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FÚTBOL EN LA HABANA

El Madrid y el Barça seducen a Cuba

La ‘futbolmanía’ avanza junto al proceso reformista que va abriendo a la isla

Dos taxistas en La Habana con escudos de Barça y Madrid.
Dos taxistas en La Habana con escudos de Barça y Madrid.

Yosvani Fuentes tiene 16 años, es cubano y supo que Benítez ficharía por el Real Madrid dos días antes de que se hiciera oficial.

"Me lo ha dicho un amigo que tiene Internet en casa", contaba el lunes 1 de junio delante del estadio Pedro Marrero. El rumor que su amigo captó en la red se confirmaría el miércoles, el mismo día en que un conductor de rickshaw esperaba por clientes a la entrada del Floridita, el bar de Hemingway, mientras caía sobre la capital de Cuba un chaparrón tropical. El conductor, a su vez, especulaba con otras posibles contrataciones del Madrid. Había escuchado que para el centro del campo querían al francés Pogba, aunque él prefiere a Arturo Vidal, chileno. "Arturito es una bestia", dijo. "Hasta es guapo. Es guapísimo Arturito".

Reinier González dice que le llamaban loco cuando en 1995 empezó a narrar fútbol en la radio cubana

Lo que hacía Yosvani Fuentes mientras hablaba de Benítez era esperar a que abriese la taquilla para comprar una entrada para el partido Cuba-Cosmos de Nueva York. Por allí también pasó uno de los ídolos del deporte cubano, Javier Sotomayor. Fue a recoger unos boletos. Se bajó del coche con su plástica elegancia de recordman mundial de salto de altura; sus gafas Ray-Ban, sus zapatillas deportivas de cuero. “Yo le voy al Real Madrid”, dijo. En Cuba hablar de fútbol consiste, en primer lugar, en decir si eres madridista o barcelonista. Él es socio de la peña madridista de La Habana, el número 245 en honor a la marca que estableció en 1993 y que aún no se ha podido igualar: 2,45 metros de altura.

Reinier González es el narrador deportivo más famoso de Cuba. En el vestíbulo del Instituto Cubano de Radio y Televisión, se sienta en un viejo sillón y recuerda que cuando en 1995 puso en marcha el primer programa de radio sobre fútbol le llamaron loco. Tres años después tenía otro programa sólo de fútbol en la televisión y alrededor del 2000 había empezado a narrar en diferido partidos de ligas europeas. En 2013 el gobierno compró los derechos de retransmisión de la Bundesliga. En 2014 los de la Liga española. Hoy la televisión cubana pasa cada fin de semana, en directo, dos partidos alemanes y dos españoles, casi siempre Barça y Madrid. “Los cubanos, exagerados por carácter para casi todo, se volvieron más forofos que los españoles”, opina un antiguo corresponsal mexicano en Cuba, Gerardo Arreola.

Un hombre con una camiseta de Messi sube al coche en La Habana.
Un hombre con una camiseta de Messi sube al coche en La Habana.

El fútbol se ha acercado en relevancia al deporte nacional, el béisbol. “Entre los jóvenes ya es el número uno”, dice Reinier. El parteaguas del fenómeno podría situarse en 2010 por dos hechos ajenos entre sí: el gol de Iniesta y el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba. El congreso lanzó el proceso de reformas que ha empezado a conectar a la isla con el exterior, entre otras cosas facilitando los viajes al extranjero y permitiendo la tenencia de ordenadores y móviles. La victoria de España en la Copa del Mundo añadió una dosis de orgullo de familia a la adicción galopante de los cubanos al fútbol. Para el Mundial de 2014, el balón se había convertido en un bien colectivo: todos los partidos se transmitieron por la televisión y los más trascendentales se proyectaban en los cines.

En un lateral del hotel Meliá Cohíba hay una tienda estatal de deportes en la que Alián Ávila trabaja de dependiente. En las paredes ha pegado dos pósters de Cristiano Ronaldo. Cuando se entera de que el periodista lleva un día sin Internet se apresura a darle la última hora: “Dicen que el Madrid ha hecho una oferta de 42 millones de euros por Marco Verratti”. Cuba tiene una destreza especial para el aforismo irónico. Hay uno que resume el arrobo por el balompié extranjero: En Cuba el deporte nacional es el fútbol internacional. Las palabras de Alián Ávila lo muestran: “A mí me gusta mucho el fútbol, pero no voy a ver un partido de la liga cubana. Al cubanito le gusta el fútbol de nivel”.

Hoy el fútbol supone un icono posideológico en un país de símbolos políticos

La liga cubana tiene diez equipos y dura de enero a junio, hasta antes de los ciclones. Esta temporada el campeón ha sido el Camagüey. La selección ocupa el puesto 107 de la clasificación de la FIFA, por debajo de Bahréin y encima de Sudán. Su mayor éxito histórico fue la participación en el Mundial de Francia de 1938. Perdió contra Suecia después de eliminar a Rumanía. Su logro más reciente es la medalla de bronce que ganó la sub 21 en los Juegos Centroamericanos de 2014. La selección absoluta jugará el miércoles contra Curazao (150.000 habitantes; puesto 144 en la lista FIFA por debajo de Myanmar y encima de Malta) un partido de la fase eliminatoria para el Mundial de 2018. El martes 2 de junio jugó el de preparación, contra el Cosmos, en el estadio Pedro Marrero, inaugurado en 1930 como Gran Stadium Cerveza Tropical y rebautizado tras la Revolución con el nombre de un joven que murió en 1953 en el asalto al cuartel Moncada dirigido por Fidel Castro, aunque Yosvany Fuentes se invente que Pedro Marrero fue un jugador de béisbol tan bueno como para recibir ese honor: “Fue un pelotero que en sus años de deportista se destacó demasiado”.

El partido tuvo interés simbólico. Después del anuncio del deshielo entre Cuba y Estados Unidos, el Cosmos era el primer club yanqui que pisaba la isla. Llovió fuerte y la cubierta del estadio era una coladera, pero miles de cubanos llenaron las gradas entusiasmados. La afrocubana Lázara Macurán no se lo perdió. A sus 52 años le salía una sonrisa cuando pensaba en lo que más le gustaría conocer de Estados Unidos: “El parque de Disneyland, ¡ay sí!”. El mulato musulmán Jacob Masanet asistió de chilaba blanca, con su hija de dos años cargada en un brazo y una trompeta de fabricación casera en la mano. “En el Barça están los mejores jugadores, como Messi, como Luisito. Yo siempre he ido por el Barça”, dijo Masanet, de origen catalán remoto. El encuentro terminó 1-4 a favor del Cosmos. No sería honesto decir que fue un buen partido. Tampoco lo sería decir que no valió el precio de la entrada: un peso, tres centavos de dólar por ver una representación deportiva del final de la Guerra Fría en América Latina.

El fútbol supone un icono posideológico en un país de ubicua simbología política. Los murales revolucionarios coexisten con furtivas pintadas futboleras. En una pared una frase del héroe nacional José Martí: Este es tiempo virtuoso y hay que fundirse en él; en otra CR7, Bwin, las siglas comerciales de Cristiano Ronaldo y el nombre de una casa de apuestas que patrocinó al Madrid. En una un escueto Messi 10 y en otra el lema Estudio, Trabajo, Fusil. En Cuba el balón rueda junto a la historia, y como es redondo parece que avanza más rápido.

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