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Elogio del caminar (y de la soledad)

William Hazlitt y Robert Louis Stevenson escriben sobre el arte de mover las piernas y disfrutar (a solas) del trayecto

Elogio del caminar (y de la soledad)

Caminar es uno de los deportes más practicados en el mundo. Es una actividad natural al ser humano que casi todo el mundo puede practicar ajustando ritmo, distancia o dificultad del trayecto. De horario libre, gratuita y saludable, es muy común recibirla como receta para la salud, contra el sobrepeso o, incluso, contra la ansiedad.

Pero no se debe confundir caminar con pasear, o al menos eso asegura Juan Marqués, autor del prólogo de Caminar (Nórdica Libros), un librito que recoge un texto de William Hazlitt y otro de Robert Louis Stevenson que son una celebración del arte de mover las piernas y disfrutar (a solas) del trayecto y de la morada que espera al final. Y son un elogio también de la soledad. "No es que convenga estar solo a la hora de caminar, sino que es muy probable que quien se lance a caminar acabe solo", asegura Marqués.

Tiene el caminar algo de metáfora de la gesta deportiva individual: desde la salida perezosa a la llegada del clímax, del yo inicial a la completa identificación con el paisaje, de la mente en ebullición durante el esfuerzo al premio de la llegada a destino con la sensación de haber cumplido un objetivo. Caminar es una forma de descubrir y de olvidar. "Todo ese espacio del mapa que no tenemos ante nosotros está en blanco", decía Hazlitt.