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Surfear en un volcán activo

Turistas de todo el mundo viajan a Nicaragua para deslizarse por las empinadas laderas del Cerro Negro

Un hombre hace sandboarding en el Cerro Negro en Nicaragua.
Un hombre hace sandboarding en el Cerro Negro en Nicaragua.

Antes, el Cerro Negro de Nicaragua era solo un volcán. Ahora, el cono grande y negro es algo más. En los últimos años se ha convertido en un destino turístico, promovido a nivel internacional, por ser un volcán activo donde los visitantes pueden deslizarse en una tabla de madera sobre sus empinadas laderas. A la actividad le llaman sandboarding, volcano boarding o simplemente surfear sobre arena volcánica.

Elena Hasnas, de 25 años, originaria de Moldavia y su esposo Dmitry Poglot, de 32 años, de Ucrania, tienen un blog de viajes y siempre andan en busca de aventuras alrededor del mundo. Este año supieron de la existencia de esta actividad y decidieron viajar a Centroamérica para intentarlo. “Es una experiencia única, que debería estar en la lista de cosas que todo el que visite Nicaragua debe hacer. Al inicio es un poco intimidante, cuando te sientas en la tabla y te deslizas hacia atrás para que aumente la velocidad de tu descenso, pero después, esos minutos en los que bajas, se convierten en un viaje que nunca olvidarás”, cuenta Poglot.

El Cerro Negro es el volcán más joven de Centroamérica, con apenas 165 años. También es uno de los más activos de la región. La última vez que hizo erupción fue hace 16 años, el 5 de agosto de 1999, cuando las fuentes de lava alcanzaron más de 300 metros de altura y las zonas aledañas permanecieron cubiertas de humo y cenizas durante varios días. Desde su nacimiento, según el Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), ha tenido al menos 20 erupciones.

Dos turistas escalan el volcán Cerro Negro. ampliar foto
Dos turistas escalan el volcán Cerro Negro.

El recorrido de esta aventura comienza en la ciudad de León, ubicada a unos 80 kilómetros al norte de la capital, y donde se encuentran la mayoría de operadoras que brindan el servicio. En un automóvil con tracción 4x4, los turistas son trasladados hasta las faldas del volcán. El trayecto dura unos 45 minutos. Una vez ahí, un guía les entrega el material que deben cargar: una tabla de madera, unos guantes, un traje (de uso opcional) y unas gafas para proteger los ojos de la arena.

Ahí comienza la escalada de aproximadamente una hora. Los visitantes cuentan que no es fácil. Rafael López, salvadoreño, que viaja con frecuencia al país centroamericano, ha hecho sandboarding al menos ocho veces y asegura que el calor, el sol, el camino pedregoso y el nivel de inclinación hacen que llegar a la cima sea complicado.Desde la cumbre, se respira el olor a azufre y la vista es imponente. “Me encantó poder ver el cráter, la cordillera volcánica y un atardecer increíble”, dice el ecuatoriano Danny Cifuentes. “El descenso en verdad es solo una parte de toda la aventura. Cuando logras llegar a la cima, la vista que se abre vale la pena por sí sola”, afirma Dmitry Polgot.

El Cerro Negro es el volcán más joven de Centroamérica

El turista decide si bajar sentado o de pie en la tabla. El descenso dura entre dos y cinco minutos, según la velocidad. “Todas las veces es la misma experiencia de emoción. Me gusta porque se respira un aire de libertad y se está en contacto con la naturaleza”, asegura Rafael López, quien ha realizado este deporte extremo sentado, de pie e incluso sin tabla, caminando y corriendo.

Según la operadora Vapues Tours esta actividad es única a nivel mundial. “Es por esta razón que el Cerro Negro es uno de los sitios más populares y visitados del país. Además del crecimiento turístico que ha tenido Nicaragua en los últimos años, este tipo de deportes extremos sin duda ha incrementado la cantidad de visitas”, dice una de sus agentes. Realizar sandboarding en el Cerro Negro cuesta entre 20 y 35 dólares por persona, según la operadora que preste el servicio. La Cooperativa de Turismo Rural Las Pilas-El Hoyo, que lleva un conteo de los visitantes, registra al menos 13.000 turistas anuales, de los cuales el 90% hace sandboarding.