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La dulce rutina de Djokovic

Hegemónico, el serbio derriba a Murray (7-6, 4-6 y 6-0) tras un duelo muy físico, logra su quinta corona en el Masters de Miami y su tercer título del año tras Australia e Indian Wells

Djokovic posa con el trofeo en la ceremonia final. Ampliar foto
Djokovic posa con el trofeo en la ceremonia final.

El tiempo que le duró el combustible a Andy Murray, asfixiado por el calor (30º) que azotaba Cayo Vizcaíno y por la inercia ganadora de Novak Djokovic, número uno imponente y hegemónico del circuito. Eso es en lo que se tradujo, en esencia, la final del Masters de Miami. Como ya lo hiciera hace tres semanas en Indian Wells y a principios de año en el Abierto de Australia, el serbio se mostró implacable y elevó su quinta corona en Cayo Vizcaíno tras otra demostración de fuerza y jerarquía (7-6, 4-6 y 6-0) que corrobora su estatus y alimenta un palmarés fabuloso: 51 títulos –ocho grandes– y 22 torneos de la categoría Masters 1.000, los mismos que Ivan Lendl, a punto de dar caza a Roger Federer (23) y cada vez más cerca de Rafael Nadal (27).

Llegar, jugar y vencer, esa dulce rutina de Nole que rige hoy día la ATP. Con 28 años y padre desde el pasado mes de octubre, el serbio gobierna ahora desde la madurez, desde ese pico de consistencia que ha alcanzado su juego y aplaca toda resistencia. También la de Murray, ofuscado porque en enero no pudo con él en Melbourne y recientemente también inclinó la rodilla en las semifinales de Indian Wells. Ya son, según recoge la estadística, 26 duelos entre ambos, con un balance de 18 triunfos para Djokovic y ocho para el británico. Esta vez, Murray se diluyó cuando había conseguido lo más difícil, equilibrar la balanza y sembrar algunas dudas en la impermeable mente del número uno.

Ninguno estuvo fino en un primer set envuelto por la tensión. En un registro inusual, Nole se fue hasta los 20 errores no forzados (50 al final del duelo), cedió dos breaks y Murray jugó mejor, pero aún así fue capaz de sacar adelante el parcial en el tie break. A diferencia de otras épocas, en las que se dejaba arrastrar con relativa facilidad, ahora revierte la situación e impone su tenis, menos pomposo quizá, pero más sólido. El paso del tiempo, esa madurez de la que ahora hace gala, le ha proporcionado la capacidad de interpretar mejor los momentos, aunque en ocasiones la sangre balcánica que fluye por ese cuerpo elástico enciende la llama y recupera su versión más genuina.

Si en Palm Springs destrozó una raqueta y en la tercera ronda de Miami volvió a romper su herramienta, ante Alexandr Dolgopolov, esta vez recibió un warning del juez por vociferar de malos modos hacia la grada, cuando esta le afeó con silbidos un gesto de frustración, cuando Murray se reponía e igualaba el marcador. El escocés, sin embargo, desconectó por completo y se derritió. Se dejó ir el nuevo número tres —desbanca este lunes a Nadal— de tal modo que la última manga se convirtió en un desfile militar de su rival, que se apuntó el set en blanco e iguala al español en la cifra de semanas (141) al frente de la ATP. Un nuevo golpe sobre la mesa de Nole antes del desembarco en la arcilla y París. Su reto pendiente.

VÍDEO: Los mejores momentos de la final entre Djokovic y Murray.

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