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Muchas historias y poco juego en la Copa América

El torneo cierra su primera fase lastrada por las cuestiones extradeportivas y por el escaso rendimiento en el campo de sus protagonistas

DeShorn Brown se hace un selfie con Messi.
DeShorn Brown se hace un selfie con Messi. REUTERS

El próximo lunes, en Santiago de Chile, se jugará la primera semifinal de la Copa América. El cruce podría ser una repetición del Chile-Bolivia, de nuevo en el Estadio Nacional, escenario de todos los encuentros de La Roja en un calendario hecho a su medida que le ha evitado cualquier desplazamiento (a diferencia de todos sus rivales). El partido terminó 5-0 y su reedición constituiría un bocado muy poco apetitoso para las semifinales de un torneo que cuenta con varios de los mejores futbolistas del planeta, incluso ausente Luis Suárez, pero que presenta hasta ahora un balance bastante pobre en cuanto al juego y al rendimiento de sus protagonistas.

Aunque los grupos han presentado una notable igualdad, se ha hablado más de indisciplinas varias que de fútbol en un campeonato cuyo mejor partido hasta la fecha probablemente sea el Argentina-Paraguay de la primera jornada, con permiso del Brasil-Colombia, cuyo epílogo dejó al evento sin la chispa de Neymar Jr.

A la espera de los 'cracks'

Las estrellas no han aparecido aún: además del pésimo campeonato de Radamel Falcao o el comportamiento de Neymar, puede destacarse el bajón de James Rodríguez, la poca puntería de Edinson Cavani o Paolo Guerrero, cierta imprecisión de Alexis Sánchez e incluso los cambios de humor de Messi. Entre lo mejor, junto al luminoso inicio del crack brasileño o algunas jugadas de la Pulga, está el liderazgo de Godín en Uruguay, la dirección de Néstor Ortigoza en Paraguay, el funcionamiento colectivo de Chile contra Bolivia (recuperación progresiva de Valdivia incluida), la actuación de Miranda, destellos de Javier Pastore, el gol de Agüero y el lateral derecho peruano, Luis Advíncula, como símbolo de la velocidad e intensidad peruanas. Los perdedores de la primera fase fueron la selección ecuatoriana de Gustavo Quinteros y Venezuela, frenada en seco por la expulsión de Fernando Amorebieta.

El once ideal de esta etapa, según la organización, queda conformado por el portero Claudio Bravo (Chile); los defensas Gary Medel (Chile), José María Giménez (Uruguay) y Thiago Silva (Brasil); los centrocampistas Arturo Vidal (Chile), Carlos Sánchez (Colombia), Carlos Lobatón (Perú) y Charles Aránguiz (Chile); y los delanteros Lionel Messi (Argentina), Lucas Barrios (Paraguay) y Sergio Agüero (Argentina).

El crack del Barcelona entregó la única actuación memorable de esta primera fase y era el elegido para devolver (o al menos intentarlo) la gloria perdida al pais do futebol, pero descendió a los infiernos durante cinco minutos en los que agredió físicamente al árbitro chileno Enrique Osses. Su expulsión del torneo sucedió tras la milagrosa curación del abatimiento producido por el accidente de Arturo Vidal con varias copas encima, que tuvo a todo Chile 48 horas preguntándose (otra vez más) si sus futbolistas se merecen tanta consideración y, sobre todo, si tenía sentido sacrificar una medida ejemplarizante en el altar de la victoria futbolística que el país andino ansía desde hace un siglo.

La exhibición contra una débil Bolivia (ya clasificada) y la euforia posterior parecieron dar la razón a los partidarios de privilegiar los objetivos deportivos, más optimistas que nunca ante el pobre papel de Colombia, el rendimiento irregular de Argentina y las dudas de un Brasil en plena reconstrucción. Su enemigo de cuartos, Uruguay, es la selección más laureada del campeonato: el miércoles será una noche decisiva para el fútbol chileno. Los dos grandes favoritos sobre el papel, albicelestes y cafeteros, disputarán unos cuartos de final fascinantes el viernes en Viña del Mar. Brasil-Paraguay y Perú-Bolivia completan el cuadro.

Pese a la tangana de Neymar, Bacca y compañía, los incidentes y la dureza son similares a otras ediciones, al menos en el registro de tarjetas: 82 amarillas (79 en 2011) y 4 rojas (5). Se han marcado hasta el momento 40 goles en el torneo (37 en 2007, 49 en 2007). Chile, de quien preocupaba la falta de puntería días antes del comienzo, ha marcado el 25%. El máximo goleador es precisamente su rey Arturo Vidal (3). El futbolista que más veces ha rematado, Leo Messi.

Desidia y fatiga

Su selección ha experimentado un síndrome parecido en los tres partidos, bajo marcadores y circunstancias diferentes: tras imponerse durante una hora se ha visto acorralada por equipos inferiores. El caso más sorprendente fue Paraguay, que remontó un 0-2 con amenaza de goleada. Aunque Gerardo Martino alega el cansancio de sus jugadores, hay un rastro de desidia y descontrol no explicable por cuestiones físicas. La fatiga mental acecha a futbolistas con más de 50 partidos en la temporada y cuyo grado de compromiso con el campeonato es variable.

Un tema de conversación entre la prensa acreditada es la elección de los países invitados: la débil selección B presentada por México y el voluntarioso equipo jamaicano depararon algunos encuentros de escasísima calidad. La Conmebol, cuyo silencio en la competición está alcanzando límites surrealistas, tendrá bastantes ocupaciones cuando el balón deje de rodar y la corrupción masiva descubierta en la entidad que rige el fútbol sudamericano vuelva a la primera plana de la actualidad.

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