pero los éxitos de esta antioqueña de 32 años que vive pegada a una eterna sonrisa traspasan su país. Ibargüen, que este sábado solo necesitó un intento para clasificarse a la final, es la reina mundial del triple salto. Solo así se puede considerar a quien después de lograr la plata en Londres ha sido bicampeona del mundo y ganadora de las sucesivas Ligas Diamante. Una carrera marcada por la continua superación a la que se ha sometido la saltadora, acorde con la letra de ese vallenato, Mi propia historia, que tiende a escuchar antes de alguna competición: “Ay cada quien tiene en la vida su cuarto de hora. Que lo motiva, que lo entusiasma a ser triunfante…”

Los de Río son los terceros Juegos Olímpicos en los que participa Ibargüen, después de la plata en Londres y de su estreno en Atenas, hace ya 12 años. En aquella ocasión, no pasó de la primera fase en salto de altura, una especialidad que le privó de la cita en Pekín, cuatro años más tarde. Ante tamaña decepción su entrenador le animó a pasarse al triple salto, donde con el tiempo se ha consolidado en lo alto de los cajones.

Deslumbrante, pizpireta, la antioqueña, de 32 años, sonríe desde hace más de tres años como reina mundial del triple salto. Desde que logró la plata en los Juegos de Londres, la colombiana no ha tenido quién la tosa en su especialidad. Solo la kazaja Olga Rypakova, la que le despertó del sueño dorado hace cuatro años, ha conseguido romper la imbatibilidad de Ibargüen en este ciclo olímpico: en junio terminó con 34 triunfos consecutivos de la atleta colombiana.

En Río vuelve a tener enfrente a Rypakova, pero también a la joven venezolana Yulimar Rojas, 192 centímetros y 20 años, que la retará en una rivalidad que hará saltar chispas entre vecinos. Son, a priori, los dos únicos obstáculos que separan a la colombiana de lo más alto, un lugar que se le escapó en Londres por una lesión de última hora. Ibargüen, como relató en una entrevista a la revista Bocas, se vio obligada saltar con una protección con el muslo, un martirio que trató de ocultar a sus oponentes.

Un contratiempo que no parece haber hecho mella en Ibargüen, convencida de que, esta vez sí, volverá con el oro colgado del cuello, en lo que se antoja la última oportunidad de lograrlo. Fiel a sus rutinas –además del vallenato de Silvestre Dangond suele llevar unos aretes que le regaló su madre con 16 años- Ibargüen es una de las deportistas más queridas de su país, algo que a la antioqueña le llena de orgullo: “Me gusta que la gente vea todo el trabajo que he hecho, me emociona que me vitoreen, porque es un compromiso para ser mejor”.

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